Apenas llegó a la redacción de Infobae, todos se dieron vuelta para mirarla. Imposible que Paula Peralta pase inadvertida con su 1,79 de altura (a los que habría que sumar el taco de las botas que llevaba esa tarde) y una actitud arrolladora, aquella que luce sobre las pasarelas y los escenarios. Porque esta modelo nacida en José Marmol, en el sur del Gran Buenos Aires, es una de las coristas de Luis Miguel.

Ahora bien, ¿cómo llegó ahí? ¿Qué pasó en su vida antes de secundar al Sol de México? Y sobre todo, ¿qué sucedió desde entonces? Más dilemas: cómo es Luis Miguel detrás de escena, de qué manera hay que tratarlo, cuál es su grado de exigencia… Preguntas cuyas respuestas Paula irá revelando una a una en esta entrevista con Teleshow. Aquella que concedió desde la cima de sus botas. Pero con los pies en la tierra.

—¿Cómo llegaste a ser corista de Luis Miguel?

—Estaba en un recital, fui a verlo como público: no soy fanática, sí me gustan sus canciones. Y le pegué sin querer a una persona que no le tenía que pegar, que era el seguridad de su representante de ese momento. Me pide mi ticket y me lo cambia. "¿Fila 3?", le digo, sorprendida: "¿Cómo me estás cambiando por fila 3, si recién me querías sacar del show?". Me mira: "No, no, no, esperá. Fila 1". ¡Me lo cambiaron por fila 1! Y el tipo sigue: "Bueno, no sé si sabés que Luis Miguel está buscando una corista, y me dijeron que vos cantás". "Sí, estudié canto un tiempo, pero no estoy acorde a las circunstancias, no puedo reemplazar a una vocalista de Luis Miguel", le digo yo. Bueno, se ve que era lo que querían: a los tres días debuté en el Orfeo de Córdoba.

—¿Cómo fue tu primer encuentro con Luis Miguel?

—En el escenario. Cuando empezó el show, sale "el señor", le hago así con la cabeza (hace un gesto) y me hace: "Hola, hola". Y empezó el show.

—¿Qué fue lo primero que pensaste en momento?

—Cuando lo vi, dije: "Esto es re bizarro". Porque la historia es bizarra. Yo la cuento y no me la creen".

—¿Tuviste algún encuentro personal con Luis Miguel?

—Bueno, sí me agradeció mucho. Me dijo: "Tenés mucho coraje, te lo agradezco mucho". "No, para mí es un placer", le dije. Fue lo único. En Tucumán. Mi contacto es solo laboral.

—¿Por qué resaltás que solo es un contacto laboral? ¿Es difícil el contacto personal?

—Hablo de temas laborales por una decisión propia. Decido que mi relación con él sea esa porque quiero perdurar en el tiempo, laboralmente.

—¿Luis Miguel es reservado?

—Sí. Si querés entrar a su mundo, te deseo suerte. "¡Hola! ¡Besitos!".  (Ríe, con ironía).

—¿Por qué? ¿Cómo es?

—Es una persona un poco difícil en ciertos aspectos. Él es una estrella. Y todos conocemos cómo son las estrellas.

—Es una estrella, okey. ¿Pero también es un hombre normal?

—Es un hombre normal, pero también tiene sus destellos, como toda estrella. Es Luis Miguel. Es el número 1. Me animo a confirmar que es el Frank Sinatra de los boleros.

—¿Alguna vez te quiso seducir?

—… (Risas).

—¿Te quiso seducir, sí o no?

—… (Más risas).

—¿Qué fue lo que más te sorprendió del mundo de Luis Miguel?

—El profesionalismo. La cantidad de gente que se mueve con él: a la hora de trabajar, somos 80 personas que vuelan y viajan con él.

—¿Cree que ese grado de perfeccionamiento lo heredó de su padre, Luis Rey?

—Cien por ciento. Es súper exigente.

—¿Por ejemplo?

—No puede haber un clavo fuera de lugar. Él lo ve. Si yo ese día me peiné diferente: "¿Por qué se peinó distinto?", dice.

—Si tuvieras que hacer un manual sobre cómo relacionarse con Luis Miguel y no morir en el intento, ¿cuáles serían las reglas?

—Yo tengo mi propia escuela: siempre sonreír, tratar de ser clara, directa y concisa, ni una palabra de más ni una palabra de menos. Y mirarlo a los ojos, siempre.

—¿Qué opinás de la serie de Luis Miguel?

—Que lo humanizó. Mostró a una persona que sufrió mucho. Me sorprendió el trato del padre hacia él, pero prefiero no involucrarme con ese tema.

—Si tuvieras la posibilidad de hablar con él, ¿qué le dirías?

—No sé. No lo pensé.

—¿Cómo continúa tu agenda de trabajo?

—En septiembre tenemos gira por los Estados Unidos durante 25 días. Regreso 10 días a Buenos Aires y luego me instalo en México hasta fin de año.

—¿Qué cosas no tienen que faltar en la valija de una corista de Luis Miguel?

—Tengo que llevar mi pase para poder entrar a todos lados. Mis audífonos para el show, porque estamos todos conectados a través de un pack y escuchamos todo lo que está pasando atrás, y también podemos responder. Después, mi cola de caballo, maquillajes y los vestidos, obviamente.

—¿Conocer a Luis Miguel fue lo mejor que te pasó?

—Sí. Definitivamente me cambió la vida.

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