
En sus últimos días con vida, Miguel Graffigna se sentía como envuelto en una niebla viscosa, imperceptible. Vivía con miedo. Como si su sicario estuviera jugando con él. Un secreto que los unía sin que ellos lo supieran. A su modo, los dos sabían que el encuentro era inevitable. Que tarde o temprano iban a estar frente a frente. Y no se equivocaron: el 8 de junio de 2011 Graffigna, financista, 35 años, fue asesinado de un balazo calibre 40 en la cabeza adentro de su Peugeot RCZ, en Villa Ortúzar.
Su familia lo esperaba para cenar.
El asesino a sueldo se llevó dos celulares de la víctima. Lo mató, según determinaron las pericias, ubicado en el asiento del acompañante. La duda es si Graffigna lo conocía, por el hecho de abrirle la puerta, o si el matador lo esperaba adentro.

La historia de Graffigna podría comenzar por su final, aun enigmático. No hay nadie preso por su asesinato mafioso.
O por el momento en que su nombre apareció en las páginas policiales de los diarios y en los noticieros. Su detención, justo a su entonces mujer -la actriz porno Romina Gabriela Iddon Silva- por el doble crimen de Nicolás De Sousa (29 años) y Antonia Zárate (28), ocurrido el 22 de agosto en una casona de Villa Elisa, en la Plata.
Ella fue asfixiada y golpeada. El muerto a palazos.
Los investigadores creyeron a principio que se trataba de un ajuste de cuentas por narcotráfico. Pero luego fueron tras otra pista: De Sousa y Zárate eran swingers. Iban a los boliches Anchorena y New Moon y solían recibir a otras personas para el intercambio de parejas.
Los asesinos, según la pesquisa, creyeron que De Sousa -un galerista de arte- tenía un dibujo de Picasso, “Mujer frente al espejo”. Aprovecharon la intimidad del encuentro para robar ese botín.
“Los torturaron para que dijeran donde estaba la obra, pero no existía ninguna obra”, recuerda una fuente policial.

Graffigna fue detenido seis meses después del doble asesinato, junto a Silva, y su abogado, Roberto Casorla Yalet, logró que fuera absuelto porque no hubo ninguna prueba en su contra. “Un hombre, que salía con su ex, lo acusó falsamente. Se basaron en eso para detenerlo”, dice el abogado.
En una crónica de Javier Sinay escrita en ese entonces, se cuentan los momentos previos al doble asesinato: “Según la hipótesis de los investigadores, De Sousa y Zárate recibieron en su casa a la pareja luego de haber tenido algunos encuentros en los boliches. No imaginaban su destino. Entre las 23 y las 3 de la madrugada –franja horaria del crimen-, los dos varones se habrían quedado charlando en el living, mientras ellas iniciaban sus juegueteos íntimos en la habitación. (Para la mujer visitante no sería la única vez: le gustaba tener sexo con mujeres, sacarse fotos o filmarse durante las relaciones). Según pudo reconstruir la pesquisa, Zárate estaba en bombacha cuando escuchó un golpe seco que la alarmó y la obligó a correr al living, donde vio el inicio del horror: su novio yacía con la cabeza partida; miradas codiciosas apuntaban a ella”.
En el artículo no se confirma lo del Picasso en poder de De Souza, si, en cambio, que era galerista y que en la escena del crimen hallaron un libro grande con algunas reproducciones de las obras de Vito Campanella, el pintor surrealista que algunos consideran el “Dalí argentino”. Casorla Yalet, abogado y amigo de Graffigna, cree que hay una vinculación en los tres asesinatos. Sobre el doble crimen, involucra a la ex de quien fuera su defendido.

“Fue una farsa mediática. Ni siquiera había un Picasso ni ninguna obra de un artista de esa envergadura. Graffigna ni siquiera había viajado a La Plata. Y en ese momento tenía 18 años, no entre 30 y 40, que era la persona buscada. Sospecho que su ex participó con otro hombre. A mi defendido intentaron sembrarle pruebas para vincularlo. Pero demostramos que se trataba de pruebas plantadas para simular su participación criminal y desviar la atención del verdadero autor material. No se descarta que haya habido un autor intelectual”, dijo el penalista a Infobae.
Sobre el crimen aun impune de Graffigna, la Justicia llegó a sospechar de Alfredo Pesquera, el hombre involucrado en el accidente automovilístico del cantante Rodrigo, el 24 de junio de 2000. “Pesquera fue la última persona que él visitó según su GPS, tenian negocios en común. Pero yo siempre lo descarté y me enfoqué en la ex de Graffigna, que se la tenía jurada desde hace años. Le hacía la guerra por la hija que tenían ambos. Y era una mujer que andaba con mafiosos. Y cuya madre fue detenida por el robo de cuadro de “Proa al sol”, de Quinquela Martín. Cuando sobreseyeron a Pesquera, la causa naufragó. Yo siempre apunté a quienes eran una amenaza para él. Su ex lo era. Sin dudas fue un homicidio por encargo”, afirma Casorla Yalet.

Sin embargo, el periodista Ricardo Ragendorfer escribió un informe en que deja abiertas las sospechas sobre Pesquera: “La autopsia y la pericia balística lograron determinar que la víctima fue asesinada con su propia arma –una Smith & Wesson calibre 40 que no estaba en lugar del hecho–, la cual le fue arrebatada durante un forcejeo, cuando le apuntaba a quien sería su matador, el que le prodigó un cabezazo en la frente. El 21 de diciembre (de 2013), dentro de una camioneta BMW X6 estacionada en una calle del barrio de Saavedra, fue descubierto el cadáver de Pesquera. Se había volado la tapa de los sesos con la Smith & Wesson de Graffigna. Se cree que su suicidio se debió a la orden de captura que pesaba sobre él por el asesinato de ese presunto financista”.
Graffigna era financista y se dedicaba a asesorar. Participaba, de acuerdo con lo que se investigó en la causa, de mesas de dinero y se cruzaba con personajes turbios.
La madre de Graffigna, Rita Tiscornia, también opinó igual que el abogado Casorla Yalet. “Pesquera no tuvo nada a que ver. A mi hijo le tendieron una trampa y lo mató un sicario. Estaba amenazado y temía por la seguridad de su hija, de la cual había conseguido la custodia. Hubo tres intentos de secuestro contra la nena. Todos, incluído él, sospechábamos de su ex”, dijo la mujer.
Pero la mujer a la que apuntan, que en México se hacía llamar “La reina del Nilo” y bailaba en el caño, siempre juró que era inocente y apuntó contra su ex, quien -según consta en el expediente a partir del relato de un testigo encubierto- la obligó, estando embarazada de tres meses, a participar del doble asesinato. De ella también se dijo que salió con un narco pesado apodado “La Mámola”.
Todo en esta historia es inconcluso o fallido. Dos asesinados que eran swingers y cuyo caso quedó impune, un Picasso que no existe, amenazas, traiciones. Un hombre que fue acusado y se suicidó. Y otro, Graffigna, que fue ultimado de un balazo en la cabeza. Así empezó esta historia. Y así termina.
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