
Investigadores del King’s College London acaban de publicar los resultados de un ensayo clínico que revela nuevos beneficios del jugo de arándano sobre la memoria y los niveles de estrés, según el estudio difundido en la revista Clinical Nutrition este año.
El ensayo siguió durante 12 semanas a 72 estudiantes universitarios sanos de entre 20 y 26 años. La mitad tomó cada mañana 236 mililitros (unas 8 onzas) de jugo de arándano con 442 miligramos de polifenoles diarios —de los cuales 303 mg eran proantocianidinas—; la otra mitad recibió una bebida placebo idéntica en color y sabor, pero sin esos compuestos.
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Ni los participantes ni el equipo de investigación sabían quién tomaba qué, un diseño que los científicos consideran uno de los más rigurosos disponibles.

Los resultados en los cuestionarios de ánimo, estrés, ansiedad y depresión no arrojaron diferencias entre los dos grupos. Pero los análisis de saliva, sangre y orina sí mostraron cambios.
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Los estudiantes que tomaron la bebida de arándano redujeron sus niveles de cortisol salival diurno de forma significativa (p = 0,010), una hormona que el organismo libera ante el estrés y que también regula la inmunidad y el metabolismo.
Además, ese mismo grupo obtuvo mejores puntajes en dos pruebas de memoria: a corto plazo (p = 0,024) y memoria fonológica a corto plazo (p = 0,014), que mide la capacidad de retener y procesar lo que se escucha.
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Los análisis de sangre y orina ayudaron a conectar esos efectos con los compuestos de la bebida. En el grupo del arándano, los niveles de polifenoles totales y de ácido hipúrico —un metabolito que el cuerpo produce al procesar estos compuestos— subieron de manera perceptible, y a mayor concentración de esas sustancias, menor fue el cortisol registrado.
Eso apunta a que los polifenoles se absorben y podrían participar en cómo el organismo regula la respuesta al estrés, aunque el estudio solo puede establecer una asociación, no una relación de causa y efecto.
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El mecanismo detrás de estos hallazgos involucra a las antocianinas, los flavonoides que le dan al arándano su color rojo intenso. Según el Cranberry Institute (CI), que difundió los resultados del ensayo, estas tienen efectos antiinflamatorios y se ha comprobado que atraviesan la barrera hematoencefálica, lo que podría contribuir a la protección de las neuronas.
El CI también señala que las antocianinas del arándano se encuentran entre las más biodisponibles del grupo de los frutos del bosque.

Este experimento no es el primer estudio en señalar este tipo de beneficios. Un ensayo aleatorizado de 2022 evaluó el efecto de una suplementación diaria de arándano —equivalente a una pequeña taza de fruta— en 60 adultos mayores sanos durante el mismo período de 12 semanas. Ese trabajo encontró mejoras en la memoria episódica —la habilidad de formar, almacenar y recuperar experiencias— y detectó cambios en la perfusión de regiones cerebrales como la corteza entorrinal derecha y el núcleo caudado.
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El interés científico en este campo va más allá de los estudios ya publicados. La Universidad de Florida tiene registrado en ClinicalTrials.gov un ensayo en curso llamado CRAN-MULTI (NCT07453537), que evalúa si 70 días de consumo de jugo de arándano mejoran el rendimiento cognitivo y reducen el estrés fisiológico durante tareas de multitarea en adultos de 30 a 55 años.
El protocolo también incorpora análisis del microbioma intestinal para determinar si los cambios en la microbiota explican parte de los efectos cognitivos a través del eje intestino-cerebro.
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Los propios autores de la investigación señalan varias limitaciones. Los participantes eran jóvenes y partían de niveles bajos de estrés y ansiedad, lo que deja poco margen para detectar mejoras en esas variables. El grupo era además mayoritariamente femenino y de origen asiático, por lo que los resultados no necesariamente se aplican a otras poblaciones.
Los efectos sobre el cortisol y la memoria surgieron de análisis exploratorios secundarios —no del objetivo principal del ensayo—, y con una muestra de 72 personas, la posibilidad de que algún resultado positivo sea producto del azar no puede descartarse.
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Los estudiantes del estudio partían de una ingesta habitual de polifenoles un 50% inferior al promedio del Reino Unido, lo que indica que tenían más margen para beneficiarse de un aporte adicional que alguien que ya consume una dieta variada y rica en frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y té.
El ensayo contó con financiamiento del CI mediante una beca no condicionada; la institución no tuvo participación en el diseño, el análisis ni la interpretación de los resultados.
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Qué más sabe la ciencia sobre el arándano
Los beneficios documentados del arándano van bastante más allá del cerebro. La evidencia más consolidada apunta a su efecto sobre las infecciones urinarias: un metaanálisis publicado en PubMed analizó 20 ensayos clínicos con 3.091 participantes encontró que el jugo de arándano se asoció con una tasa de infecciones urinarias un 54% menor frente a ningún tratamiento, y un 27% menor frente a placebo.
Además, su consumo redujo el uso de antibióticos en un 49% respecto al placebo. Los investigadores atribuyen este efecto a las proantocianidinas tipo A, compuestos que dificultan la adhesión de la bacteria Escherichia coli a las paredes del tracto urinario, según una revisión publicada en Frontiers in Nutrition por la Universidad de Ciencias de la Salud de Teherán.

La ciencia también ha explorado su impacto en el metabolismo y la salud cardiovascular. Un metaanálisis publicado en PMC (PubMed Central) revisó ensayos controlados aleatorizados encontró que el consumo de arándano redujo de forma significativa la relación colesterol total/HDL —un marcador de riesgo cardiovascular— y la resistencia a la insulina medida por el índice HOMA-IR.
A esto se suma un estudio publicado en la revista npj Biofilms and Microbiomes de Nature, liderado por la Universidad de Laval (Canadá), que demostró que los extractos de arándano modificaron el microbioma intestinal en apenas cuatro días, con un aumento de bacterias del género Bifidobacterium —asociadas a menor riesgo de diabetes y enfermedades cardiometabólicas— y de Akkermansia muciniphila, una especie que refuerza la barrera intestinal y reduce la inflamación.
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