
Esteban Alejandro Suárez, el femicida, que se quitó la vida tras matar de tres tiros a su ex pareja, Florencia Revah y luego se quitó la vida detrás de un haras en San Antonio de Areco este último fin de semana, tenía un prontuario escalofriante.
Ya era un reincidente: la Justicia lo había condenado en dos ocasiones. Primero, fue condenado en 2003 a diez años de cárcel por participar del asesinato de Claudio “La Clotta” Lanzetta, el icónico relacionista público, un símbolo de la Argentina de fines de los años 90, muerto dos años antes en un robo en su departamento. Fue encerrado en un penal federal y recibió la libertad condicional en junio de 2008, de acuerdo a documentos judiciales a los que accedió Infobae.
El 28 de enero de 2021, aceptó su culpa en un juicio abreviado por golpear y amenazar a una pareja anterior, un caso investigado por el fiscal Diego Callegari, en ese entonces titular de la UFI de Violencia de Género de Tigre. La calificación fue lesiones leves agravadas por el vínculo y por mediar violencia de género en concurso real con amenazas simples. La pena: un año y seis meses de efectivo cumplimiento. Acordó el juicio abreviado mientras se encontraba bajo prisión preventiva, encarcelado en la alcaldía de Campana y luego la Unidad N°46 de San Martín. Al ser condenado, fue considerado reincidente, de cara a su sentencia previa por el crimen de Lanzetta.
En 2021, precisamente, Florencia Revah realizó la primera denuncia en su contra. En abril de este año, pidió una restricción perimetral para Suárez.

El testimonio de la primera víctima de Suárez
El hecho ocurrió el 26 de diciembre de 2019. La víctima declaró en la Comisaría 4° de Benavidez que “terminó una relación informal hace dos semanas con el demandado, con quien se veía esporádicamente, teniendo mala relación por sus celos enfermizos”. Afirmó que “en el día de ayer (el anterior al día de su declaración) al salir de su trabajo en Martínez, la llama Suárez, quien le pide verla para hablar, que insistió tanto que finalmente baja del colectivo en la YPF de la Ford, en Benavidez”.
Allí, comenzaron a hablar. Suárez “comienza a alterarse y a golpearse, luego dice que se matara por su causa, forcejean entre ambos”. Allí, el asesino de Lanzetta y futuro femicida amenazó con herirse a sí mismo con un cuchillo, para luego herirla a ella. Sin embargo, no lo hizo. Luego, el episodio terminó y la mujer pudo escapar. Luego, recibió mensajes un tanto extraños, de un hombre que decía ser “enfermero de Suárez”, de acuerdo a la causa. Pidió una restricción perimetral contra su ex.
Las amenazas continuaron. “Te voy a matar. Te voy a cortar la cara para que no te olvides de mí”, le lanzó. La joven tuvo que renunciar a su trabajo en un shopping de la zona. Tres días después de su denuncia, la perimetral seguía sin ser ordenada. La Policía Bonaerense relevó cámaras de seguridad por orden del fiscal Callegari, que validaron su testimonio. También fue asistida por una psicóloga del Centro de Atención a la Víctima de la Fiscalía General, que detectó signos de violencia de género.
Suárez, efectivamente, declaró en la causa. Reconoció haber estado en el auto con la joven. “Yo nunca la agredí”, aseguró.
Cuatro años después, mató a Florencia Revah de una forma escalofriante: plantó su cadáver en su Chevrolet Onix luego de balearla. Al final, rodeado de árboles, se quitó la vida con un tiro de una Bersa 9 milímetros en el parietal derecho del cráneo. El arma tenía una mira telescópica. Había otras 25 balas en el vehículo.
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