
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte a nivel global, responsables de alrededor de 19,8 millones de fallecimientos anuales, lo que equivale al 32% de todas las muertes registradas en el mundo.
Más de cuatro de cada cinco de estas muertes se deben a infartos y accidentes cerebrovasculares, y la mayoría podrían prevenirse mediante hábitos saludables sostenidos desde edades tempranas. Esta evidencia refuerza la importancia de intervenir durante la juventud para proteger la salud cardíaca a lo largo de toda la vida.
¿Y si el verdadero secreto para evitar infartos y enfermedades graves a los 60 no estuviera en los tratamientos médicos, sino en las decisiones que tomas mientras sos joven? Científicos de la Universidad de Harvard, descubrieron que el corazón sí “recuerda” cada buena o mala costumbre adquirida durante la juventud, y que esos pequeños gestos diarios —como moverse más, comer mejor o dormir bien— pueden marcar la diferencia entre mantenerse saludable o enfrentar graves complicaciones años después.

Investigaciones recientes prueban que los buenos hábitos tempranos son, literalmente, una inversión a largo plazo y el mayor escudo contra el deterioro cardiovascular.
El estudio que conecta juventud y salud futura
La investigación, publicada en JAMA Network Open, analizó a más de 5.000 adultos de Estados Unidos por medio del programa Coronary Artery Risk Development in Young Adults. Los participantes, observados durante 35 años, fueron evaluados mediante el índice Life’s Essential 8 (LE8) de la American Heart Association. Este índice considera ocho factores clave: dieta, actividad física, calidad del sueño, índice de masa corporal, colesterol, glucosa, presión arterial y exposición al tabaco, con una puntuación máxima de 100 que calibra el estado de la salud cardíaca.
El estudio identificó cuatro trayectorias diferentes de salud cardiovascular durante la juventud: niveles persistentemente altos, niveles persistentes moderados, declive moderado y declive de moderado a bajo. Si bien se detectó cierto deterioro general con el paso de los años, quienes mantuvieron una salud cardíaca óptima entre los 20 y los 40 años conservaron un riesgo mínimo de desarrollar enfermedades cardiovasculares en la adultez.

Por el contrario, aquellos con trayectorias menos saludables enfrentaron riesgos entre dos y diez veces superiores de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca, necesidad de revascularización coronaria o fallecimiento por causas cardíacas.
El impacto de pequeñas variaciones en los hábitos
El análisis demostró que descensos modestos en la puntuación LE8 producen un aumento significativo del riesgo futuro: por cada 10 puntos menos entre los 20 y los 40 años, la probabilidad de desarrollar enfermedad cardiovascular avanzada se incrementó en un 53%. Incluso variaciones mínimas en ese periodo, marcado por cambios como el inicio laboral o la formación de una familia, pueden predisponer a complicaciones graves décadas después.

Los expertos enfatizan que la juventud es una etapa crítica para la prevención primordial, ya que es cuando se pueden consolidar hábitos protectores antes de la aparición de factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes. El estudio subraya la necesidad de apostar por la promoción de la salud desde el principio, fortaleciendo prácticas beneficiosas como el ejercicio regular, una dieta equilibrada y la vigilancia de los niveles de colesterol y glucosa.
Intervención temprana para proteger toda una vida
James Guo, autor principal del estudio y residente en el Beth Israel Deaconess Medical Center, afirmó sobre los hallazgos: “Las mejoras en la salud cardiovascular pueden disminuir el riesgo futuro de enfermedades cardíacas y, cuanto antes se adquieran y mantengan buenos hábitos y una buena salud del corazón, mejores serán los resultados”.

Guo añadió que invertir en la prevención de factores de riesgo desde la juventud “puede aportar beneficios a lo largo de toda la vida y reducir la carga global de enfermedades cardíacas para las próximas generaciones”.
La evidencia reunida por la Universidad de Harvard respalda que la promoción de la salud cardíaca en etapas tempranas es la mejor estrategia para evitar complicaciones a futuro. Comenzar pronto y sostener buenos hábitos se consolida como la herramienta más poderosa para mantener un corazón sano a lo largo de la vida.
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