
Cuando lo atraparon, Daniel Ponce estaba frente a unos 300 fieles en la iglesia “Gracia, Poder y Gloria”, montada en una especie de quinta de Moreno. Los responsables de la causa sabían que la detención podría ponerse difícil, no solo por el momento elegido, sino también, porque unos 10 hombres cuidaban al pastor. Sin embargo, lograron ponerle las esposas sin mayores inconvenientes.
Ocurrió el jueves pasado por la noche y esa fue la última escena de una trama siniestra montada por el religioso para abusar a sus fieles, según se desprende de la investigación a cargo del fiscal Leandro Ventrichelli de la UFI N°1 de Moreno.
Fuentes del caso detallaron a Infobae que Ponce habría llevado adelante el mismo modus operandi desde, al menos, julio de 2013. Sospechan que los ataques continuaron a la actualidad y que están frente a un abusador serial, indicaron.
Primero, el pastor tendía un anzuelo: “una misión religiosa” a un punto del país. En los hechos denunciados, Chivilcoy y Baradero. Para ello, pedía la asistencia de alguno de sus fieles, siempre varones jóvenes, incluso, menores. Luego, llevaba adelante la segunda parte del plan.

Al regresar a Moreno, en horas de la noche, Ponce, según la investigación, con la excusa de sentirse cansado para manejar, los invitaba a quedarse en su casa, con el permiso de sus madres, quienes confiaban ciegamente en él. Una vez acostados y dormidos, los violaba de forma brutal y cruel.
Cuando el ataque cesaba, saciado sexualmente, el pastor se ponía de rodillas y se ponía a orar. “Decía que no era él, que era el súcubo el que cometía los abusos”, completo el cuadro la abogada Marcela Cano, de Madres Víctimas de Trata, la asociación civil que presentó el caso a la Justicia.
Un súcubo es, según leyendas y creencias populares, un demonio que adopta la forma de una mujer para seducir hombres, especialmente a los jóvenes y a los monjes, y tener relaciones sexuales con ellos.
Ante este cuadro macabro, las víctimas se paralizaban.
Al día siguiente, el pastor les servía el desayuno y les dejaba dos advertencias para sellar su silencio: “Nadie te va a creer” y “tu familia la va a pasar mal”. Las víctimas callaron. Pero no tanto, el rumor que ya corría en la congregación hace años comenzó a derramar en redes sociales, llegó a las personas correctas y la máscara de Ponce se cayó a pedazos la noche del jueves frente a sus fieles.

Luego de negarse a declarar, quedó imputado por abuso sexual con acceso carnal, agravado por configurar un sometimiento ultrajante, por haber sido cometido por el ministro de un culto reconocido y por tratarse del encargado de la guarda.
“Era como el papá que no tuve”
Para pedir la detención, Ventrichelli incluyó un informe psicológico pericial que halló indicadores en el despliegue emocional, conductual y del relato que resultan compatibles con una vivencia traumática de victimización sexual. Los testimonios evidencian el nivel de confianza que depositaban en Ponce.
Una de las víctimas contó que, desde los 8 años de edad, asistió a las misas del imputado. “Yo me crié en la Iglesia Gracia, Poder y Gloria. A Daniel Ponce lo consideré como el papá que no tuve”.
Cuando lo convocó a una de sus misiones, se alegró: “Mi mamá estaba muy orgullosa de que lo acompañara a predicar porque era una persona muy importante para nosotros. Me puse feliz porque era algo bueno para mí. Era como el elegido”.
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