Valentino Rossi no duda: cantar es su destino. Y en La Voz lo deja claro cada vez que pisa el escenario. Desde su primera audición, cuando logró que las sillas giraran casi al mismo tiempo, conquistó al jurado y al público: “Lo que viví ese día no me lo olvido más, fue realmente una locura. El éxtasis y la euforia que sentí cuando las cuatro sillas se dieron vuelta va a quedar grabado en mi cabeza y en mi corazón como uno de los momentos más felices de mi vida”.
Para él, cantar es mucho más que un pasatiempo o un poco de talento. Es algo innato. Sabe que nació para esto. “Siempre supe que esto era para mí. Desde muy chico, desde segundo grado, empecé a cantar y nunca paré. Siempre recibí muchos aplausos. Así fuera de mi familia, de profesoras de la primaria o padres de compañeros, siempre sentí ese acompañamiento”.
Es uno de los favoritos, pero no deja que eso se le suba a la cabeza. “Sé lo que valgo y no me tiro ni a menos ni a más. Tampoco me creo algo que no soy. Este programa me dio visibilidad, pero sigo siendo la misma persona”.
— ¿Cuándo te diste cuenta de que la música era un camino a seguir?
— A mí el escenario siempre me hizo sentir valioso. Creo que la música fue lo que más valioso me hizo sentir en mi vida. Para mí fue muy refugio la música. Esto creo que me sale bien.
— ¿Refugio de qué?
— Uno siempre quiere ser como los compañeros, como los pares. Y a mí no me pasaba eso. No me gustaba lo que le gustaba a mis compañeros. No me divertía. Me costaba integrarme. Y la música era algo que yo sentía que me salía bien, ¿viste? Y por ahí me pasaban una pelota de fútbol y no me salía bien. Entonces es una boludez, pero en la mente de un niño es tener algo a lo que aferrarse.

— ¿Te dolía o te preocupaba sentirte distinto?
— Hubo un tiempo en que me dolió. Intenté ser como los demás, pero después crecés y te das cuenta que no hay tiempo para ser alguien que no sos. Yo no soy muy grande, pero ya aprendí que hay que ser uno mismo y hacer lo que te gusta.
— ¿Sentís que la música fue también una forma de conectarte con tu familia y tu historia?
— Mi abuelo paterno tiene mucho que ver. Siempre había un disco de folclore en su auto y él tocaba la guitarra, aunque no era muy bueno, tenía un vozarrón impresionante. Los primeros recuerdos que tengo cantando probablemente sean con él. El apoyo en casa siempre estuvo, y eso te ayuda a sentirte valioso afuera también.
— ¿Cómo es mostrar tus canciones?
— Me da mucha vergüenza mostrarle cosas a mi familia. Mal. No sé por qué, pero me avergüenza un poco más que con mis amigos. Mostrar una canción es mostrar una parte muy íntima de uno, es como sentirse desnudo en alma.
— ¿Qué te inspira a la hora de componer?
— Suelo escribir cuando tengo sentimientos a flor de piel, ya sea dudas existenciales, desamor o incluso cosas que no le conté a nadie. A veces una estrofa queda meses guardada y después, de repente, surge todo junto. Es algo muy personal y muchas veces me sorprende lo que termina saliendo.
— ¿Alguna vez te imaginaste en La Voz Argentina?
— No, la verdad que no. Cuando entré en este programa y pasé la audición a ciegas, pensé que en la próxima instancia me iba sí o sí. Dije: “es imposible”. Había gente de todo el país, los mejores estaban ahí… uno piensa, ¿qué posibilidad tengo yo?
— ¿Te costó creer en vos mismo o era por la competencia?
— Es un poco las dos cosas, y también muchas inseguridades. Todos traemos inseguridades, sobre todo en este escenario que es enorme. Los nervios y la energía son incomparables con cualquier otro lugar en el que haya cantado. Tener a esas eminencias enfrente tuyo impone mucho.
— ¿Cómo vivís el reconocimiento del público desde que apareciste en el programa?
— Fue muy fuerte y todo pasó muy rápido. De la nada, hay gente que te pide fotos en la calle, te saluda, se emociona al verte. Mi familia vive el sueño conmigo, y recibimos los comentarios buenos y malos juntos. Todo cambió mucho este año para mí.
— ¿Te cuesta mantener los pies sobre la tierra con el aplauso y la popularidad?
— Siempre trato de recordar por qué empecé a cantar, lo que costó llegar hasta acá y lo que significa para mí. La música me hace feliz y quiero que nunca deje de ser mi refugio, más allá del reconocimiento.

— ¿Sentís que tenés una responsabilidad ahora con la gente que te sigue?
— Sí, lo siento como una responsabilidad. Quiero dar siempre lo mejor, que quienes me siguen se encuentren con alguien genuino. Si alguna vez mis canciones ayudan o acompañan a alguien, ya es suficiente para mí.
— ¿Qué significa para vos ser parte del Team Lali?
— Para mí es un orgullo. Poder representar a Lali en este programa tan grande es una responsabilidad y también una alegría. Me ayudó mucho a encontrar mi norte musical, saber qué le gusta a la gente de mí y hacia dónde quiero ir.
— Lo que me gusta de su team es que se ven muy unidos, ¿qué significan para vos?
— Es una relación muy fraternal. Compartimos muchos sueños, miedos, frustraciones y alegrías. Nos apoyamos cuando alguno se va y hay mucha afinidad y amistad. De verdad nos llevamos muy bien, nos hemos hecho muy amigos.
— ¿Cómo viven las eliminaciones dentro del equipo?
— Es difícil, siempre es un vacío cada vez que alguien se va, es como un duelo. Ver que cada vez somos menos es fuerte, pero sabemos que esto recién empieza y ojalá nos sigamos viendo mucho tiempo más. Son compañeros que quedan para toda la vida.
— ¿Se sienten más presión por representar a Lali o más respaldo?
— Queremos dejar bien alto a Lali y estar a la altura de lo que representa ella. Hay mucho amor y respeto, y tenemos claro que nuestro propósito es mostrar lo mejor de cada uno y disfrutarlo.
— ¿Cómo te ves a futuro?
— Yo me veo viviendo de esto. Me encantaría poder componer canciones que a la gente le lleguen, que alguien escuche algo mío y diga “me siento identificado con esto”. Hacer música y que la gente la haga suya sería un regalo hermoso. Si puedo vivir de esto sería la persona más feliz del mundo.
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