
La aparición de Antonela Roccuzzo como figura central en la portada de Harper’s Bazaar México significa un punto de inflexión en su carrera dentro del mundo de la moda. En la sesión de la prestigiosa revista, la argentina dejó en claro por qué se consolidó como una de las personalidades más observadas y admiradas del ámbito fashionista.
Cada look seleccionado para la producción, la esposa de Lionel Messi mostró las tendencias internacionales y también la evolución de su propio estilo y su capacidad para adaptarse a distintos códigos estéticos sin perder identidad.
Para la portada principal, Antonela fue fotografiada sumergida en una elegante pileta, llevando un body negro de Bottega Veneta. Este diseño, de líneas puras y silueta ajustada, fue acompañado por joyas de Tiffany & Co., una de las casas más reconocidas de la alta joyería y con la que ella mantuvo una relación cercana como embajadora.
La elección del body negro, lejos de resultar minimalista, destacó por la forma en que el estilismo potenció el contraste entre la sencillez de la prenda y el brillo sofisticado de los accesorios. Los collares y brazaletes de Tiffany, especialmente de la colección HardWear, añadieron un toque contemporáneo y urbano a la imagen, logrando un equilibrio entre elegancia y modernidad.

La producción incluyó una segunda portada en la que Antonela lució un vestido corto color visón de Magda Butrym. El modelo se distinguió por su escote estructurado y los drapeados que recorrían todo el talle, aportando volumen y una silueta escultórica.
Los complementos, nuevamente de Tiffany, acompañaron el conjunto sin recargarlo, permitiendo que el vestido fuera el verdadero protagonista. En esta imagen se evidenció la atención al detalle y la selección precisa de cada elemento del look, desde la textura del tejido hasta la combinación con las joyas.
Vestidos y accesorios: diversidad y sofisticación en cada imagen

La sesión fotográfica permitió observar una variedad de estilos y propuestas que confirmaron la versatilidad de Antonela para encarnar diferentes facetas de la moda. Uno de los atuendos destacados fue un vestido amarillo drapeado de cuello halter y falda midi de Carolina Herrera.
Este diseño aportó una dosis de sofisticación clásica, con líneas limpias y un aire atemporal. La elección de Carolina Herrera, símbolo de elegancia internacional, reforzó la imagen de Antonela como referente de la moda global.
En contraste, un vestido negro, escotado y ceñido de Zeynep Arçay sumó un matiz audaz y moderno a la producción. Este modelo, de corte ajustado y líneas marcadas, permitió que la argentina mostrara una faceta más atrevida, alineada con las tendencias actuales de la moda internacional.
La combinación de texturas y el uso de accesorios estratégicos, como los brazaletes y los aretes de Tiffany, aportaron sofisticación sin perder frescura.

Entre las postales más comentadas de la producción se destacó la elección de un vestido amarillo, strapless y drapeado, también de Magda Butrym. Esta prenda, con su color vibrante y su confección detallada, generó un contraste visual con el entorno relajado, logrando un efecto de espontaneidad y glamour al mismo tiempo.
La elección de un tono llamativo y un diseño estructurado demostró la capacidad de Antonela para jugar con la moda y adaptarla a distintas situaciones.

En otra de las imágenes más impactantes, Antonela lució un vestido color vino de Alaïa, caracterizado por su espalda completamente abierta. Este conjunto se completó con un collar de eslabones plateados de Tiffany & Co., que descansó sobre la piel desnuda y aportó un toque de brillo y exclusividad a la composición.
La selección de Alaïa, firma reconocida por su diseño vanguardista y sus líneas arquitectónicas, cerró la producción con una nota de sofisticación y sensualidad.
El equipo detrás del glamour y los detalles del estilismo

El resultado final de la producción fue posible gracias al trabajo coordinado de un equipo de especialistas que acompañó a Antonela en cada paso. El peinado, realizado por Dafne Evangelista, consistió en llevar el cabello suelto, con raya al costado y un sutil movimiento en las puntas, aportando naturalidad y elegancia a las imágenes.
El maquillaje, a cargo de Carolina Banegas, se basó en cejas definidas, sombras marrones, máscara de pestañas, rubor y un labial nude, logrando un aspecto fresco y sofisticado. El estilismo integral fue supervisado por Juliana Jucá, quien seleccionó cada prenda y accesorio con precisión, garantizando coherencia y armonía en todas las fotografías.
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