
La serie “Adolescencia” en Netflix, con su inquietante trama de asesinato adolescente, empujó a la subcultura incel a la luz, años después de su creación. El discurso tóxico de varones resentidos que odian a las mujeres por su falta de contacto afectivo o sexual es parte de la conversación cotidiana en la Argentina digital del presente, apenas oculto en los usuarios anónimos de redes sociales bajo las retóricas de la ultraderecha conservadora.
Hoy “Adolescencia” instala en el público los clichés de los célibes involuntarios: términos como “manósfera”, el concepto delirante de “80/20″ -donde, supuestamente, 80 por ciento de las mujeres solo eligen al 20 por ciento de los hombres, en una suerte de mercado del deseo- y su catálogo de emojis.
En Argentina, en la actualidad, la cultura incel espera ir a juicio en el Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de Buenos Aires, con dos alumnos de la UBA que fueron imputados por, supuestamente, acosar a una compañera que vendía contenido en OnlyFans.
Revelé el caso en Infobae hace más de un mes. Transcurrió en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires entre mediados de 2022 y de 2024. La protagonizaron dos alumnos de la carrera de Ciencias de la Computación: Federico J. y Gaspar O. D., de 26 y 24 años.
El supuesto blanco de Federico y Gaspar fue una compañera de carrera a la que atacaron anónimamente, a través de plataformas como Telegram, tras exponer en grupos de esa red social frecuentados por otros alumnos que era modelo en OnlyFans.
Luego, le escribieron a ella: le enviaron los links de su perfil en la red de contenido erótico, así como una oferta de mil dólares para tener sexo, entre mensajes cargados de violencia. “No soy Gaspar”, aclaraba el hombre del otro lado del teléfono en una de estas comunicaciones, casi delatándose.
Uno de los grupos investigados en Telegram se llamaba, precisamente, “Incels DC UBA”. La causa recayó en la jueza Alejandra Provitola. La propia red de contenido erótico respondió a un pedido de información de la magistrada, que complicaba particularmente a Federico J..
Provitola cerró parcialmente la causa luego de que la Sala V de la Cámara Criminal y Correccional, integrada por los jueces Ricardo Pinto y Hernán López, confirmara los procesamientos de ambos en octubre y diciembre de 2024 por los delitos de coacción y hostigamiento digital.

Tras un pedido de la fiscalía, la magistrada envió a Gaspar a juicio oral. Luego, lo hizo con Federico.
Gaspar, que niega haber enviado los mensajes o haber regenteado el grupo Incels DC UBA, está mucho más complicado que Federico. Se encuentra bajo prisión domiciliaria en un departamento, acusado también del delito de intimidación pública, por amenazar con una escopeta a los estudiantes “K” de su universidad en el grupo “Grunt Posting”, también investigado en la causa -y donde además se expuso a la víctima-.
La Policía Federal lo allanó, luego de que los propios lo denunciaran; terminó preso en el penal de Ezeiza.
En palabras de la víctima
Por el acoso, la joven dejó de asistir a clase y recibe apoyo psicológico hasta hoy. Estuve en contacto con ella a lo largo de las últimas semanas. Le ofrecí ser entrevistada, bajo la más estricta reserva de su identidad. Por consejo de su abogada querellante y su psicóloga, declinó. Sin embargo, aceptó que su testimonio en la causa sea citado.
Afirmó que supo de la existencia de los grupos de Telegram durante la pandemia, en 2021. Poco después, comenzó a notar que era un ‘blanco’. Pidió ayuda en un grupo de alumnos tras perder un bolso con medicamentos. En vez de eso recibió burlas sobre su salud.
Así, realizó una queja al Programa Por la Igualdad de Género de la universidad, contándoles de estos chats que llevaban la denominación UBA DC. “Ya no es fuera de la facultad, grupos de humor negro, donde se habla de las chicas o donde hay ataques, me pareció que era más importante y tenía que intervenir la facultad”, dijo la víctima a las autoridades.
El 8 de mayo de 2023, la joven recibió el primer mensaje en su teléfono y así lo contó en la causa: “‘Una consulta. ¿Te podría hacer una propuesta diferente?‘. Yo respondo, y me dice: ’Yo estudio en Exactas, en un tiempo libre que tengo, nos podríamos ver en el baño inclusivo y me hacés una paja’“. La víctima le dijo que lo denunciaría al programa.
“Chau, Gaspar”, le respondió, tal vez, intuitiva. “Chau, boluda histérica, chupame bien la pija”, contestó el joven del otro lado. “A partir de ese momento, empieza a borrar todos los mensajes”, recordó.
El 7 de noviembre de ese mismo año, un presunto alumno que rápidamente cambió su foto de perfil le preguntó, también vía Telegram, “si seguía ofreciendo servicios sexuales”. En paralelo, un usuario desde otra cuenta de la misma red social le escribió: “Yo hoy paso por Ciudad Universitaria y si querés tagui, me avisas”. Luego, le dijo: “Yo necesito descargar semen”. También le expresó sus ganas de hacerle un sacrificio ceremonial japonés marcado por el empalamiento con una espada.
Gaspar O., si es que es culpable, ni siquiera era su compañero. Sin embargo, sabía de su existencia, y de su posible involucramiento en los grupos de Telegram. Meses antes, la víctima había obtenido trabajo en una conocida empresa. “No sé si, por depresión, entro a los grupos ‘Incels Uba’ y ‘Grunt Posting’ y veo un mensaje que decía: ‘A mi laburo entró esta mina que seguro le chupo la pija al CEO’”.
Por el acoso, la víctima no solo dejó su venta de contenido erótico en OnlyFans: abandonó sus estudios. “Volví a tener ataques de pánico, de a poco fui dejando de ir a la facultad, me volví bastante pesimista, a sentir depresión, a sentir que no pertenezco a los espacios de interés por ser mujer. Empecé a sentir un resentimiento a ser mujer porque no puedo trabajar y estudiar de lo que me gusta, le empecé a tener miedo a los hombres", aseveró.
“Hay docentes que pudieron haber visto cosas mías en los grupos. Ellos sabían muy bien lo que estaban haciendo, sabían que me estaban humillando, porque escribir lo que escribían y que cualquiera lo puede ver, es humillante”, continuó. Por lo menos, cuatro compañeros de carrera confirmaron su relato al declarar como testigos en la causa.
Las pruebas
El aporte de OnlyFans con respecto a Federico J., el segundo acusado, fue interesante. Sospecha la jueza Provitola que también mensajeó a la joven acosada dentro de la plataforma misma, con el alias “Leíto”. La magistrada envió un oficio a la plataforma en busca de respuestas. Las obtuvo. La información enviada por el gigante global del contenido erótico reveló que Federico, efectivamente, era un usuario: la dirección IP reportada coincide con el domicilio de sus padres.
Hubo otra coincidencia: la dirección de email de Federico que OnlyFans le reportó a la jueza, también fue informada a la Justicia por la Universidad de Buenos Aires.
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