
Carolina de Mónaco siempre se destacó por romper paradigmas, un cuestión si se quiere fuera de lo común cuando se trata de vivir dentro de la realeza. Desde dar una entrevista descalza en su cocina hasta anotarse en la universidad, la princesa siempre siguió sus instintos.
Del mismo modo se desenvolvió muy bien durante toda su vida con la moda. Sus trajes finos y elegantes, se destacaron y dieron que hablar en el mundo entero. Carolina de Mónaco, hija de el príncipe Raniero III de Mónaco y la bellísima cantante estadounidense Grace Kelly, fue sin dudas una de las figuras destacadas del siglo XX.
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Y no únicamente por su título nobiliario y la exitosa carrera de su madre, sino por su estilo y encanto. Tan bella como libre, tan elegante como natural, se transformó en “la princesa rebelde”, pero también en la mujer con la que los hombres soñaban estar.

Uno de estos momentos icónicos fue su primera boda 1978, con Philippe Junot, quien no pertenecía a la aristocracia y era considerado un verdadero playboy de la época o, como otros lo llamaban, el “emperador de la noche”.
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A pesar de contar con la firme oposición de sus padres, la princesa se casó con tan solo 21 años y revolucionó el mundo de la moda con una celebración a puro glamour. A decir verdad la Casa Real de Mónaco, ha celebrado algunas de las bodas más célebres; sus princesas han marcado tendencias en los distintos estilos nupciales.
Pero el vestido de Carolina lo superó todos. Hoy, sigue siendo parte de lo sueños de muchas novias. Este diseño clásico y romántico de Dior revolucionó la era y marcó un antes y después, ya que se volvió una inspiración para las novias de los últimos años.
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Su diseñador, Marc Bohan, se convirtió en un gran amigo para la princesa. La amistad se hizo tan fuerte que Carolina, rebelde, dejó de vestirse en Dior cuando el modista fue reemplazado por el italiano Gianfranco Ferré. “Ella fue emblemática de mi estilo, un estilo que llamaba la atención pero que nunca era agresivo”, declaró él.

En línea con la estética de los años 70 de aquel entonces el diseñador apostó por un tejido bordado, una silueta A para el vestido, unas mangas amplias de campana y un lazo que marcaba su cintura.
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La joven princesa dio el sí en el Palacio de Montecarlo y deslumbró con este diseño de dos piezas y ante 800 personas. La parte superior del vestido es transparente, revelando un slip de tiras finas que lleva debajo. Se trata de un vestido bohemio pero a la vez sencillo que logró pausar las miradas de las decenas de celebridades que formaron parte de la ceremonia. Sus flores bordadas, su cuello redondo y caída ligera, resaltaron la elegancia y fineza de la pieza.
Sin embargo, el vestido no deslumbró por sí solo: lo que más se destacó del estilismo fue el tocado floral que portaba el velo de la novia, una joya artesanal que fue complementado a la perfección con su largo velo de tul.
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El vestido que marcó una era
Este vestido sigue siendo uno de los más aclamados y destacados en el mundo fashonista. El uso de encaje, flores y tocados se reversiona hoy en una era en donde lo vintage es trendy y fabuloso. Tanto es así que la propia Charlotte Casiraghi, hija de la princesa, inspiró su vestido de bodas en el de su madre en el año 2019.
Desde el peinado, la elección de bordado y la simpleza hasta el tul y la estética romántica muestra que Charlotte se inspiró en aquel primer vestido de novia que su madre usó. Dicho vestido, que presenta un escote Bardot con una delicada capa de tul en la parte superior bordada, fue creado por la diseñadora Giambattista Valli para la novia. Al igual que su madre, Charlotte lució un maquillaje ligero y joyas simples, poniendo el foco en el deslumbrante y tradicional vestido.
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Esta versión renovada del icónico vestido muestra cómo esta pieza majestuosa es tomada 45 años después como inspiración para jóvenes novias que buscan lucir simples y elegantes en uno de los días más importantes de sus vidas.

El uso de bordados y tules junto a nuevas tendencias con escotes más pronunciados y volados crean piezas como las que lució la hija de Carolina de Mónaco; el pasado se re versiona y nuevos estilos sofisticados emergen.
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Carolina de Mónaco, un ícono de la moda
La princesa Carolina Louisa Margarita Grimaldi nació para ser un icono de la moda. Filántropa y experta amazona, supo llevar ese glamour heredado de los aires hollywoodienses de sus padres y no tardó en convertirse en un referente.
En sus años adolescentes formó parte de los nuevos aires de la realeza, tal y como hizo su madre antes que ella. Heredera de la elegancia de Grace, supo lucir vestidos de noche en los eventos de la alta sociedad del principado. Siempre lo hizo con su impronta, con accesorios inesperados y joyas llamativas. Entre los vestidos que usó aparecen las firmas de Dior, Karl Lagerfeld, Garavani y Valentino.
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El contraste siempre fue parte de su personalidad. Llegado el verano, pasaba su tiempo libre entre básicos como el jean y las bandanas. Carolina de Mónaco se casó tres veces: primero con Philippe Junot; después, con Stefano Casiraghi, deportista y aristócrata italiano; y por último con Ernst August, príncipe de Hannover, en 1999.
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