
No llamó demasiado la atención ese ruso alto, un tanto desgarbado que buscaba empleo en Europa. Además usaba un nombre común, Piotr Mijáilov, y se hacía pasar por sargento. Nadie imaginaba que se trataba del mismísimo zar de Rusia, Pedro I, llamado el Grande, y que buscaba llevar a su tierra el know how de las innovaciones en ciencia, política, economía, arte y moda que estaban teniendo lugar en Europa.
Había nacido en Moscú en 1672. Cuando su padre, el zar Alejo I, falleció, lo sucedió el hermanastro de Pedro, Fiodor III, quien en 1682 murió sin dejar descendencia. El joven Pedro debió compartir el trono con su hermanastro Iván V, quien cedió la regencia en su hermanastra Sofía. Finalmente Pedro terminó encerrando a Sofía en un convento, desplazó a Iván V, le dio el poder a su madre y cuando ella murió en 1694, se transformó en el nuevo zar.
Su viaje a Europa
Con un ambicioso plan expansionista en mente, emprendió entre 1697 y 1698 un viaje por diversos países de Europa. Fue acompañado de una delegación formada por alrededor de 250 personas, grupo que fue conocido como Gran Embajada. Estableció contactos diplomáticos en Prusia, Austria, Inglaterra, Polonia y Alemania, y buscó aliados en la lucha contra el Imperio otomano.
El joven zar ruso viajaba de incógnito con el nombre de Piotr Mijáilov. El mismo se empleó, por ejemplo en Prusia, donde aprendió la técnica de la artillería. En los Países Bajos fue carpintero y herrero, mientras tomaba nota sobre cómo construían los barcos. Estuvo también en Inglaterra, donde analizó su sistema político y el funcionamiento de su economía. También trabajó en sus talleres navales, aunque envió a varios de sus colaboradores a emplearse en España, para que se instruyeran en su técnica naval.
Luego de comprobar cómo se desenvolvían las potencias en los distintos campos del conocimiento, y después de tener la información necesaria de los avances técnicos, regresó a Rusia. Además, invitó a cientos de especialistas extranjeros a trabajar en su país.
Reformista
Ya en su país, reorganizó el Estado, creó el Senado y consejos ministeriales; dividió el país administrativamente, y se procuró de recursos a través de la aplicación de diversos impuestos. El ejército pasó a estar compuesto por tropas listas para el combate y formó una marina que usaría para sus planes expansionistas. Fundó escuelas técnicas, una academia de ciencias, abrió imprentas y hasta comenzó a editarse un periódico.
También abolió el calendario tradicional ruso, en donde el año empezaba el 1 de septiembre, y lo cambió por el juliano, que comenzaba el 1 de enero. Y ordenó la realización de un censo, que en su país nunca se había hecho.
La nueva moda
El proceso de los cambios que aplicó causaría la sorpresa en muchos y escozor en otros, ya que chocaba con una arraigada mentalidad tradicionalista. Porque traía en mente hacer cambios en las rígidas costumbres rusas. Fue así que decretó que las mujeres ya no debían usar el velo que le cubría el rostro, y que podían tener vida social. En cuanto a los hombres, debían vestir como lo hacían los nobles europeos, con trajes elegantes y especialmente no debían lucir barba, ya que en Europa no se usaba.
¿Cómo comunicó esta novedad? En septiembre de 1698 reunió a los nobles y él mismo, provisto de navajas y tijeras, les fue cortando las barbas a sus colaboradores.

Muchos, a regañadientes, acataron la decisión, conociendo el carácter del monarca; pero otros, más ortodoxos, no quisieron saber nada, ya que la barba era considerada como algo casi sagrado. Algunos, llegaron a guardar sus barbas y disponían que, cuando fallecieran, fueran depositadas en el ataúd.
Impuesto
La propia policía era la encargada de velar por el cumplimiento de esta disposición. Pobre el barbudo que era sorprendido en la vía pública: era llevado al destacamento policial, donde se lo afeitaba a la fuerza.
Aun así, como la resistencia era difícil de doblegar, llevó a Pedro I a aplicar un impuesto a la barba. Los ricos debían abonar 100 rublos al año; los nobles y militares, 60; los ciudadanos, 30 y los campesinos y los más humildes un kopek, una centésima parte de un rublo. Y los que aún se rebelaban, se les quitaba la barba, después de recibir una golpiza.
Al abonar el impuesto, se entregaba una moneda especial, como constancia de pago. El impuesto rigió hasta 1772.

Pedro se casó dos veces. Con su primera mujer tuvo dos hijos, Alejo y Alejandro. El príncipe Alejo falleció estrangulado a los 28 años, al ser acusado de participar de un complot contra su padre.
El emperador ruso murió el 8 de febrero de 1725, a los de 52 años, en San Petersburgo, en la ciudad que había fundado. El otro monarca que continuaría por su misma senda de progreso sería Catalina II La Grande, quien también haría poner las barbas en remojo a más de uno.
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