En el marco de la presentación Un pequeño gran viaje en 48 horas, que este sábado comenzó en Telefe (al término de PH), Iván De Pineda dialogó desde San Carlos de Bariloche sobre esta nueva experiencia, que lo lleva a visitar una docena de destinos de nuestro país. Bariloche, El Calafate, Ushuaia, Salta, Jujuy, Tucumán, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, San Juan, Mendoza y Santiago del Estero son los lugares elegidos para esta nueva entrega del ciclo que tuvo un buen debut en cuestión de números de rating.
De Pineda es ya un viejo conocido para quienes disfrutan de los programas sobre viajes. En un año en el que aún se sienten los coletazos del cierre de fronteras, ver el nuevo ciclo resulta un bálsamo para aquellos que aún no salieron de sus ciudades desde marzo de 2020.
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Un pequeño gran viaje invita a conectarnos con lugares de Argentina, muchos de ellos grandes destinos turísticos y otros no tan conocidos, y recorrerlos en apenas dos días. Como una especie de itinerario prefijado, el espectador se suma al recorrido de Iván: se conecta con los pobladores, aparecen personajes pintorescos y, por supuesto, todo sucede en el marco de los fabulosos paisajes de la Argentina, en todo su esplendor. Con producción de Warner Media Latin America y Viacom CBS, además de Telefe puede verse a través de TNT, TNT Series, TBS y la plataforma Pluto TV.
Iván es dueño de un magnetismo especial. Tiene carisma, es pausado e hiperquinético a la vez. Sin dudas se convierte en un compañero de viaje ideal que se preocupa por el bienestar de quienes trabajan a su lado y lo acompañan. Cada travesía se vive como una aventura que suma un cúmulo de anécdotas y experiencias. De Pineda es también un conductor que genera complicidad y comodidad en Pasapalabra, en un estudio cerrado, y que, por otro lado, nos abre las ventanas del mundo cuando viaja.
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En esta charla con Teleshow, nos adelanta lo que significa para él viajar y qué cosas nunca faltan en su equipaje.
—¿Cómo definirías en pocas palabras lo que te genera Un pequeño gran viaje en 48 horas?
—Es poder recorrer la geografía argentina, que es increíble. Poder conocer gente en cada una de las provincias que vamos a visitar, aprender de su idiosincrasia, su cultura, su tradición, de sus paisajes, de sus vidas. Y es compartir con la gente que lo va a ver a través de una pantalla y que va a poder soñar con las imágenes, sorprenderse con las postales, reírse con algunas situaciones, aprender sobre otras cosas, como me pasa a mí en cada uno de los viajes.
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—¿Cuál fue la situación más divertida que viviste en un viaje?
—Miles. Desde estar en un vagón de tren en medio de la estepa rusa y hacer un chiste y no poder parar de reírme por dos horas, y que vengan del camarote de al lado a tocarme la puerta y me pidan por favor que deje de hacerlo. Y no poder parar. Y después, con paisajes en los que te podés patinar...
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—¿Hubo caídas?
—¡Caídas siempre hay! Viajar tiene que ver mucho con la experiencia, es muy empírico el viaje: tus experiencias, las cosas con las cuales interactúas, lo que aprendés, lo que te imaginas, las postales que ves. Yo siempre digo que los viajes tienen como tres partes. Primero es la preparación del viaje, cuando sentís esa cosas de las mariposas de los nervios lindos, el planeamiento. Luego el viaje per se, donde estás en viaje, donde estás disfrutando de este ida y vuelta. Y por último, ese viaje increíble: el que te queda en la mente toda tu vida. Es el recuerdo imperecedero de las situaciones, de los lugares, de las anécdotas, de compartir, de probar cosas, desde gastronomía pasando por un montón de situaciones.
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—¿Llevas algún registro de todos los viajes?
—Acá (se señala su cabeza). Queda todo en mi mente. Cierro los ojos y es increíble: me puedo acordar hasta el olor del primer avión, del primer vuelo, y me acuerdo de la persona que tenía al lado y de qué hablé. O sea, me acuerdo. Me hace ir a lugares increíbles y a lugares muy lindos, y puedo rememorar esas situaciones donde quiera que esté. Me quedé sin batería en el teléfono y cierro los ojos y puedo rememorar esa foto, esa postal ese momento. Soy muy de eso, también.
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—¿Qué cosas no faltan nunca faltan en tu valija? Más allá de las cosas básicas, decir: “Esto no puede faltar”.
—Yo viajo con bolso, no viajo con valija. Viajo con el mismo bolso desde siempre, cuido mucho las cosas y siempre está semiarmado.
—Nunca lo terminás de desarmar.
—No, porque hay cosas que van siempre, que tienen que ver con cosas que sé que me van a servir. Hay como una especie de campera que sé que va a para todo, que está siempre ahí. Un sweater que va a ir seguro. Determinados adminículos y cositas. Por ejemplo, un ebook que va siempre, que está ahí para no olvidármelo. Hay ciertas cosas que están, por más que vaya a Siberia con 80 grados bajo cero.
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—Un traje de baño llevás...
—(Risas) Por las dudas. No me vas a agarrar nunca desprevenido y ya sé que meto un número determinado de camisas, de remeras, de pantalones, un saco, una chaqueta, una pashmina.
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—Esa es la clave: tenés un orden.
—Sí, porque ese orden es lo que me permite en cada lugar que visito hacer una casa fuera de casa. Entonces, automáticamente llego a un lugar y, por más que me quede una noche, desarmo el bolso, acomodo las cosas y eso me da una sensación de hogar. Es como ordenarme en tiempo y espacio, saber dónde estoy y saber que estoy.

—¿Te pasó de estar en un lugar y decir: “Me quiero volver a mi casa, a mi sitio...”?
—Sé que siempre termino volviendo. Eso también es lo bueno. Entiendo mucho que cuando uno toma una decisión en un cambio de vida muy importante, cuando te toca elegir un país o viajar por lo que sea por un tiempo largo, es lógico tener en algún lugar eso de: ”¿Voy a volver? ¿Cuándo, cómo?”. En esto sé que periódicamente estoy, hago base en casa, y eso también está buenísimo porque cuando viajás mucho se tiende a perder una cierta cotidianeidad. Mi lugar es Argentina. Me ha tocado vivir en muchos países, pero vuelvo, me desarrollo acá y mi vida está acá.
—¿Ser conductor es tu viaje final?
—Es un lugar que me encanta desarrollarme. La paso genuinamente bien en Pasalapabra. Con la gente que compite sanamente y aprende. Es un lugar en el cual me encanta, pero tampoco me gustaría dejar de viajar. Pero en todos los aspectos, no solo profesional sino personalmente.
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