
La periodista Susana Roccasalvo eligió el décimo aniversario de la muerte de su marido, Charly Hlawaczek, para compartir en sus redes sociales una imagen inédita y un mensaje cargado de emoción. La postal, difundida en su cuenta de Instagram, muestra a la pareja abrazada, ambos con lentes de sol y una expresión serena, en lo que parece un instante cotidiano de su vida juntos. El texto que acompaña la publicación resume la intensidad y la permanencia del dolor: “Hoy 10 años... Siempre estás presente en todos mis momentos. No tengo más palabras porque el dolor es mucho más fuerte”.
El aniversario de la partida de Hlawaczek se transforma así en un punto de encuentro entre el pasado y el presente de Roccasalvo, quien, lejos de ocultar su sufrimiento, lo vuelve público en un acto de memoria y de amor. Su mensaje se convierte en testimonio de una herida persistente y de un vínculo que resiste la ausencia.
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La relación entre Susana y Charly comenzó con cierta reticencia y varios enredos, pero pronto se convertiría en una experiencia vital transformadora para ambos. El primer encuentro fue resultado de la insistencia de un amigo en común que convenció a Hlawaczek, médico anestesiólogo de reconocida trayectoria, de buscar en Google a la periodista. La respuesta de él fue tan espontánea como despojada de expectativas: “¿No es la que trabajaba con un gordito?”, relató Roccasalvo evocando la referencia a su colega Carlos Monti.
La cita inicial no resultó particularmente memorable para ella, quien admitió: “Confieso que me pareció un tanto grande para mí. Me llevaba 12 años”. Aun así, aceptó la salida bajo la promesa de que sería “al menos una”. El vínculo, sin embargo, fue creciendo entre mensajes, viajes y llamadas, hasta que al mes siguiente de conocerse, retomaron el contacto tras un viaje del médico a Ibiza para visitar a su hijo.
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El inicio de la relación estuvo marcado por la cautela y el humor, con Roccasalvo haciéndose esperar y Hlawaczek reconociendo que esa espera fue lo que realmente lo enamoró de ella. “¡¿Con qué necesidad?!”, solía reprocharle él. “Porque no me cerrabas”, respondía Roccasalvo en medio de un juego de complicidades que se volvería distintivo entre ellos.
Tras tres años de noviazgo, la pareja decidió formalizar la unión. Charly le propuso casamiento a Roccasalvo una noche fría y lluviosa, en la intimidad de su departamento. “En el momento en que apoyé la bandeja con los cafés en la mesa, me dijo: ‘Voy a hacerte una pregunta, pero tenés que responderla ya mismo’. Entonces soltó: ‘¿Querés casarte conmigo? La condición es que sea este mismo año’. Y en dos meses y medio, nos casamos”, recordó la periodista. La boda tuvo lugar el 15 de noviembre de 2013, consolidando una etapa que ambos definieron como de disfrute pleno y libertad compartida.
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La vida en pareja se tejió sobre la base de la complicidad, la admiración mutua y el respeto por los tiempos y pasiones de cada uno. “La vida nos encontró en la misma sintonía. Él ya era abuelo y mi hija estaba yéndose de casa. O sea, se trataba de dos personas grandes, con sus carreras hechas y compartiendo una desmedida pasión por viajar”, describió Roccasalvo, quien destacó que el mayor valor de su vínculo residía en la libertad y la ausencia de culpa al disfrutar juntos.
La estabilidad y la alegría compartida se vieron interrumpidas abruptamente cuando, en diciembre de 2014, a Hlawaczek le diagnosticaron un cáncer en las células sanguíneas: leucemia. El pronóstico era irreversible, y el proceso que siguió fue tan doloroso como transformador para Roccasalvo.
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“Fue durísimo. Creo que una de las cosas más horrorosas que me pasaron en la vida porque fue una enfermedad que fue muy rápido su desarrollo y muy largo el padecimiento. Entonces, acompañar a un enfermo es una cosa y acompañar a un enfermo que es médico es otra cosa”, expresó. Su testimonio destaca las particularidades de acompañar a quien, por formación y experiencia, conoce los detalles del propio deterioro y los límites de la ciencia médica.
Roccasalvo relató la dificultad de convivir con la lucidez médica de su marido: “Charly se dedicaba al bloqueo de dolor y estaba familiarizado con la lectura de resonancias y tomografías, en su mayoría, de gente desahuciada. Entonces, ¿cómo se le niega o se le disimula a ese profesional que ya no hay más posibilidades para él?”. La periodista definió a su esposo como un bastión fundamental en su vida y admitió que el dolor de su partida la sobrepasó.
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El acompañamiento se extendió durante 13 internaciones en ocho meses, muchas de ellas de urgencia y en silencio, ya que la enfermedad se mantuvo en reserva hasta la última etapa. “Quería reaccionar, pero me costaba demasiado. Creeme que hay cosas que aún no recuerdo”, confesó Roccasalvo, quien encontró en su hija, su fe y sus amigos el sostén necesario para transitar aquella etapa.
El proceso de despedida fue, en sus palabras, gradual y anticipado. “Yo empecé mi duelo un año antes del fin, cuando Charly se adelantaba a cada instancia contándome qué pasaría con él. Entonces nos abrazábamos, llorábamos o me decía: ‘Vení Susi, vamos a organizar tal o cual tema para que todo quede claro legalmente’”. El 7 de enero de 2016, día en que Hlawaczek cumplía 70 años, la periodista enfrentó la pérdida definitiva.
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Entre las enseñanzas y pedidos que dejó el médico, hubo uno que Roccasalvo siempre recuerda como un mandato: “¡Volvé a enamorarte! Armá una familia”, escribió él en su lista de peticiones. La periodista reconoce que la experiencia la modificó para siempre, cambiando su forma de mirar la vida y la escala de prioridades: “Charly y sus circunstancias me hicieron ver que la vida son cinco minutos. Me dio otra perspectiva sobre todo. Aprendí a poner el acento en otras cuestiones de peso. Y eso me dio otra seguridad. Una gran seguridad”.
Luego de la despedida, Roccasalvo decidió vender el departamento que compartían y refugiarse en los viajes, una forma de sanar y de reencontrarse con proyectos y lugares que habían planeado juntos. “Recorrí esos lugares que habíamos planeado visitar juntos y me hizo bien. Me hizo muy bien tomar distancia de casa”, afirmó, evidenciando que el proceso de duelo es también una búsqueda de sentido y de nuevos comienzos, siempre con la memoria de su esposo como compañía constante.
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