El emocionante ejemplo de dos profesoras cercadas por el agua que siguen dando clase a través del Skype

Hace quince meses que General Villegas, la patria chica de Antonio Carrizo y Manuel Puig, sufre bajo la garra del agua. Pero dos profesoras de un colegio secundario prueban la verdad de una antigua máxima: “Querer es poder”

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El agua sigue cercando a General Villegas. Las lluvias y el desborde del río Quinto, que nace en San Luis y pasa por Córdoba, anegan buena parte de sus 700 mil hectáreas productivas. Es la noticia del día.

Por lo demás, poco se menciona a General Villegas: uno de los 135 partidos de la provincia de Buenos Aires. Fundación: 1886 Superficie: 7.265 kilómetros cuadrados. Habitantes: 17 mil almas.

Sin embargo, es notoria por dos hijos. Antonio Carrozzi (luego Antonio Carrizo (1926–2016), rey de locutores, y Manuel Puig (1932–1990), el brillante escritor que rebautizó a General Villegas como Coronel Vallejos en su imprescindible segunda novela "Boquitas pintadas".

Pero hoy no hay tiempo para remembranzas. Hace quince meses que esa bestia desbocada, el agua, cerca vidas y haciendas. Y como tantas veces, sobre el desastre se alza el heroísmo. O en todo caso, el ingenio…

Esta vez, encarnado en dos mujeresVanesa Ghigliano y Yésica Sola, profesoras de la escuela secundaria número 3 de Coronel Charlone, uno de los puntos más azotados de Villegas.

Daniela Vicente, la directora, cuenta que "estamos rodeados de agua, nuestra escuela tiene un plantel de treinta profesores, y la mitad de ellos no viven en Charlone. Dos de ellas, Vanesa y Yésica, son de Santa Regina, y no pueden llegar: de ese pueblo, hoy sólo es posible salir en un camión Unimog… Por eso fue necesario pensar en alguna solución para que los chicos no perdieran las clases".

Y no es poco lo que pierden. Nada menos que Teoría de las Organizaciones, Economía Política, y Macro y Microeconomía , materias de cuarto, quinto y sexto año claves para la orientación de esa escuela: Economía y Gestión.

La semana pasada, la directora Vicente habló del problema con la jefa del distrito escolar María Luisa Inaevni, y ésta le dijo: "¿Por qué no probás con Skype?"

Hasta ese momento, las dos profesoras prisioneras del agua mandaban sus instrucciones para las tareas por mail, y una preceptora o una secretaria las transmitían a los alumnos. Pero faltaba lo esencial: la explicación teórica de los temas.

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¡Manos a la obra! Como por arte de magia,  el Skype fue el aula. Vanesa recuerda que "cuando me propusieron esa estrategia me sentí extraña: ¡no sabía usar Skype! Pero resultó sencillo… A los alumnos, la primera conexión les causó gracia. Pero apagadas las risas, empezamos a trabajar con total normalidad. Desde luego, modificamos algo el plan de clases, porque no es lo mismo la presencia cercana que la comunicación a distancia. Pero vamos adelante".

En tanto, Yésica confiesa: "Dudé, no tuve una buena expectativa, pero la experiencia resultó óptima. No sólo puedo indicar los temas: también explicarlos y profundizarlos… Tengo una alumna integrada. Mientras sus compañeros trabajan supervisados por una preceptora, puedo ocuparme de esa alumna a la que había visto pocas veces por el problema del agua… y el trabajo fue excelente. Por supuesto, dar clases por Skype no es lo mismo que cara a cara, pero es mucho más que la ausencia, la nada".

Desde luego, ni profesores ni alumnos ignoran una amenaza que nada tiene que ver la furia del agua. Los alumnos de sexto año temen que el cierre de los tambos genere desocupación, y sus posibilidades de trabajo se reduzcan.

Sobre ese punto, Vanesa dice que "son chicos grandes, conocen la situación, sufren por la tristeza de sus padres, la falta de plata, el éxodo de algunos…, pero trato de que en mis clases haya buen humor, y no dejemos de reírnos cuando se puede".

El dramaturgo rumano Eugene Ionesco escribió una obra capital: "Rinoceronte". De pronto, poco a poco, todos los habitantes de una comarca se convierten en rinocerontes, se jactan de su fuerza, y arrasan con todo. Pero sobre el techo de una casa queda el héroe: Berenger. Que grita:
–¡Soy el último hombre, pero no capitularé!

A veces la ficción y la realidad se unen, implacables.

Yésica y Vanesa, rodeadas por el agua, frente a sus pantallas y a la ventana del Skype, tampoco capitulan.