Al ser detenido por personal de la Comisaría N°1 de Luján mientras se deshacía de un cuerpo descuartizado en el río del municipio, el escribano Ricardo Basalía primero aseguró que estaba desorientado, perdido, bajo tratamiento psiquiátrico. Luego, contó una historia a los policías, algo que deberá validar en su indagatoria: dijo que su víctima había entrado a robarle a su estudio en Morón, que le disparó para defenderse, que luego desmembró el cuerpo.
Los restos fueron encontrados poco a poco entre la noche y la mañana, entre su BMW modelo 98 que usó para trasladar el cuerpo 50 kilómetros y el agua del Luján. Esos restos fueron remitidos a la morgue de Chivilcoy para su autopsia, con una causa por homicidio a cargo de la UFI N°10 con la fiscal Mariana Suárez. El resultado de la autopsia se conoció en las últimas horas: lo que dijeron los forenses derrumbó la coartada del escribano.
El informe preliminar al que accedió la fiscal determinó que la víctima no murió por un disparo, sino por una puñalada de un cuchillo de filo único que afectó el corazón y los vasos vitales. Posteriormente, el cuerpo fue desmembrado con un objeto similar a un hacha, o una sierra, de acuerdo a las laceraciones encontradas.
Todavía se espera una confirmación oficial sobre la identidad del cuerpo. En el BMW, Policía Científica encontró un DNI número 29 millones. Pertenece a Miguel Alejandro Pereyra, 42 años, vecino de Castelar como el escribano, con una casa a 14 cuadras del domicilio familiar de los Basalía. A pesar de que todavía no hay un reconocimiento, su familia apuntó que tatuajes encontrados en el cuerpo coinciden con los que tenía Miguel Alejandro.
La familia, por otra parte, aseguró que el hombre desapareció de su casa hace dos días.
La coartada ya era difícil de creer para la Justicia y la Bonaerense. “¿Por qué la perversidad de un desmembramiento de estas características?”, se preguntan los investigadores. Podría haber alegado una legítima defensa, en vez de descuartizar un cuerpo y viajar más de 50 kilómetros para descartarlo. La familia de Baladía, su padre, asegura que el escribano era un legítimo usuario de armas de fuego, que le habían entrado a robar al estudio a comienzos de este año. “Ese robo ocurrió, pero no tiene relación con el caso", dice una fuente clave en el expediente.
Basalía será indagado mañana por la mañana, asistido por un abogado particular.
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