
Victorino Luján ya tiene cuatro pasaportes completos y con los sellos de ingreso a las ciudades más importantes del mundo y a otras tantas de paisajes soñados. Así es desde 2005, cuando su vida como actor televisivo que interpretaba solo a personajes de talla grande cambió por completo.
En febrero de ese año ingresó a la compañía del Cirque du Soleil y dejó Buenos Aires para sumarse a las giras internacionales que realiza con el espectáculo Corteo, en el cual interpreta al mejor amigo del protagonista y desarrolla un emotivo papel. Allí deja al descubierto cada uno de sus dones y talentos, los que pudo mostrar aún cuando su inglés, que hoy habla a la perfección, era básico.
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Del básquet a la carpa de circo
Recién llegado a Nantes, Francia, donde se presentarán el viernes 30 de septiembre, Victorino habla con Infobae sobre su infancia como niño alto, de su familia y la vocación artística heredada de su mamá; también sobre su abuelo y el tío que le heredaron la talla grande. Recuerda sus inicios como actor, la etapa en el básquet y se anima a verse a futuro, cuando el circo sea para él tiempo pasado.
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Hoy —o en tiempo presente—, dice que vive un sueño, que disfruta cada día y que se siente “un bendecido por tener la posibilidad de recorrer el mundo, conocer a tantas personas y ser parte de un espectáculo que habla de la coexistencia entre los mundos y desde el punto de vista humano”.
Corteo es una producción itinerante de Cirque du Soleil, escrita y dirigida por Daniele Finzi Pasca, que fue estrenado el 21 de abril de 2005. El espectáculo fusiona elementos del teatro y acrobacias, y la historia se inicia cuando el Payaso Mauro imagina su propio funeral, pero lejos de los llantos y tristezas, fue homenajeado con una despedida digna de quien hizo reír: una divertida procesión une lugares mágicos situados entre el cielo y la tierra, con ángeles de la guarda y personajes que dan cuenta de la convivencia de lo grande y lo pequeño, lo ridículo y lo trágico, de la magia de la perfección con el encanto de la imperfección. Allí, Victorino da vida a Payaso Gigante, el mejor amigo de Mauro y cantante aficionado de ópera que cree tener fama internacional. Ese personaje lo fascina y conmueve.
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Hasta ahora, es el único argentino pero sobre el escenario de Corteo, aclara el hombre nacido y criado en la ciudad de Buenos Aires. Durante 2021, se sumó una mujer que está a cargo de los detalles previos a que se enciendan las luces.
A esa compañía, dice, llegó casi por azar, pero ingresar le llevó siete años.
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Antes del circo y la estatura que lo llevó a la tele
Victorino nació en 1967 en Capital Federal y pesó 5 kilos. Es hijo de una cantante lírica que durante unos años cantó en el Teatro Colón y de un empleado administrativo. Una de sus dos hermana también canta y asume que ambos heredaron esa pasión materna.
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No fue hasta los nueve años que se notó algo diferente a los demás niños. “Me di cuenta que era el más alto de la clases, de todos los nenes de mi edad e incluso entre los más grandes, pero nunca me sentí mal por eso”, cuenta y recuerda a los 18 años ya medía lo mismo que ahora: 208 centímetros.

Esa estatura no fue sorpresiva para la familia. “Mi papá medía un metro ochenta y pico, mi abuelo paterno tenía más de 2 metros y un tío también era alto como yo. Sé también que un familiar por parte de madre fue muy alto”, dice.
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Esa característica lo llevó a intentar suerte en el básquet. “Me gustaba ese deporte, pero era medio tronco”, recuerda su pasado en los equipos de Arquitectura, Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque y Huracán de San Justo.
Luego la estatura lo llevó a tener papeles secundarios en la televisión argentina y actuó en algunas de obras en teatros pequeños. “Cuando hacía falta algún personaje grandote me llamaban”, recuerda el inicio haciendo bolos junto a Raúl Portal, su paso por Amigos son los amigos, con Carlín Calvo; Poliladron, con Adrián Suar al tiempo que también se ganaba la vida como portero de un salón de fiestas y empleado administrativo del Hipódromo de Palermo.
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El deseo de ser actor y la vida en el circo más prestigioso del mundo
“Sabía que quería trabajar en la actuación. En ese mientras tanto estudié teatro con Marcelo de Bellis y canto lírico con Loreley López”, dice sobre la formación que inició a fines de los 90s.
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Un día, que asumió que sería como otros tantos, fue a ver una obra infantil en la que trabajaba un amigo. “Esperaba el colectivo 168 sobre Avenida Cabildo y se me acerca el actor Alfredo Allende para invitarme a ver una obra infantil, hacía frío, no tenía nada más que hacer y fui. Se dio la coincidencia de que allí había dos reclutadores de artistas viendo a uno de esos artistas que estaba en escena. A la salida, se me acercaron y preguntaron si conocía lo que era Cirque du Soleil, les dije que de nombre”, recuerda cuando le propusieron dar una audición al día siguiente. Era 1998 y admite que todo se dio como una sumatoria de casualidades.

La audición fue de unas dos horas frente a una cámara en las que debió improvisar sin freno. Desde posturas corporales hasta cambio de actitudes hasta imaginar que era un anciano de 93 años y todo de un minuto a otro. Pese a todo ese esfuerzo, pasaron dos años para que lo convocaran a una segunda audición en Buenos Aires.
Recién entonces le dijeron que había sido suficiente y que “llegado el momento”, lo llamarían mientras se mantenían en contacto por medio de envíos postales que en cada carta le avisaban que “es siempre tenido en cuenta como un posible artista del circo”. “La primera vez que lo leí me entusiasmé, pero a la cuarta, ya no tanto... ‘¿Hasta cuándo?’, pensaba”.
Era finales de 2004 cuando lo llamaron para pedirle algo de material nuevo y al año le ofrecieron el papel de Payaso Gigante, que parece escrito para él. “Queremos saber si estás disponible para viajar a Montreal e incorporarte al nuevo show”, le preguntaron y claro que aceptó.
Llegar a Montreal lo impresionó en todos los sentidos. Desde la estructura que tiene la compañía, la edificación, los estudios, los departamentos técnico, vestuario, carpintería hasta la posibilidad que le dieron de perfeccionar su idioma además de una excelente cobertura médica que debió usar en 2014 y 2015.

“No puedo decir otra cosa que mi vida en el circo, que no imaginaba porque me pensé sí en la actuación pero no en un circo y no este circo”, admite y completa: “Me siento un bendecido porque se aprende cada día, se conoce mucha gente y viajamos muchos... ¡Parecemos una banda de rock!: estamos una semana en cada ciudad y con dos o tres días de descanso, y ese tiempo nos da la posibilidad de conocer cada lugar. Yo suelo tener apuntado lugares que me recomiendan”.
Desde 2005, la vida en Corteo es con 52 artistas en escena y otros que hacen tareas previas y durante el espectáculo. “Debemos ser unas 115 personas y convivir a diario es algo para lo que me preparó los años en el básquet, porque el deporte enseña a ser parte de un equipo”, asegura.
Pese a todos estos años de gira por las ciudades del mundo, solo en 2014 llegó a Argentina como Payaso Gigante. “Estuvimos en Córdoba y en Buenos Aires. No sé si volveremos, me encantaría, pero este año, hasta el 7 de noviembre, recorreremos Europa y luego iniciaremos la gira por los Estados Unidos y Canadá, y eso será durante 2023″, lamenta no poder volver porque dice que extraña a su familia aunque cuando ellos pueden viajan a verlo.
En ese año de regreso a su tierra, Victorino tuvo problemas de salud que lo dejaron alejado de los escenarios. “Debieron hacerme una ablación porque tenía problemas cardíacos. Me intervinieron dos veces y quedé muy bien”, cuenta.
Imaginándose a futuro, cuando la vida de payaso termine se ve como mentor. “Me imagino dando clases de actuación, formando a nuevos actores. Falta mucho porque el escenario es mi vida, mi lugar en el mundo y aún no me quiero bajar”, finaliza.
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