
Oscar David Espínola fue arrestado dos semanas atrás. La Policía de la Ciudad lo interceptó en Puente Pacífico al verlo bajar del tren San Martín. Había vuelto de Derqui, donde vivía su familia, donde lo buscaban hace tiempo. Se rio mientras lo esposaban. Al día siguiente, se negó a responder preguntas en su declaración indagatoria.
La semana pasada, el juez Alejandro Litvack lo procesó con prisión preventiva por matar a su pareja, el peluquero Juan José González, de 67 años, 46 años mayor que él. González vivía en Villa Crespo: Espínola, que decía ser cartonero, iba y venía, una presencia triste en su vida. A veces le robaba. El peluquero lo perdonaba. A veces, Juan José salía de noche para buscarlo, entre las ranchadas de adictos y transas cerca del Cementerio de la Chacarita, para traerlo de vuelta a su departamento en la calle Corrientes, zona de Villa Crespo. Lo perdonaba otra vez. En charlas con sus amigas íntimas, el coiffeur decía que, tal vez, le daría todo en herencia tras, algún día, casarse con él, después de que le rompiera tantas veces el corazón. Decía que le legaría su departamento, donde había vivido durante 38 años. Hasta le había conseguido trabajo de fletero, con un vecino del barrio, amigo suyo también.

Allí lo encontraron muerto a Juan José a mediados de noviembre pasado. Su cuerpo se había descompuesto durante diez días en su cama. En la Morgue Judicial aseguraron que el cadáver era imposible de manejar dado su estado. Lo abrieron de todas formas. Encontraron un bollo de trapo en su garganta. Juan José fue asfixiado hasta morir, mientras Oscar, según la acusación en su contra, revolvía su casa. “Congestión meníngea” y “congestión pulmonar” fueron los términos posteriores empleados en el reporte.
La fiscal Mónica Cuñarro, tras una meticulosa investigación, con uno de los cuadros probatorios más fuertes en la historia penal reciente, logró señalar a Espínola como el presunto responsable. El móvil: plata, $400 mil pesos que Juan José había insertado en un plazo fijo.

“En concreto, el acusado quien mantenía una relación sentimental con la víctima, ingresó a la vivienda y tras maniatarlo -por un lado le ató las muñecas con un pañuelo, luego con una sabana le ató las manos, se la pasó por el cuello y se la ató a un pie y con la misma sabana lo amordazó-, dejándolo tirado en una cama, para luego revolver todo el departamento en busca de la suma de $ 400.000 que el imputado presumía que estaban allí”, asegura el juez Litvack en la imputación del procesamiento.
González no mantenía su dinero en secreto; una clienta suya manejaba sus claves bancarias. Hasta el portero del edificio declaró en la causa que sabía de la existencia de los 400 mil pesos, que venían de un préstamo del ANSES. Se lo había dicho al pasar el 4 de noviembre al mediodía, un día antes del crimen, según la ventana temporal establecida por los forenses. También aseguró conocer a Espínola, alias “El Chino”, desde que tenía 13 años, vivía en la calle, por la zona. Luego, fue pareja de Juan José. La clienta que manejaba las claves bancarias también declaró saber del préstamo. La víctima tenía más de un millón y medio de pesos entre cuatro cajas de ahorro y plazos fijos al momento del crimen.
Precisamente, el Banco Nación remitió el 4 de diciembre un correo electrónico a la fiscal Cuñarro en el que informó, que González -entra otras operaciones financieras- había constituido el 17 de octubre de 2023 un plazo fijo por 400 mil pesos que vencía el 16 de noviembre de 2023. El coiffeur no vivió para renovarlo.
La repentina ausencia de Espínola en la cuadra donde vivía su novio y presunta víctima sorprendió a varios vecinos. Algunos aseguraron haberlo visto merodeando la zona, comiendo una hamburguesa, mendigando en un restaurant chino. Otro sorprendido fue el amigo de González que le dio trabajo de fletero. Declaró en la causa también, aseguró que le debía un dinero por varios trabajos. Se preguntó por qué “El Chino” nunca había ido a cobrarlo.
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