Fue el 29 de abril de 2011 en el exclusivísimo salón Tattersall de Palermo. La prensa tuvo acceso irrestricto. El teólogo Bernardo Stamateas ofició como maestro de ceremonias. Hubo intercambio de anillos, menú de primer nivel y cerca de 250 invitados. Karina Jelinek se casaba con Leonardo Fariña y nadie podía adivinar lo que se vendría después. A diez años de uno de los grandes eventos mediáticos de nuestro jet set, lo inverosímil y sorprendente de un enlace destinado a fracasar.
“No me arrepiento. Cada situación que te pasa en la vida es para aprender. Tampoco me victimizo. Todo sirve para aprender en la vida. Por algo tomaste esa decisión y hoy en día tomarías otra en base a lo que te pasó anteriormente. Es una experiencia más”, aseguró en febrero del año pasado Karina Jelinek en el programa Divina comedia de Telefe. Hablaba, claro está, del paso por su vida del empresario Leonardo Fariña.
Antes de conocerlo, la modelo cordobesa que se formó con Ricardo Piñeiro y saltó a la fama de la mano de Marcelo Tinelli había tenido muchos supuestos affaires no blanqueados y una única relación fugaz con Tomás Costantini, hijo del empresario. Entonces, ¿cómo no sorprenderse cuando en Punta del Este empezó a salir con este joven ignoto de colita en el pelo, muchos billetes y declaraciones altisonantes? ¿Cómo no acaparar la atención de los medios si se casó apenas un par de meses después de empezar a noviar? Y, ¿cómo prever que ese tal Fariña era mucho más que un millonario que le proponía una vida de mansiones, viajes por el mundo y un collar de tres millones de dólares?
Después de pasar por el registro civil de la calle Coronel Díaz para dar el sí ante al Ley, la ceremonia religiosa y la fiesta de casamiento fue la noche de aquel viernes 29 de abril, con un único detalle que opacaba –un poco, tal vez– la jornada. El príncipe Guillermo de Inglaterra se casaba ese mismo día con Kate Middleton. Ergo, en Argentina tendrían que pelear y terminar por compartir tapas de revistas. Como fuera, en el Tattersal se sirvió tanto lomo kobe como sushi, y el bandejeo de EAT Catering –uno de los top one de la Argentina– fue constante. Hubo champagne Cristal Louis Roederer, barra abierta hasta la madrugada y fin de fiesta a todo trapo. La música electrónica no dejó de sonar y la fiesta tuvo más de evento público que de casamiento.
Karina había convocado a su familia cordobesa –son de la localidad de Villa María–, un par de amigas del medio y varios famosos. Fariña, en tanto, no había llevado demasiados invitados. Con diseño de Pablo Ramírez con escote pronunciado y mega tul, Jelinek entró al salón bailando The Scientist de Coldplay. Entre los famosos que agitaban estaban Cacho Castaña, Aníbal Pachano, Marina e Iliana Calabró, Silvina Luna, Victoria Rodríguez, Marley, Nicolás Riera, María Eugenia Rito, Luis Ventura y Laurencio Adot, entre otros. Ninguno imaginaba que dos años después, en abril del 2013, Karina confirmaría su separación del hombre involucrado en causas de corrupción y detenido –hoy arrepentido y condenado– en la cárcel de Ezeiza por evasión fiscal y lavado de dinero. El divorcio le salió recién en 2015.
“Ya lo perdoné y lo solté. O sea, no voy a cargar esa mochila toda mi vida, porque me perjudico yo. Ya lo perdoné, le deseo lo mejor, él me pidió disculpas, me mandó una carta, y bueno, eso pasó hace mucho tiempo”, aseguró Karina en octubre de 2019, en PH Podemos Hablar, el programa de Andy Kusnetzoff por Telefe.
“No me deslumbraron los autos de lujo, siempre salí con chicos bien, trabajadores, no hacía falta que tenga un buen auto, no me deslumbra eso, él me había deslumbrado como persona. De hecho cuando habla en televisión, lo vimos en varios programas, hoy en día, cómo habla, la verba que tiene, te dice esto es un ananá, y vos se lo crees aunque sea una banana”, agregó entonces, pero en general cuando alguien le pregunta del tema, lo evade.
“Le decía: ‘¿por qué te vas? te esperé con la vela prendida, en camisón, ¿y no venís?’ Y me decía: ‘no, no vas a entender nada, vos no vas a entender nada’. Me trataba de tonta. Lo bueno que puedo destacar de él, como para recordarlo bien, es que está apoyando la Justicia”, apuntó esa noche de profundas confesiones en el programa de Andy. “Estaba como embobada, le decía todo que sí. Me mareaba y todo, pero bueno, fue culpa mía”, reflexionó Jelinek, la protagonista de uno de los grandes escándalos mediáticos con más condimentos de la última década.
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