El sol iluminó el Campo Argentino de Polo con un fervor que solo un fenómeno como Luis Miguel puede desatar. Dos noches de diciembre, el 17 y 18, quedaron grabadas en el calendario como un capítulo más en la larga historia de amor entre el cantante y Argentina. Miles de almas vibraron al unísono, entregadas a la voz que ha sido el refugio de generaciones enteras y la banda sonora de innumerables vidas. En diálogo con Teleshow, la presidenta y creadora de su club de fans oficial “Tengo todo excepto a ti”, Jorgelina Guerreño, dejó en claro que el gran cariño por el artista quedó grabado en el corazón de todos.
Desde su primera visita en 1982, con 12 años, cuando aquel joven prodigio de sonrisa tímida y voz portentosa conquistó a un país entero, Luis Miguel logró mantener con Argentina una relación de mutua admiración. Su música, desde “La incondicional” hasta “Ahora te puedes marchar”, atravesó fronteras y épocas. Pero en ningún rincón del mundo encontró una pasión tan visceral como en esta tierra donde la música y las emociones siempre se viven al extremo.
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Mucho antes de que el artista pisara suelo argentino, las fanáticas ya se movilizaban como un ejército organizado. El club de fans oficial, creado el 9 de marzo 1990 y avalado por el propio artista, encarna esa devoción inquebrantable. “Arranqué desde muy pequeña, nunca imaginé que esta admiración iba a durar tantos años. No sé si me lo planteé como una necesidad, solo empecé a comunicarme con gente que sentía lo mismo”, confiesa Jorgelina, quien sigue al frente del club como una capitana incansable y que hace lo posible para que tanto ella como sus compañeras puedan hacerle llegar su cariño al artista.
“Soy la única que está desde su creación. Si bien es un club activo y con ingreso constante de admiradoras, hay chicas que están desde muy jóvenes y que lo han acompañado durante estos 34 años”, asegura a este medio. Además, dejó en claro que su amor por el su ídolo no conoce los límites geográficos, por lo que siempre están preparadas para apoyarlo como sea. “Vamos a todos los shows de acá y, en lo posible, del exterior. Para las personas que no tienen tickets tratamos de conseguirlos o comprarlos”, aseguró.
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"En lo personal, lo pude conocer desde 1994. Tuve varias reuniones con él a lo largo de los años y, en este último tiempo, pudimos disfrutar de saludos a las integrantes del ‘Tengo todo excepto a ti’, con mucha más gente. A esto hay que sumarle que realmente tiene gestos muy lindos con nuestro club, por ejemplo, de cantarnos la canción que lleva el nombre de nuestro club en los shows”, resaltó.
Las seguidoras no escatimaron en detalles para sorprender al ídolo. Una vez más, el agradecimiento por haber elegido Argentina como punto final del tour mundial no tuvo límites mientras los reflectores se iluminaban para dos nuevas citas con El Rey Sol. “Cualquier idea ocurrente que sea original para sorprenderlo siempre ha sido bienvenida y llevada a cabo. Por ejemplo, en este cierre de gira queríamos demostrarle el agradecimiento de que haya vuelto a nuestro país para este cierre de tour, se le realizó un zeppelin con un agradecimiento”, asegura Jorgelina, que también destaca la perseverancia como clave del club: “La fórmula es respeto al artista y su entorno, perseverancia y constancia. Eso hace que los sueños se hagan realidad”.
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El martes 17, desde el mediodía, Buenos Aires empezó a latir con un ritmo diferente. En la puerta del hotel donde se hospedaba el intérprete de “Hasta que me olvides”, los mariachis irrumpieron con sus trompetas y guitarras. El sol, testigo ineludible, caía con fuerza sobre las fanáticas que, con enormes sonrisas en sus rostros, coreaban cada nota. El aplauso fue espontáneo; la emoción, indescriptible. A las 17.30, la ciudad vibró con el movimiento de la caravana. Decenas de seguidoras abordaron el “Trencito de la Alegría”, pintando de celeste las calles rumbo al Campo Argentino de Polo. Agitando banderas y cantando a pleno pulmón, construyeron una postal que parecía salida de otro tiempo: una procesión de amor puro, donde cada canción era un juramento eterno.
El miércoles 18, último día de la gira, las emociones alcanzaron su clímax. A las 14.30, la explanada del hotel se transformó en una fiesta. Una banda homenaje interpretó los grandes éxitos de su ídolo mientras las fanáticas se abrazaban, reían y lloraban. La espera se volvió celebración, un tributo viviente al artista que tantas veces las hizo vibrar.
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La caravana volvió a recorrer las calles, en una repetición casi ritual que solo aumentó la mística. El “Trencito de la Alegría” volvió a ser el vehículo de la devoción, una metáfora rodante del amor incondicional entre el público argentino y su “Sol”. Y, como broche de oro, el Campo Argentino de Polo fue el escenario de una fiesta de dimensiones épicas. Cuando Luis Miguel apareció, impecable en su traje negro y camisa blanca, el público estalló en un rugido ensordecedor. No fue solo un concierto: fue un acto de comunión.
Cada canción, desde “Culpable o no” hasta “Por debajo de la mesa”, fue coreada como si el tiempo se detuviera. Las luces, los globos celestes y las lágrimas formaron un espectáculo tan conmovedor como el que ocurría sobre el escenario. “Siempre la idea es disfrutarlo al máximo y brindarle el cariño más puro y sincero”, explica Jorgelina, quien junto a las integrantes del club logró que cada instante fuera especial.
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Las seguidoras se hicieron notar en cada rincón. No solo inundaron el estadio, sino que también marcaron su presencia en los restaurantes que el cantante visitó junto a su pareja, Paloma Cuevas. La prensa, siempre atenta al fervor argentino, se hizo eco de cada gesto, destacando una vez más que la relación entre el público local y el artista es única. En ese sentido, la presidenta del club de fans explica: “Tenemos un apoyo muy grande de los medios y de figuras súper importantes. Además de darnos visibilidad como club, siempre son muy amables y respetuosos con todo lo que hacemos, teniendo en cuenta que muchos admiran a Micky”.
La elección de Buenos Aires como cierre de la gira, bajo el lema “Todo termina donde comenzó”, no fue casualidad. El propio cantante lo sabe: Argentina fue uno de los primeros países en reconocer su talento, en abrirle las puertas y en abrazarlo como a un hijo propio. “Creo que Argentina es parte de la historia de su carrera y ha tenido un amor incondicional desde muy pequeño”, reflexiona Guerreño. Y así fue. Fueron dos días de música, fiesta, emoción y recuerdos que quedarán grabados en el corazón de quienes, bajo el cielo nocturno porteño, volvieron a rendir tributo a su ídolo.
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