De no tener para pagar el alquiler y ser vendedor ambulante de corbatas a gurú de inversiones en las redes

En su infancia, Gonzalo Pereyra Sáez se mudaba con frecuencia porque su familia no podía pagar el ambiente donde vivían. Salió a buscar trabajo a los 16 años para ayudar en su casa. Sintió que el estudio cambiaría su vida y siguió Derecho, se recibió y se convirtió en asesor de inversiones. La historia de un emprendedor

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Pasó de ser vendedor ambulante
Pasó de ser vendedor ambulante de corbatas en la zona de Tribunales a analista técnico de mercados financieros desde las redes sociales

Gonzalo Pereyra Sáez hace una pausa después de recordar que cada dos meses se tenían que mudar de casa. Cuando retoma confiesa que en verdad los echaban porque a Claudia, su madre, no le alcanzaba la plata para pagar el alquiler. Hoy, con 33 años, la asiste con los gastos mensuales en una casa espaciosa ubicada en la zona norte que le compró en 2015. La vida cambió para ellos y para su hermana menor.

Había nacido en zona sur en 1988. Pasó sus primeros años de vida, sin embargo, en Villa Pueyrredón, Ciudad de Buenos Aires. Tuvo una infancia compleja: vivió entre las carencias, las dificultades y los abandonos. “Mi padre se separó rápido de mi madre. Él nunca fue un un ejemplo a seguir, no era malo pero no estaba presente. Por eso mi madre me crió sola: hizo malabares para poder llevar adelante el hogar y que nunca nos faltara nada. Trabajó desde asistente de cocina hasta limpiando casas por hora. Había días que tenía sed, me acercaba a la heladera y apenas encontraba un limón viejo. Todo era muy justo”, rememoró.

Gonzalo viene de una familia
Gonzalo viene de una familia muy humilde, su mamá limpiaba casas y trataba de darle lo mejor. Se mudaba muy seguido porque no llegaban a pagar los cuartos o departamentos que alquilaban

Se crió sin su padre y con una madre dedicada al trabajo para sostener la precaria economía familiar. Pasaba mucho tiempo solo y era consciente del contexto adverso: “Salía del colegio al mediodía, caminaba a casa y me quedaba esperándola hasta las siete de la tarde. Estaba al tanto de cuánto pagábamos de alquiler, cuánto necesitábamos para la cuenta de la luz, el gas. Era algo que me preocupaba”.

Tenía 16 años cuando sintió la necesidad de salir a la calle a buscar trabajo para poder ayudar en su casa. Lo que le activó el deseo de cooperación fue una desgracia: “Sufrí una pericarditis, estuve internado en terapia intensiva un mes y en coma varios días. Ahí apareció mi padre y recuperamos algo del vínculo. Cuando me recuperé, me dieron ganas de trabajar y ayudar a mi familia”.

Se convirtió en un adolescente inquieto, tan perseverante como obsesivo: un auténtico “busca”. Se las ingenió con un conocido para comprar corbatas y venderlas en la zona de Tribunales. “Eran bastante feas -confesó- y la valija pesaba mil kilos, pero se vendían. Creo que les daba lastima a los jueces, abogados y a los vendedores que se terminaban llevando un par. Lo que me dejaba era poco. Una parte se la daba a mi madre y la otra parte me la quedaba”.

"En la escuela siempre me
"En la escuela siempre me sentí diferente. Era como que no encajaba", admite Gonzalo

En busca de oportunidades

La venta ambulante de corbatas le sirvió de inspiración. Su trabajo en la zona de Tribunales del centro porteño le prestó una idea. Quería buscar distintos caminos, quería progresar. Pensó anotarse en la universidad para “escapar de esta situación”. Lo hizo y se inscribió en la facultad para estudiar Derecho, mientras buscaba nuevas ideas para sobrevivir que no resultaban bien.

Para esa época su madre había conseguido pareja y un trabajo estable en una empresa de puertas blindadas. “Hasta que un buen día los echaron a todos. Junté plata y pude alquilar un local en la galería Belgrano, donde monté un local de puertas. Por suerte nos fue muy bien”. Al tiempo el emprendimiento creció y se expandió a tres locales, pero al año siguiente se fundió. “No estábamos preparados para manejar esa cifra de dinero. Compré el auto, salía todos los días. Me terminó pasando factura”, reconoce.

Tenía apenas 25 años. La quiebra fue un golpe durísimo para toda la familia. “Me negaba rotundamente a trabajar para otra persona. Mientras seguía estudiando para ser abogado, se me ocurrió vender ropa para peleadores de artes marciales. Funcionó pero apenas ganaba un sueldo básico”, cuenta. Así que siguió intentando.

A pesar de que el negocio no haya sido exitoso, Gonzalo aprendió en esa experiencia el poder y la penetración de las redes sociales. Dio su segundo salto al emprendedurismo desarrollando su primer proyecto digital: deAbogados.com. “Creé una página de Facebook generando contenido de interés sobre litigios, divorcios, sucesiones y temas del derecho laboral. Tenía muchas audiencias y tuve que derivar las solicitudes a colegas, porque todavía no tenía la matrícula para ejercer”, relató.

Gonzalo Pereyra te enseña a crear tu propio emprendimiento

Dar en la tecla

Con todo el dinero ganado, pensó que era el momento de hacer una gran inversión para no volver a perderlo todo. “Lo primero que se me ocurrió fue meter la plata en un plazo fijo, lo estudié y me di cuenta de que terminaba perdiendo plata por la inflación, así que lo invertí en conocimiento”.

Se obsesionó. Casi sin darse cuenta y convirtiéndose en un autodidacta, se metió de lleno en el complejo mundo del análisis de mercado técnico operando derivados financieros. “No entendía el manejo del dinero y por eso lo malgastaba. No te forman para este universo. Hoy en Internet podés comprenderlo un poco más. Con todo lo que leí, comprendí cómo podía cuidar mi capital”.

Se animó a contar su experiencia y empezó a dar recomendaciones sobre finanzas en las redes sociales, pero jamás imaginó que lo que comenzó tímidamente como un hobby, se convertiría en un fenómeno, una comunidad a la que llamó “Sé Diferente”.

“Sé Diferente” tiene hoy 81 mil suscriptores en Youtube. Monetiza cada contenido por cada visualización: es capaz de generar ingresos entre 1.500 y 2.000 dólares mensuales. El nombre fue elegido porque Gonzalo jamás sintió que encajaba en los lugares a los que iba: “Hacía lío, no prestaba atención o simplemente no me sentía motivado”.

Gonzalo Pereyra Sáez en la
Gonzalo Pereyra Sáez en la casa que le construyó a su madre junto a su hermana

“Creo que el éxito de la comunidad que ya tiene tres años se debe a lo espontáneo y orgánico”, asumió Pereyra Sáez. “Soy el único que muestra abiertamente las inversiones que hago, con un alto porcentaje de aciertos comprobables en mis análisis. Esto me llevó, sin quererlo, a crear una de las comunidades más grandes de inversores y emprendedores”, comentó.

“Las redes sociales te permiten hacer lo que te apasiona y encima te pagan. No tienen techo. En el mundo está cambiando. Hoy los jóvenes no conciben la idea de trabajar para otro, sino de lo que te gusta”, detalló.

La comunidad se conforma entre un canal de Youtube, cuentas de Facebook e Instagram, y una Academia digital, donde se ofrecen cursos con diferentes tipos de niveles, que es otra de sus fuentes de ingreso. Por último, sigue su pasión por el mundo de las finanzas a través de su labor como analista técnico de mercados financieros.

- Pudiste transformar tu realidad económica. Ahora ¿cuál es tu sueño?

- Soy bastante simple. No quiero mucho más que tener tiempo y pasarla bien con los míos. No tengo más ambiciones que esas. Nos preparan para salir al mundo para consumir, pero jamás para crear riqueza. Es un crimen no hacer lo que te gusta. Si yo pude, cualquiera puede.

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