“Hice un montón de películas lindas, independientes, artísticas. Pero nunca había hecho un tanque”, dice Rafa Ferro a días del estreno de El robo del siglo, consciente de la expectativa que hay sobre el primer gran estreno de cine argentino del año.

“Es un robo medio robinhoodesco”, plantea en referencia al motivo por el que la banda que llevó a cabo el atraco al Banco Río, en el que se basa el filme de Ariel Winograd, logró cierta empatía de la sociedad. ”Están robándole al capitalismo, al malo ponele. Se supone que el banco les devolvió la plata a todos los que les robaron. Veníamos del 2001 y la gente se quedó con la sensación de que los bancos nos robaban a nosotros”, sostiene el actor.

—En la vida real, ¿alguna vez robaste algo?

—Alguna cosita sí. Pavadas. Cuando sos chico te probás, si entrás, robás un libro, un cassete, esas pavadas, no más que eso. Algo en el mercado.

—¿Te agarraron alguna vez?

—Sí, me agarraron. Estaba viviendo en Alemania, me acuerdo, y nos agarraron robando una ropa. Esa cosa, viaje, pendejo. Era inconsciente.

—¿Edad tuya en ese momento?

—Tendría 16, 17 años. Con un amigo. Entrar, chombita, que te ponés chombita arriba de la chombita y…

—No es joda que te agarren en Alemania robando.

—No, no, pero en esa época no era todo tan… Ahora por ahí te deportan inmediatamente. Ahí nos tiraron de la oreja, “Sacate la chomba o pagamela”, y chau. Estamos hablando de hace 30 años atrás. También me agarraron con armas en el aeropuerto en Estados Unidos.

—¿Por qué con armas?

—Porque estábamos haciendo una obra de teatro que tenía armas y como unos boludos…

—¿Eran réplicas?

—Eran réplicas totales, de plástico. Pero imaginate si pasa hoy. Esto era 1990 y pico, antes de las Torres (Gemelas), antes de todo. Imaginate si te agarran hoy. Las llevaba en la mochila, pasando como si nada, dos armas adentro de la mochila, que eran de plástico, pero inmediatamente aparecieron policías por todos lados. Hoy directamente creo que te tiran. Fue de boludos.

—¿Pudieron viajar?

—Sí, pudimos viajar. Nos sacaron las armas, pero fue una hora explicando: “Te juro que estoy haciendo una obra de teatro”.

—Me imagino que también ayudo cuando vieron que eran de juguete.

—Sí, pero igual les chupó un huevo porque ellos dicen: “Vos podés arriba del avión empezar a amenazar a todo el mundo, al piloto: ‘Aterrizame en Siria’”. Hoy, estás en el horno.

Rafael Ferro y su hijo, Toto
Rafael Ferro y su hijo, Toto

—¿Toto te ha dado de esos dolores de cabeza?

—Toto no tanto, no tanto... Ahora los medios levantan todo muy rápido, ¿viste? Antes las cosas pasaban desapercibidas, no se enteraba nadie. No salía ni en una nota de diario. Ahora te mandás cualquier cosita y todo pierde dimensión. O toma una dimensión descontrolada.

—Pero Toto fue un hijo que, más allá de llevarse alguna materia en el colegio, no desaparecía de tu casa días, ni volvía…

—Era muy callejero, eso sí. Pero no, siempre en un nivel controlado: volvía bien. La verdad que no me dio problemas.

—¿Te gusta verlo grande?

—Me encanta. No puedo creer: todavía es muy sorpresivo todo lo que le pasó y tan rápido. Él no sabe lo que es remar toda la vida: así, de la nada, El ángel, El marginal; ahora se está por ir a México.

—¿Acepta consejos del papá actor?

—No, no hablamos mucho. Se la juega solo el tipo, sí (risas).

—¿Vos diste dolores de cabeza de chiquito?

—Sí, di muchos dolores de cabeza. Yo era bardero.

—Con los años, ¿les pediste disculpas a tus padres?

—Bueno, por empezar, no terminé el colegio. O sea que sí, era muy bardero. Me parece que no les terminé de pedir las disculpas... Lo que pasa es que también, ¿cuántas disculpas podés pedir? Porque uno (como padre) es culpable también, ¿no? Si Toto me bardea mal, o cualquiera de mis hijos, un poco me tengo que asumir: “Qué cagada me mandé”. No es que ellos solos nacen con un gen que no es tuyo. Uno se tiene que hacer un poco responsable.

—Hace un tiempo dijiste que podrías dejar la actuación. ¿Es así?

—Sí, digo cada pavada también. Quiero decir, si tuviera la parte económica (resulta), tengo que pagar los colegios ¿no?

—Claro, cuatro hijos.

—Justamente. Estaba terminando de hacer una miniserie, que también hacía de malo, entonces le mando una foto a Toto con un revólver, y me dice: “Uff, ¿otra vez de malo?”, le digo: “Bueno, los malos pagan los colegios”. ¿Qué querés que te diga? Es así. Me dice: “Tenés que hacer un cortometraje, un libro que se llame Los malos pagan los colegios”. Creo que podría dejar tranquilamente si tuviera la parte económica. ¿Vos no dejarías de laburar si tuvieras… un campito, una casa en el mar?

—También es cierto que quienes trabajamos en lo que nos gusta, somos unos afortunados.

—A mí me fascina y es un laburo muy afortunado, como decís vos. Es apasionante. Lo que me venía pesando es que vas a ver que el año que viene, empezando por El robo del siglo, hago tres cosas, cuatro, y en todas soy malo. Estoy harto de ser malo. Y fajando gente. Más en este contexto.

—¿Pero no es el que mejor la pasa el malo en las películas?

—Eso sí, pero cuando ya hiciste muchos...

—Arrancás con El robo del siglo. Después, ¿qué viene?

—Una miniserie de Telefe, en la que también soy un malísimo horrible. Después hice una película independiente, que también soy un malo espantoso que rapta a una adolescente. Y una que es solo para Netflix Argentina, que soy un fiscal medio trucho también. O sea, siempre en el antipático. Bueno, decí que justamente acá no son antipáticos los chicos.

—Dijiste: “Tuve un pasado rockero, mi filosofía fue que, para desechar o descartar cosas, tenés que probar”. ¿Fueron más las que desechaste o las que te quedaste?

—No, no, tuve que desechar muchas porque si no los muchachos... Otra vez: hay que pagar los colegios. Tengo siempre la filosofía de vivir, viajar, la noche. Me gustó la noche, salir, probar límites.

—¿Nada se volvió un problema?

—Sí, claro, todo se vuelve un problema en algún momento. Sí, tuve varios problemas. Porque de golpe: “Ah, a ver un poquito más, un poquito más, un poquito más...”. Y sí, en un momento se vuelven un problema. Por suerte pude salir, mucho tiene que ver que empezás a tener familia. Pero sí, todo se va volviendo un problema. Uno pasó, hay gente que no pasó; uno pasó. Y tengo amigos que se han quedado en el camino. Y ahora tratando de madurar, finalmente, ser padre.

—¿Hoy los excesos pasan por los libros?

—Los libros y una gran deuda, enorme, que tengo. Tengo amigos escritores y es no poder... Lo genial sería si toda esa experiencia se llevara…

—Ahí están las ganas, ¿no?

—Muchísimas. No sé si no tengo el talento…

—¿Y el ejercicio está? ¿Te sentás a escribir?

—No, no, ese es el tema. Pero estaría bueno eso. Cada vez que gente que me conoce me escucha anécdotas, me dice: “Uy, esto lo tenemos que hacer”. De hecho, la primera, la de padre soltero con cuatro nenes, de tres gestiones, que parece una película de la KGB, más o menos, cuando me cambian un horario: “Sí, pará que le aviso, te corto”. “Che, vos 15 minutos después, ¿podés?”. Es como una cosa… Sí, está la deuda de ponerlo ahí.

—¿Cómo está la soltería? ¿La estás disfrutando o estás con ganas de armar algo?

—Es un tema álgido, está difícil el tema. El tema hombre - mujer. Como creo que hasta ahora me he portado muy bien, me dan más ganas todavía de seguir con relaciones sanas. Lo viví bien, lo curtí bastante este año porque estuvimos de gira con el teatro. Así que disfruté: hombre soltero, viajando. Ahora estoy empezando ahí como a armar una especie de… sí, sí.

—Alguien te interesó.

—Sí, alguien, como que podría ser una relación seria, ponele.

—En este rato soltero, ¿usaste redes sociales, aplicaciones?

—Como un boludo usé.

—¿Por qué como un boludo?

—No Tinder, ponele, pero sí Instagram, viajando. Porque no tengo nada que ocultar, soy un hombre soltero, eso sí, ya sé, pero viste que ahora ya pasa que de golpe es difícil porque vos no sabés a dónde vas a llegar tampoco... Y yo soy un lanzado, me escriben, me dicen: “Che, estás en Salta, dale, vamos a comer”, y yo voy a comer. Pero después no sabés. “Vamos a tu cuarto, dale, vamos a tu cuarto”. “Sí, todo bien”, le digo, ¿y después?

—¿Te metiste en líos?

—No, por suerte, podría haber pasado, ahora me doy cuenta que, no sé.

—Medio inconsciente.

—O sea, no es que pelé el látigo, nada de eso. Pero me metí en lugares con gente que no conocía y que por ahí te sacan una foto o algo. No sé, está todo raro.

—Aparecía el video de Rafa Ferro de cara al estreno…

—Claro, bueno, por ahí suma, no sé (risas). ¿Sirve? No, no sirve. Puede ser, ojo, no se sabe dónde suma.

—Acaba de cambiar el Gobierno. ¿Te esperanza algo de lo que viene en la Argentina?

—Mira, nunca soy tan inocente como muchos compañeros que son más K. Nosotros siempre tenemos que laburar. Esté quien esté, tenemos que laburar. La nueva modalidad es tener tres laburos para tratar de llegar a fin. Estos cuatro años fueron tremendos, más que nunca en ese sentido. La plata no alcanzaba, vos ganabas más pero no alcanzaba. A mí me esperanza mucho, pero obviamente enseguida ves las nuevas medidas y decís: “Ah, bueno, igual va a ser durísimo”. O sea, está todo duro, y no echándole la culpa solo a los cuatro años, esto viene de un arrastre más largo. Hay algo educacional que venimos arrastrando hace mucho.

—Es muy profundo.

—Muy profundo. Y nadie puede venir a solucionarlo tan rápidamente. Me siento muchísimo más cercano a este Gobierno, a Alberto (Fernández), me vinculo, me gusta lo que dice, me gusta él y todo el grupo que tiene alrededor, ni hablar, me pego mucho más que lo otro, pero es difícil, es muy difícil. Igual vamos a tener que seguir laburando…

—Te va a seguir tocando hacer de malo.

—Bueno, me va a tocar seguir haciendo de malo antes, después, venga quien venga. Ya había arreglado un viaje afuera y el viaje afuera, tarjeta de crédito, durísimo todo. Pero sí, me esperanza muchísimo y me pone muy contento igual. Sí, re contra.

—Espero que la próxima vez que hablemos estés escribiendo el libro.

—Ya en la próxima, estarás hablando con el escritor.

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