Hay que tener sangre fría para matar a alguien a plena luz del día y a metros de un patrullero.
El 9 de febrero pasado por la tarde, un Volkswagen Bora negro rodó a poca velocidad frente a Pinar de Rocha, la clásica discoteca sobre la avenida Rivadavia en Villa Sarmiento. Lo conducía un joven de estatura mediana, gorra con visera blanca, pantalones cortos. Segundos antes había estado en la puerta de la disco. Había discutido con otros, supuestamente lo habían echado dentro de una fiesta en el lugar. Se alejó, gritando, que ya iban a ver.
Subió al Bora, a pocos metros, y rodó. Tomó su pistola y desde el asiento del conductor disparó seis veces. Un relacionista público, Leonardo Martínez, recibió un tiro en el cuello. Fue trasladado al Hospital Güemes de Haedo, a pocas cuadras: murió pocos minutos después a causa de la gravedad de la herida. Otra bala hirió a un empleado de seguridad, con una herida menor, estaba fuera de peligro. El hombre del Bora disparó seis veces en total.
Todo pasó con un patrullero de la Policía Bonaerense estacionado frente al lugar.
El fiscal Mario Alberto Ferrario de la UFI N°3 de Morón, a cargo de la investigación, identificó el Bora a través de las cámaras de seguridad del boliche y los domos municipales. Identificó también al sospechoso, que anoche cayó. No fue por el crimen de Pinar de Rocha, precisamente, sino por otra cosa.

Tiago Emanuel Quintana fue arrestado anoche por efectivos de la Comisaría de Máximo Paz, bajo las ordenes de la UFI N°2 de Cañuelas, con la fiscal Norma Pippo y el secretario Pablo Ober. Lo habían acusado de abuso y tenencia de arma de guerra, tenencia de estupefacientes para venta, algunas plantas de marihuana y una Bersa Thunder Pro 9 milímetros en la mano con el nombre de la Policía Federal Argentina borrado pero legible. Mintió al principio: dio el nombre de su hermano. Después dijo su nombre verdadero. El personal de la fiscalía encontró su pedido de captura en el sistema. Era el hombre de Pinar.
Un llamado telefónico lo había delatado: un vecino reportó cómo volaban tiros en la esquina de Rosales y Costa Brava, vecinos gritando. Un patrullero llegó hasta ahí y vio el tumulto violento en plena cuarentena obligatoria. Las balas todavía sonaban.
Así, dos sospechosos empezaron a correr. Entraron a una casilla rodeada de chapas a refugiarse. Quintana, vecino del barrio, vestido con la casaca del Paris Saint Germain, tenía el arma en la mano: la escondió en la casa apenas entró, pero la encontraron, además de las plantas de hierba en la casa.
Para la UFI N°2, el tiroteo tiene una explicación simple: una guerra barrial, un enfrentamiento de picantes.
Quintana se negó a declarar anoche, permanecerá detenido. La Bersa Thunder Pro podrá ser peritada con un análisis balístico: para la Justicia es la misma pistola del crimen de Pinar.
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