
El aire en el interior de las viviendas está saturado de microplásticos invisibles, partículas que las personas inhalan cada día en cantidades que pueden sumar millones al año. Diversos estudios recientes confirman que pequeños cambios en los hábitos y la selección de materiales en el hogar pueden reducir esta exposición, según un reportaje publicado por el medio británico BBC.
Aunque durante años se pensó que la principal vía de ingreso de microplásticos al cuerpo era la alimentación, ahora se reconoce que la inhalación puede superar en peso relativo a la ingestión. En países donde el consumo de moluscos —como los mejillones— es elevado, se calculaba una ingesta anual de alrededor de 4.620 partículas; sin embargo, durante el mismo proceso de cocinar o comer, la contaminación aérea podría multiplicar entre 3 y 15 esa cantidad.
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La mayor parte del contacto con estos compuestos ocurre mientras se permanece en espacios cerrados, lo que convierte a la vida cotidiana en uno de los principales vectores de ingreso de microplásticos al organismo. En la actualidad, en naciones desarrolladas se pasa aproximadamente el 90% de la vida en interiores, lo que explica que la inhalación se haya vuelto un factor predominante.
El caso de Estados Unidos ilustra la magnitud del fenómeno: se estima que una persona puede inhalar hasta 22 millones de micro y nanoplásticos al año en ambientes domésticos.

Impacto en la salud humana
La exposición cotidiana a microplásticos en el aire interior representa un riesgo potencial para la salud, ya que estas partículas pueden ser inhaladas y alcanzar diferentes órganos. Si bien pueden quedar atrapados en el moco de las vías respiratorias y ser eliminados, las partículas de menor tamaño tienden a avanzar hasta los pulmones y diversos órganos.
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Investigaciones en animales demostraron el desplazamiento de estas partículas hacia el timo, bazo, testículos, hígado, riñones y cerebro en apenas tres días, con evidencia de inflamación en múltiples órganos.
Annelise Adrian, responsable del área de plásticos y ciencia de materiales en el World Wildlife Fund, advirtió que “las fibras tienen el peor impacto para la salud cuando son inhaladas; su forma facilita la retención de toxinas”, y que los microplásticos en forma de fibras, por su morfología, tienden a permanecer más tiempo en el cuerpo.
Asimismo, las partículas de menos de cinco micrómetros pueden ingresar en las células y acumularse en diferentes órganos y generar riesgos inflamatorios cuya magnitud aún se investiga.
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Las dudas sobre la toxicidad dependen también de la flexibilidad del microplástico, en comparación con otros materiales como el asbesto. Además, Stephanie Wright, investigadora del Imperial College de Londres, subrayó que estos microplásticos pueden transportar bacterias y otros contaminantes, lo que amplía el riesgo de toxicidad ambiental y biológica.

Los textiles sintéticos y el polvo: principales fuentes de microplásticos en casa
El origen de estos microplásticos es mayoritariamente textil. Prendas fabricadas con materiales sintéticos —como el poliéster, el nailon o las mezclas plásticas— liberan fibras microscópicas cada vez que se lavan, usan o simplemente rozan.
Wright explicó que prácticamente todos los muebles tapizados, cortinas, ropa de cama y alfombras contribuyen a esta contaminación por el desgaste diario: “Durante cualquier uso, desde sentarse hasta aspirar o lavar, se generan microplásticos”.
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Cuando estos fragmentos de plástico se asientan, suelen acumularse en el polvo doméstico, que se levanta fácilmente al realizar tareas cotidianas y vuelve a ser inhalado. Según un estudio liderado por Jeroen Sonke, biogeoquímico del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, el aire en tres apartamentos en Toulouse contenía más de 500 fragmentos/m³, cifra que dentro de un automóvil ascendía a más de 2.200.
El equipo demostró, al usar espectroscopía Raman, que las partículas más pequeñas —entre uno y 10 micrómetros— penetran con mayor profundidad en los pulmones que las de mayor tamaño. Sonke y sus colegas calcularon que un bebé podría inhalar diariamente entre 19.000 y 75.000 partículas de microplásticos de ese tamaño. Para los adultos la exposición fluctúa entre 28.000 y 108.000 partículas al día.
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Los métodos para medir las concentraciones de microplásticos en el aire continúan como objeto de debate entre los expertos. Douglas Walker, especialista en salud ambiental de Emory College, explicó que aún no existe un estándar internacional para su cuantificación, lo que complica la comparación entre estudios y regiones.

Estrategias caseras para reducir la exposición
Algunas soluciones tecnológicas y cambios en los hábitos pueden mitigar el problema, aunque no lo eliminan. Una investigación multinacional realizada en 29 países verificó que, más allá de las diferencias culturales o edilicias, el uso regular de aspiradoras contribuye a reducir la concentración de microplásticos en espacios interiores.
Para maximizar la eficacia del aspirado y minimizar la resuspensión de partículas, los especialistas sugieren emplear aspiradoras equipadas con filtros de aire de partículas de alta eficiencia (HEPA, por sus siglas en inglés) y sistemas sellados. En condiciones óptimas, estos sistemas fueron capaces de remover más del 99% de nanoplásticos del aire en pruebas controladas.
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Dana Barr, profesora de ciencias de la exposición en la Universidad de Emory y directora del Hercules Exposome Research Center, señaló: “Los modelos más eficaces son aquellos que incluyen múltiples etapas de filtrado, con zonas gruesas y finas capas. Cuantas más etapas apiladas haya, más tamaños de partículas se pueden atrapar”.
A su vez, Barr recomendó el uso de mascarillas N95 durante la limpieza y vaciar los depósitos en ambientes bien ventilados.
Además de optimizar la limpieza, los expertos recomiendan instalar filtros adicionales en las lavadoras, capaces de retener hasta el 90% de las microfibras presentes en el agua de desecho, según técnicos citados.
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Además, cambiar el hábito de lavar solo cuando sea imprescindible y preferir secar la ropa al aire libre, si las condiciones lo permiten, disminuyen la emisión de fibras contaminantes al ambiente interior.
En tanto, optar por prendas fabricadas enteramente con algodón, lana o lino resulta más costoso, pero permite reducir la exposición a microplásticos filamentarios. No obstante, Adrian advirtió que producir fibras naturales demanda un mayor gasto de agua y territorio, lo que introduce nuevas tensiones ambientales.
El aire acondicionado, por su parte, podría facilitar la dispersión de microplásticos, ya que las partículas se depositan en las unidades y vuelven a circular. Un estudio realizado en Colombia halló concentraciones más elevadas de microplásticos en habitaciones climatizadas respecto a las ventiladas naturalmente.
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La producción mundial de plástico alcanzó los 460 millones de toneladas anuales y, sin reformas sistémicas, la responsabilidad de reducir la contaminación recae principalmente en los hogares y consumidores. Incorporar fibras naturales u optimizar la ventilación pueden disminuir la exposición al interior, pero el desplazamiento de microplásticos a la atmósfera exterior sigue sin solución a gran escala.
Según los investigadores consultados, la dispersión de microplásticos continúa en expansión mientras las políticas regulatorias mundiales avanzan más despacio que el ritmo del problema.
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