Diego y Omar Romay: “Billy Elliot es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos”

Su apellido quiere decir televisión, porque son hijos de Alejandro Romay, el Zar, el histórico dueño de Canal 9. Herederos de una tradición de productores, por estas horas sienten el cosquilleo del inminente estreno de Billy Elliot, el musical, este 27 de mayo en el teatro Opera

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Hermanos ROMAY
Diego y Omar en la puerta del Opera, a días del estreno (Foto: Jaime Olivos)

No cualquiera...

Cuando “salir a jugar” quería decir exactamente eso, salir a jugar a la pelota (en la vereda) o a la escondida con los amigos del barrio (“¡piedra libre para todos los compa!!!!“) y no sentarse fente a la compu para ”jugar a la Play“... En esos días no cualquiera podía darse el gusto de, con tan solo 17 años, encontrarse produciendo un programa de la tele muy pero muy visto, Musica en Libertad, o conocer de primera mano el back de la polémica y bizarra visita de Los American Beetles, en 1964, que además de sobrarles una E y faltarles una A, lo que más les faltaba, claro, era Paul, John, George y Ringo, más allá de sus morochos flequillos...

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Todo eso le pasó a Omar Romay desde muy chico.

O corretear, por ejemplo, entre los auténticos decorados de Darío Vittori o las mesitas tipo bar de Grandes Valores del Tango...

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Eso también le pasó a Diego Romay desde muy chico.

Claro, así cualquiera: porque Omar y Diego son de la dinastía Romay, hijos de Alejandro, el Zar, para cualquiera que tenga más de 40, sinónimo automático de Canal 9, el canal de la palomita, que es como decir José de Zer (“¡Seguime, Chango!“”), Raúl Rossi, “¡Y feliz domingo para todossssssssssss!“, en fin, horas y horas de TV, teta nutritiva de más de una generación de cuando la tele era blanco y negro y, al apagarla, quedábamos colgados de ese sugestivo puntito luminoso que seguía titilando en la pantalla.

Todo eso es ayer. Hoy, ahora mismo, Diego y Omar están reunidos con Teleshow (“¡Nuestra primera nota juntos, eh!”, vende con estusiasmo el encuentro Diego), y es que Omar vive en Miami y está recién llegado para el inminante estreno... Lo que están por estrenar los hermanos —este 27 de mayo— es Billy Elliot, el Musical en el teatro Opera.

Seguramente, todo el mundo recuerda la película; incluso los que no la vieron saben de qué va: estrenada en el año 2000, cuenta la historia de Billy, un niño de clase obrera de 11 años, que crece en el proletario condado de Durham, Inglaterra. Hacia 1984/85 descubrirá su pasión por el ballet justo en los críticos días de Margaret Thatcher, cuando un profundo ajuste estatal dispara conflictos sociales... Entre ellos, la famosa huelga minera, el principal sustento económico de la región, que deja sin trabajo tanto a su padre, Jackie, como a su hermano mayor, Tony, ambos mineros. Con este trasfondo social, el nudo conflictivo del filme se plantea cuando Jackie descubre que Billy, a quien mandó a practicar boxeo “como los hombres”, en realidad se enamora del ballet, luego de ver una clase accidental en su gimansio. Billy lo sabe, lo siente, está seguro: la danza es su vocación.Y abrazará ese sueño más allá de la oposición familiar y de los prejuicios sociales. Fin. Aplausos, lágrimas, saquen los pañuelos...

—Imposible hablar de Billy Elliot, entonces, sin remontarnos a la peli. ¿Cuándo recuerdan haber visto la peli?

Diego: —Hará diez años atrás la habré visto. Y recién después vi el musical.

Omar: —Yo la película no la vi, vi la obra en Madrid, cuando estrenamos -en coproducción- en nuestro teatro, el Alcalá, hace cuatro años atrás. Pero fue Diego el que se enamoró de la pieza antes que yo, y empezó a explorar la posibilidad de traerla a Buenos Aires.

Diego: —Y ahí Omar me dijo: “¿Por qué no la hacemos juntos? Yo te ayudo, te acompaño”.

Omar: —Totalmente, pero me acuerdo como si fuera hoy, la hora cero habrá sido casi dos años atrás en el Círculo Italiano, ahí, en Libertad al 1200, un restaurant al que mi papá iba mucho. En Madrid duró... ¿cuánto, tres, cuatro años...?

Diego: —... tres temporadas.

Omar: —Fue un éxito enorme. Estamos hablando... no sé, unas quinientas mil personas habrán pasado.

—Y acá están a punto de estrenar la versión argenta, el proximo miércoles 27 de mayo, o sea, días de ensayo general...

Omar: —Sí, pero en el caso de Billy..., como hay tres elencos, se tienen que pasar tres ensayos generales...

—¿Cómo es eso de los tres elencos? Desarrollenlo un poco...

Omar: —Un tema de minoridad.

Diego: —Minoridad te obliga a que ningún chico menor de dieciocho años puede hacer determinadas cantidades de funciones semanales. Pensá que en total tenés ochenta y cuatro personas en escena.

—Repasemos, entonces, el proceso desde el casting inicial hasta esta realidad del estreno...

Diego: —Bueno, Teleshow tuvo la oportunidad de ver todo desde el casting inicial que se hizo en la Fundación Julio Bocca. Primero tuvimos las audiciones, que fueron hace un año y medio atrás. Ahí fueron quedando seleccionados los chicos candidatos para Billy... De ahí pasamos a ensayar durante un mes y medio en un estudio cerrado, que buscamos uno estudio que replique las medidas del escenario, porque requería un espacio grande, que, ¿sabés dónde fue?

Hermanos ROMAY
Los productores con uno de los "Billys" (por cuestiones legales hay tres elencos rotativos), en un alto en el ensayo general en el Opera (Foto: Jaime Olivos)

—¿Dónde?

Diego: —¡En Canal 9, justo! Y de ahí ya saltamos a los ensayos finales acá, en el Opera.

—¿Cómo está la venta previa? ¿Expectativas...?

Diego: —Supercaliente, lo notamos en llamadas a la boletería y, sobre todo, en redes. Mirá, te muestro -y muestra-. “¿Cuándo agregan funciones? ¿Cuándo agregan funciones?” -le preguntan varios posteos.

Omar: —Eso es, aclaremoslé a la gente, porque la obra va a estar hasta el 2 de agosto: sólo ocho semanas.

—¿¡Solo ocho!? ¿Por? ¿No es una inversión muy grosa para presentarla sólo ocho semanas?

Diego: —Por el teatro; el Opera, después del 2 de agosto, ya tenía programado otros shows. Pero sí que hay dos o tres semanas de agosto que por ahí seguimos... Billy Elliot es una obra auténticamente familiar; muchos pueden verla como una infantil, pero no: acá se interpela tanto a los chicos como a los mayores. Y tiene ese gran mensaje de que, más allá de las dificultades sociales que te ha tocado atravesar, con determinación, y creyendo en vos mismo, los sueños se pueden hacer realidad.

Omar: —Incluso fijate que incluye el tema de la grieta mucho antes de lo que se hablaba acá...

—¿Te referís al hecho de que la historia sucede en Inglaterra a mediados de los ‘80, plena época de la Thatcher, cuando la famosa crisis de los mineros?

Omar: —Claro, esa grieta se internacionalizó. Acá la vivimos muy de cerca, pero la obra la encara frontal, en el sentido de la importancia de la unidad del obrero para proteger sus derechos y sus luchas. Y por el otro lado, la libertad que Billy representa, que es la individualidad, los deseos personales de superación. Y esa discusión que existe en la obra entre qué hay que privilegiar: si el avance del sindicato o el progreso individual...

—Bueno, una cosa no quita la otra, pero sí está muy presente ese conclicto, es cierto, y salir de un teatro y poder hablar de esas cosas con los pibes siemprre está bueno, ¿no?

Omar: —Absolutamente. Para mí, es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos, ya vas a ver...

El canal de la palomita...

—Ya veremos, entonces. Ahora sí, los llevo un poco hacia atrás, o bien para atrás mejor: ¿dónde comienzan, para cada uno, sus primeros recuerdos en relación a “mi papá es el dueño de Canal 9″?

Omar: —El Nueve nace en el ’63, yo tenía siete años. Y me acuerdo que una mañana de domingo papá nos llamó a los tres más grandes al dormitorio y nos dijo que se iba a meter en un proyecto muy grande, que le iba a llevar veinticuatro horas-siete en la cabeza. Y si estábamos de acuerdo, si lo apoyábamos, ¿qué pensábamos de eso?

—Bueno, si pienso en tanta tarea hecha con Bonanza de fondo (¡ese mapa quemándose en los títulos!), en tantos Feliz Domingo con Marconi primero y Soldán después, los aplausos para Darío Vittori cuando abria esa puerta en su living de vodevil, y así podría seguir, digo está claro que en aquella reunión familiar le dieron su okey a papá Romay...

Alejandro Romay
Un clásico del 9: programas en favor de alguna entidad de bien público (Gentileza, archivo personal Omar Romay)

Omar: —Hasta ahí la radio había sido una experiencia familiar y la televisión ya no lo iba a ser. Cuando en el ’58 papá accede a Radio Libertad, la radio era un espacio donde íbamos a visitarlo, participaba toda la familia. El estaba en una cabina de locutores trabajando o podía estar en la oficina y nosotros íbamos a verlo. En cambio después viene la televisión y él ya sabía que le iba a chupar la cabeza. A partir de ahí vivimos otra experiencia. Ahí mi recuerdo más grande tiene que ver con los programas ómnibus, sábado y domingo, que eran de ocho horas de duración. Papá los dirigía desde una cabina en el segundo piso, que tenía una gran vidrio sobre el estudio principal...

—¿Qué programas eran?

Omar: —Y, ahí arranca Sábados Continuados, originalmente con Antonio Carrizo y después con Emilio Ariño. Los domingos también estaba Domingos de la ciudad...

—¡Cómo! ¿No era Feliz domingo?

Omar: —¡Noooooo! Domingos de la ciudad es anterior. Pero el recuerdo más intenso no es con Sabados continuados sino con Sabados de la bondad, con Héctor Coire. Ibamos a ese lugar en el segundo piso. Mamá llevaba comida o cocinaba (había una pequeña cocinita) y comíamos mientras veíamos el programa desde arriba. Había muchos invitados, de pronto venía Pelé desde Brasil, por ejemplo; o Cantinflas, Mario Moreno, desde México, o Mina desde Italia, y yo aprovechaba para pedirles una foto, claro...

Esta, con el Rey Pelé, Omar la lleva como recuerdo en su celular (archivo personal Omar Romay)
Esta, con el Rey Pelé, Omar la lleva como recuerdo en su celular (archivo personal Omar Romay)
Mina, la gran diva de la canción italiana, durante su visita a Canal 9; junto a ella,  Omar Romay y su hermana Mirta (archivo Hnos. Romay)
Mina, la gran diva de la canción italiana, durante su visita a Canal 9; junto a ella, Omar Romay y su hermana Mirta (archivo Hnos. Romay)

—¿Estamos hablando de qué año... 1963, ‘64?

Omar: —Un poquito más: ‘65-’66...

—O sea, pasaron a vivir en el canal, entre comillas...

Omar: —Total. Y pasamos a ser parte de un mundo de artistas, qué sé yo... —Se queda pensando—. Mirtha empieza con sus almuerzos... En realidad, la anécdota es que ella viene a competir por una institución de bien público -pasaba mucho eso- y hacía tiempo que no hacía cine. Sube al segundo piso y estaba muy hermosa con un sombrero, me acuerdo. Y papá le dice: “¿Por qué no te venís en la semana y hablamos?“, y ahí se inicia el primer contacto que la lleva a firmar con papá por los almuerzos.

Histórico: Mirtha Legrand, firmando contrato con Canal 9, entre Romay (izquierda) y Samuel Yankelevich
Histórico: Mirtha Legrand, firmando contrato con Canal 9, entre Romay (izquierda) y Samuel Yankelevich

—En cambio a vos, Diego, te agarra más pequeño...

Diego: —Claro, con ocho... no, nueve años.

—¿Y tenés imágenes vivas todavía?

Diego: —¡Muuuuuuuuuy! Y así como Omar lo toma a mi viejo en el viaje de ida en el canal, yo lo tomo en el viaje de vuelta. Era la época en la que estaba volviendo la democracia... a mí me agarra con doce, trece años. En esa época era muy divertido ir a jugar entre los decorados de las novelas...

—¿Hablamos del histórico pasaje Gelly, no?

Diego: —¡Gelly tres tres siete ocho, claro! Ahí arranca mi historia en el canal. Ya un poquito más de preadolescente me acerqué a un director muy legendario de esa época, Raúl Caserta, y jugábamos mucho con su hijo también. Era el placer de salir del colegio —aparte yo iba medio día— y a la tarde mandarme para el canal a divertirme.

Retrato familiar: Viviana, Diego y Omar, junto a sus padres, Lita y Alejandro Romay (acá falta Mirta, la segunda después de Omar)
Retrato familiar: Viviana, Diego y Omar, junto a sus padres, Lita y Alejandro Romay (acá falta Mirta, la segunda después de Omar)

—Por cierto, leí por ahí que ya en la secundaria, participaste con tu escuela en Feliz Domingo y gracias a que tenías algunos contactos... en fin, perdían pero seguían. ¿Verdadero o falso?

Diego: (Risas) Cierto. Yo iba al colegio Dorrego, que ya no existe más. Llegó quinto año y obviamente nos anotamos, a ver si ganábamos el vviaje a Bariloche! Pero perdimos.

—Momento, ¿etapa Marconi o Silvio Soldán?

Diego: —No, no, Silvio Soldán...

Omar: —Con Jorgito Rossi...

Diego: —... claro. Pasó que perdimos en primera ronda.

—¡Pará, pará, Diego!, diría Fantino. Pensá que fuimos toda una generación tratando de combatir la culpa porque en lugar de estar estudiando para el otro día Historia (¡con la Menotti en mi caso, muy brava, la Menotti!) o Física (¡con el Toto Epstein!, sigue recordando el cronista), en lugar de eso nos colgábamos con Feliz Domingo hasta que tarde o temprano mi viejo me preguntaba “¿no tenés nada que estudiar, vos?" Así que despacio, Diego...

Diego:(Risas) No, y nada... lo confieso: si bien perdimos, se hicieron algunas gestiones sobre la marcha y logramos llegar al repechaje...

—¿Y... cómo les fue?

Diego: —Ni así, perdimos igual (más risas).

Fin.

Fotos: Jaime Olivos

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