Por Guillermo Andino
Por Carolina Prat
Decir que se comunica con los demás a través del humor, que es la primera respuesta que casi siempre tiene, como si fuera un atajo y la reacción que le sale ante situaciones cotidianas y que además es su materia prima en el trabajo; es referirse a Sebastián Wainraich. El conductor, humorista, guionista y actor, que comenzó trabajando en radio a los 16 años y que desde entonces sigue en ese medio, confiesa sereno y categórico: "Otra cosa no sé hacer”.
Haberse criado en el barrio de Villa Crespo despertó su pasión por el club de fútbol Atlanta y ese fanatismo también marcó su carrera profesional. Empezó como comentarista deportivo en un programa radial que se llamaba “Mundo Bohemio“, cuando aún tenía pelo y lo llevaba largo con rulos como el colombiano Valderrama. Desde ahí, con el humor como premisa, siguió trabajando en radio y televisión.

Fue notero en míticos programas como “Indomables” y “Arde Troya” y compartió la conducción de TVR con su amigo Gabriel Schultz. Una mención especial merece su paso por “La Biblia y el Calefón”, en 2011, cuando asumió la responsabilidad de reemplazar a Jorge Guinzburg, un “maestro” admirado por Wainraich.
Si bien comparten profesión con su pareja Dalia Gutmann, con quien tiene 2 hijos (Kiara de 12 y Federico de 7 años), confiesa que no ve la posibilidad de que puedan trabajar juntos.
Hay un tema en la vida de Sebastián Wainraich que ocupa un lugar central, ni él ni su entorno lo entienden demasiado, pero se lo respetan y hasta festejan. Se trata de una larga lista de TOCs con los que convive: el número debe ser impar siempre, la alarma a las 7.23, impar el volumen de la música y el de la radio.

“Debo ser un imbécil, será una inseguridad, algo infantil, pero es lógica pura”, se justifica el conductor de Metro y Medio (el programa que conduce con Julieta Pink desde hace 13 años en Metro 95.1). De alguna cábala reconoce que se avergüenza un poco, como la de no usar prendas verdes cuando Atlanta juega con Ferro. Y la lista de TOCs se amplía: “A Julieta Pink (su coequiper en la radio) le pruebo todas las camperas, ella me las da directamente, me gusta probar a ver cómo me queda”. Y uno más que describe serio: “Lo que necesito sí, cuando viene un invitado a la radio es que quede en remera, que no quede en buzo. A veces Julieta pide que se saque el buzo que a mí molesta, o se lo pido yo al aire porque siento que el aire te da más protección” concluye sin poder explicar el motivo.
“En la radio hago el programa que me gusta hacer” dice Sebastián Wainraich, mientras repasa su presente laboral. Actualmente está en cartel su unipersonal “Frágil” en le Multiteatro que es una obra en la que repasa en forma desopilante y profunda momentos íntimos, entre los que está incluido la muerte temprana de un hermano. Respecto a esa pérdida, el comediante reconoce que hay situaciones a las que no hay que esquivar: “No hay que hacerse el gil con el dolor porque después te lo cobra”, dice. Y para comienzos del año próximo se viene la comedia “Casi Feliz” en la plataforma Netflix, que lo tiene como coguionista junto a Hernán Guerschuny y como actor principal.

La creatividad es un oficio para Wainraich al que le dedica tiempo y disfruta pensar y crear personajes. Reconoce que a sus compañeros de trabajo los admira mucho y le entretiene compartir espacio con ellos en el programa de radio, también se describe fan de Dalia (su pareja) y se atreve a decir: “Creo que soy más fan yo de ella que ella de mí”. Hacer guiones es lo que más le divierte: “Veo una situación de la vida y me la imagino escribiéndola en un guión, casi siempre va para el lado de la comedia” aunque confiesa que últimamente, piensa que tal vez sea por los años, se está inclinando un poco más a la comedia melancólica.
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