
Cuando llegó a la cima de la fama y se mostraba espléndida sobre sus altos tacones y enfundada en sus clásicas minifaldas, cuando se fotografiaba sexy junto a David Bowie o jugueteaba en los escenarios con Mick Jagger, cuando se apropiaba de la década del 80 en la que brilló como nadie, Tina Turner ya era una mujer madura. Había tenido dos hijos, una infancia triste y un matrimonio que le dejó deudas y un nombre. Porque cuando Tina se separó de su primer esposo, perdió todo lo que había construido en la primera parte de su vida. Pero se quedó con un apellido que terminó siendo más suyo que de él.
Tina nació bajo el nombre de Anna Mae Bullock en Nutbush, Tennessee, Estados Unidos, y creció escuchando y cantando góspel en la iglesia y en la escuela. Los años la acercaron al rhythm and blues y terminaron por insertarla de una vez y para siempre en el mundo del rock & roll. Pero antes de ser una artista, Anna tuvo que ayudar a su familia en el campo. En la revista británica The Face, la cantante explicó: “En todas aquellas comunidades, los blancos poseen la tierra y los negros trabajan en los cultivos. Se iba al campo cada día, así estuvieras trabajando en los cultivos regulares o recogiendo algodón. Mi padre era el encargado de la plantación y yo trabajaba en los campos”.
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Cuerpo pequeño, voz enorme
El apodo con el que llegó al estrellato encuentra el origen en su niñez. Teeny era el modo en que la llamaba su familia, cuya traducción al español vendría a ser algo así como “chiquitina”. De Teeny a Tina, un solo paso. Y de cantar en la iglesia a cantar en el estadio, unos cuantos más. Durante esos primeros años de vida entre campos de algodón, el blues fue un gran compañero para la menuda Tina y la base para su futuro en el mundo del rock.
La música la acompañó cuando sus padres se separaron a sus nueve años y -junto a su hermana Aillene- empezó a rotar en casas de familiares. Cuando a los 17 años la echaron del hogar por quedar embarazada comenzó a acercarse al que sería su guía y verdugo: Ike Turner. El pequeño Craig nació, fruto de su relación con Raymond Hill, el saxofonista del grupo The Kings of Rhythm, y madre e hijo terminaron viviendo con Ike, que aún estaba casado, pero que se separó para poder encarar una vida con Tina. Tanto era el compromiso que terminó adoptando a Craig como un hijo propio. Lo peor aún estaba por llegar.
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De la zona del delta del Mississippi, cuna de grandes músicos, venía Izear Luster Turner. Quien luego sería conocido como Ike, comenzó en el espectáculo a los 16 años pasando discos en la radio o tocando el piano para estrellas de la época como Sonny Boy Williamson y Robert Nighthawk. Luego fue trasladándose por diferentes ciudades trabajando como productor y también como músico de su banda, The Kings of Rhythm, la primera agrupación profesional que Tina Turner pudo ver en vivo.
Una pareja, una banda
“Una noche en que Ike estaba tocando el órgano, el baterista se acercó a nuestra mesa y puso un micrófono delante de mi hermana para que cantase. Pero ella se negó, y entonces yo lo agarré y empecé a cantar. Ike me diría más tarde que se había quedado pasmado, y al acabar la canción me llamó y me hizo subir al escenario”, contó Tina en una entrevista sobre la primera vez que su ex la había oído cantar.
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Ike tenía un Cadillac rosa, una fama incipiente, dinero fresco. Tina venía de recoger algodón en el campo, de convertirse en madre soltera (nunca se casó con el padre de su hijo), de ser rechazada por su propios padres. Las joyas y halagos de Ike hicieron que el comienzo de la carrera de la cantante pareciese un cuento de hadas, aunque la magia duró poco.
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Después de grabar “A Fool in Love”, su primer tema popular, Tina contrajo ictericia y tuvo que ser hospitalizada, pero su flamante esposo no iba a perderse las ganancias de una gira inminente. ¿La solución fue posponer el tour? ¡No! Ike convenció a la artista convaleciente de escaparse del hospital aún sin el alta médica y arrancar inmediatamente con los compromisos arreglados.

Detrás de Ike estaba Tina, y detrás de Tina, las Ikettes, el coro que acompañaba al grupo a todos lados. Las chicas no podían medir más del metro sesenta de la cantante, ni ser blancas. Una vez la estrella le dijo a la revista inglesa NME: “En mi opinión, las blancas son demasiado frágiles para lo que yo les hago hacer. Siempre están constipadas, con bronquitis, fracturas o lo que sea”. Tina sabía que era única, pero la constante violencia machista que sufría por parte de Ike la convertía en una persona insegura.
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En 1962 la pareja engendró a su primer hijo, Ronnie Turner, pero Ike se sintió a disgusto y se fue por un tiempo con su anterior esposa. Finalmente lo aceptó e incluso llevó a Tina hasta Tijuana, México, ciudad en la que contrajeron matrimonio legalmente. Una gira por el Reino Unido con los Rolling Stones, el batacazo de “Proud Mary” (el tema original de Creedence Clearwater Revival) y la firma con el sello Liberty presentaban un panorama perfecto. Pero cuando el telón bajaba, otra era la historia.
Ese viaje a México fue el comienzo de un calvario que Tina soportaría por más de una década. En las memorias de la cantante, tituladas My Love Story (Mi historia de amor), cuenta que su noche de bodas transcurrió en un cabaret. Tal como lo adelantó al medio británico Daily Mail, tuvo que ver con cómo su reciente esposo se divertía con otras mujeres: “Casi nunca le he dicho eso a nadie. Algunas cosas que no recuerdas, algunas cosas que no quieres. Esos recuerdos se clavan en tus entrañas. No quiero hablar del pasado, lo viví. Estuve allí todo el tiempo”.
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Las golpizas de Ike a Tina eran habituales: le rompió la nariz varias veces, la hizo sangrar a golpes, la obligó a cantar enferma y embarazada. El final estaba anunciado: ella sabía que no merecía vivir así. Él no tenía idea de que ella fuese a abandonarlo. En julio de 1976 iban en limusina rumbo a un acto oficial por el bicentenario de la independencia de los Estados Unidos. La pareja atravesaba Los Ángeles a bordo del vehículo en el que también iban otros músicos. El disparador pudo haber sido cualquier cosa, lo cierto es que Ike abofeteó a su esposa y ella decidió en ese instante que ya había pasado el tiempo de ser sumisa. Tanto se golpearon mutuamente que terminaron sangrando a mares, manchando todo, hasta que llegaron al hotel. La violencia fue creciendo; Tina no daba más, Ike tampoco y terminó dormido. Ese fue el momento elegido por la cantante para huir de sus garras.
Dicen que se fue con poco más que un tapado y unas monedas. En un juicio posterior por los bienes materiales llegaron a un acuerdo: él se quedaría con todo, pero tendría que dejarle su nombre. Tina ya era Turner. Él accedió y ella se quedó con lo más valioso que una persona puede tener: identidad.
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Renacer
A partir de allí no fue fácil volver al ruedo, todos la ligaban a su ex pareja. Fue otra mujer quien le dio una mano: Cher. La artista había pasado por algo similar al separarse de su pareja y compañero en la música, Sonny Bono, así que comenzó a invitarla a su programa de televisión, allá por 1977. Luego también sería David Bowie quien la pondría en el candelero como su ídola. Y como todo lo que tocaba el Duque Blanco se convertía en oro, allá fueron las compañías discográficas a firmar con ella y asegurarse unos cuantos discos, giras y presentaciones que se multiplicarían a través de los años.
Ike murió en 2007, a los 76 años. Poco tiempo después Tina se fue despidiendo formalmente de los escenarios en una gira que se llevó a cabo entre 2008 y 2009. La vida le dio revancha y volvió a encontrar el amor en Erwin Bach, un productor alemán con quien vive en Suiza y con el que se casó en 2013, después de varios años de convivencia. Pero no todo fueron rosas en los últimos tiempos: en julio de 2018 su hijo Craig (de 59 años) se quitó la vida disparándose en la cabeza.
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Acerca de esta tragedia, la cantante le dijo a la prensa británica: “Creo que Craig creció solo, creo que extrañaba mucho a su madre. Estuve lejos, siempre lejos, haciendo giras, en los primeros tiempos y culpo a Ike por no poder ser la madre que hubiera sido. Creo que fui tan buena madre como pude serlo en esas circunstancias. No me siento mal por eso porque esa era mi realidad entonces. No tenía opciones”.
Este 24 de mayo Tina Turner murió a los 83 años, en su casa de Suiza. Desde hacía tiempo su salud se encontraba endeble. Un cáncer y una insuficiencia renal hicieron que su esposo le donara un rinón en 2017. Por él, ella rechazó su nacionalidad estadounidense y adoptó la suiza. Por él, supo que el amor verdadero existe. Lejos de la violencia y el maltrato. Porque como dice la canción, ¿qué tiene que ver el amor con eso?
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