Entre las miles de historias que dejó el paso de Bad Bunny por el estadio Monumental, hubo una que condensó fanatismo, insistencia y azar en tiempo real. No fue la de una celebridad ni la de una figura invitada. Fue la de Emily Fly, influencer y fan declarada del artista, que pasó de llorar en la platea Sívori Media a bailar a menos de un metro del puertorriqueño en La Casita.
Su storytime, publicado en su cuenta de TikTok horas después del segundo show, se volvió viral. No solo por el acceso al espacio más codiciado de la gira Debí Tirar Más Fotos World Tour, sino por el nivel de detalle con el que reconstruyó cada segundo de la experiencia. “Estaba llorando, diciendo ‘me la veo negra’”, contó. Minutos antes del inicio del recital, ya había asumido que no sería una de las elegidas. Estaba en platea. Y, según había observado en la noche anterior, la selección se hacía en campo. “No elegían gente de platea”, remarcó.
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Lo que siguió parece escrito para una escena de película. Cuando el show ya estaba por comenzar, recibió un mensaje directo. “19:41 me mandaron un mensaje y me pusieron: ‘¿Dónde estás?’”. El remitente era parte del staff del artista. Según relató, le pidieron que prendiera el flash para ubicarla y que enviara una foto de su outfit para confirmar identidad. La respuesta física fue inmediata: “Empecé a temblar. Se me pusieron los músculos helados”. Lo que vino después fue una carrera contra el protocolo. Emily explicó que tuvo que cruzar de sector para llegar hasta donde la esperaba el reclutador del equipo. “Era ilegal. Vos no podías pasar”, dijo sobre el salto entre plateas. Incluso hubo un cruce con uno de las personas de seguridad cuando intentaron frenarla. “‘No puede pasar’, decían. Y el chico del equipo respondía: ‘Nosotros somos la producción. ¿A quién vas a llamar?’”.
Una vez dentro, la influencer describió el primer shock: el teléfono. “Me pusieron el celular en una bolsa con un imán. No podía usarlo”. Por eso no hubo videos desde su cuenta mientras estaba allí. La Casita, explicó, es literalmente una casa montada como un escenario secundario: sillones, living, una puerta que da al sector visible del público y una pequeña barra. “Es una casa bien latina”. También contó que había bebidas disponibles y una pantalla interna para ver el show desde esa perspectiva privilegiada. El clima, según dijo, era de fiesta íntima.
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Cuando en las pantallas comenzó el segmento que antecede al traslado del artista hacia esa estructura, Emily entendió que el momento estaba por llegar. “Yo dije: ‘Me voy a morir’”. Describió el instante en que tuvo frente a ella a su artista favorito con una precisión casi quirúrgica: “Lo tenía ahí a un metro. Le veía la transpiración, los tatuajes”. La emoción la dejó rígida. “Hay videos míos en la casita en donde estoy tiesa”, reconoció. Aseguró que hubo miradas, sonrisas y pequeños gestos de complicidad: “Me sonríó mirándome a los ojos”. En medio del fanatismo, incluso ironizó con su propia situación sentimental: “¿Qué hago? Yo tengo novio. No me podés mirar así”.
La sorpresa no terminó con Bad Bunny. En su relato mencionó haber visto a Mora antes de su participación en el escenario principal, y también relató un cruce inesperado con Guillermo Novellis, líder de La Mosca. “Era todo random”, resumió. Pero uno de los momentos más comentados fue cuando, al buscar su celular antes de retirarse, se encontró cara a cara con Gabriela Berlingeri, pareja del artista, en el living interno. “Me acerco y me miró”, contó, antes de una declaración sin filtros: “Te amo”. Según su versión, la novia del artista le respondió con naturalidad y hasta elogió su outfit. La noche cerró con una frase que se repite entre los fans que lograron entrar: “Fue la mejor noche de mi vida”.
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La Casita no es solo un escenario secundario. Es una réplica de una vivienda tradicional puertorriqueña que simboliza las raíces del artista y funciona como un espacio íntimo dentro de los estadios del tour, donde entran decenas de miles de personas. Allí Bad Bunny invita a figuras locales, amigos, influencers y algunos fans seleccionados por su equipo. La dinámica cambia en cada ciudad.
En Buenos Aires, el desfile fue explosivo y terminó de consolidar a La Casita como uno de los grandes atractivos paralelos del show. A lo largo de las tres noches en River, el espacio reunió a figuras de distintos universos y funcionó como punto de cruce entre generaciones y estilos.
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En la primera fecha, el viernes, los nombres fuertes fueron Tini Stoessel, María Becerra y Bizarrap, que aparecieron durante “Tití me preguntó” y encendieron las pantallas gigantes del Monumental. También dijeron presente La Joaqui y J Rei, ampliando el abanico urbano del sector VIP más observado del estadio.
El sábado la dinámica volvió a cambiar. Los invitados fueron Guillermo Novellis, líder de La Mosca, y Callejero Fino, aportando un cruce inesperado entre la música popular histórica y la nueva escena. Pero el gran momento de esa noche llegó cuando Duki se sumó primero desde el espacio íntimo y luego subió al escenario principal junto a Cazzu y Khea para interpretar “Loca - Remix”, uno de los himnos fundacionales del trap argentino. Ese reencuentro generó uno de los picos de euforia del fin de semana.
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El domingo, en el cierre definitivo, el foco mediático se trasladó con fuerza hacia el espectáculo y el pop. Wanda Nara, Lali Espósito y Nicki Nicole protagonizaron el segmento más viral de la tercera noche, bailando y cantando en primera fila del segundo escenario. A ellas se sumaron Luck Ra, Tiago PZK y Yami Safdie, completando un combo explosivo.
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