
Cuando el corazón late demasiado rápido en reposo, por encima de los 100 latidos por minuto frente a los 60 a 100 que se consideran normales, el organismo enfrenta un problema que la medicina denomina taquicardia.
La afección, que puede originarse en distintas regiones del órgano, va desde episodios breves y relativamente inofensivos hasta alteraciones potencialmente mortales, según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés). La entidad distingue tres variantes principales, cada una con causas, síntomas y abordajes distintos.
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1- Taquicardia supraventricular (TSV)
La primera de ellas, la taquicardia supraventricular (TSV), se origina en las aurículas, las cavidades superiores del corazón. En este tipo de alteración, los impulsos eléctricos se activan de manera anormal y aceleran el ritmo cardíaco, lo que impide que las cavidades se llenen por completo entre cada contracción. Esa dificultad para completar el ciclo reduce el flujo de sangre hacia el resto del cuerpo.

De acuerdo con la AHA, se trata de la variante más común en lactantes y en la población infantil. En su forma de aparición súbita, conocida como paroxística (TSVP), los episodios pueden presentarse y desaparecer a lo largo de minutos o incluso días, sin un patrón fijo.
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Hábitos cotidianos como el café o el tabaco pueden provocar episodios
Aunque cualquier persona puede experimentar un episodio, el perfil de riesgo abarca un espectro amplio. Factores como la ansiedad, el estrés, la edad (sobre todo a partir de la mediana edad), el sexo femenino, la enfermedad coronaria, la deshidratación y las cardiopatías congénitas figuran entre los principales desencadenantes.
A ese cuadro se suman el consumo excesivo de cafeína o alcohol, el tabaquismo e incluso determinados medicamentos de venta libre indicados para el asma, los resfríos y las alergias. El embarazo y la menopausia completan la lista de condiciones asociadas.

Cuando la TSV se manifiesta, los síntomas más habituales incluyen palpitaciones, debilidad, mareos, dolor en el pecho, falta de aire, sudoración y, en casos graves, desmayos. Quien los padece puede percibir también un pulso fuerte en el cuello o una sensación de aleteo en el tórax.
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La mayoría de quienes padecen taquicardia supraventricular no requiere tratamiento
Pese a la variedad de síntomas posibles, la entidad médica señala que la mayoría de las personas con TSV no necesita intervención. Sin embargo, cuando un episodio debe detenerse, existen maniobras supervisadas por profesionales de la salud que actúan sobre el nervio vago, encargado de regular parcialmente el ritmo del corazón.
Entre ellas se encuentran el masaje del seno carotídeo, que consiste en aplicar presión suave en el cuello donde la arteria carótida se bifurca, así como acciones simples como toser o intentar expulsar aire con la nariz tapada, y el reflejo de inmersión, que implica sumergir el rostro en agua helada.
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Para quienes sufren episodios frecuentes, las opciones terapéuticas avanzan hacia intervenciones de mayor complejidad: medicamentos para controlar la frecuencia o restaurar el ritmo normal, descargas eléctricas controladas mediante parches o paletas para restablecer el latido, y un procedimiento con catéteres en el que tubos flexibles, introducidos por las venas o arterias, generan pequeñas cicatrices en el tejido cardíaco para bloquear las señales eléctricas irregulares.
2- Taquicardia sinusal
A diferencia de la TSV, la taquicardia sinusal presenta un mecanismo distinto y, en general, menos alarmante. En este caso, el nodo sinusal, el marcapasos natural del corazón, emite impulsos eléctricos más rápido de lo habitual. El órgano late con mayor velocidad, pero lo hace de forma ordenada.
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Según la AHA, esta aceleración constituye una respuesta común al ejercicio, la ansiedad, el miedo o el dolor intenso, y se vuelve preocupante solo cuando ocurre en reposo.

Más allá de esas causas cotidianas, existen factores menos frecuentes capaces de provocarla: la anemia, las infecciones, el aumento de la actividad de la tiroides, el daño al músculo cardíaco provocado por un infarto o por insuficiencia, las hemorragias graves y la presión arterial muy baja.
La entidad médica advierte que el tratamiento debe apuntar a la causa de fondo y no limitarse a reducir la frecuencia, ya que frenar el corazón sin abordar el problema subyacente podría resultar contraproducente.
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3- Taquicardia ventricular (TV)
El panorama cambia por completo con el tercer tipo. La taquicardia ventricular (TV) es la variante que presenta mayor riesgo. Se origina en los ventrículos, las cavidades inferiores del corazón, donde las señales eléctricas se disparan de forma desordenada e interfieren con las que provienen del nodo sinusal. El resultado es un ritmo acelerado que compromete el llenado de las cavidades y la irrigación sanguínea de todo el organismo.
La AHA precisa que la gravedad de la TV depende del tipo y de otras afecciones cardíacas. Sus causas habituales incluyen trastornos de conducción eléctrica: falta de flujo coronario que priva de oxígeno al tejido, deformaciones estructurales, efectos de fármacos, sustancias ilícitas, enfermedades inflamatorias como la sarcoidosis (que afecta la piel y otros tejidos) y cicatrices de infartos previos, entre otras.
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A diferencia de la TSV, donde los síntomas rara vez ponen en peligro la vida, en la TV el cuadro puede ir desde mareos, náuseas y dolor en el pecho hasta desmayos y, en los casos más extremos, un paro cardíaco.

El tratamiento varía según cada caso e incluye fármacos para prevenir las alteraciones del ritmo, un procedimiento que destruye las células responsables de la irregularidad mediante radiofrecuencia, la colocación quirúrgica de un dispositivo capaz de emitir pulsos eléctricos para corregir latidos peligrosos y, en situaciones de emergencia, descargas eléctricas inmediatas.
Independientemente de la variante, el diagnóstico se realiza habitualmente mediante un electrocardiograma (ECG). En los casos de TSVP, dado que los episodios son esporádicos, el registro obtenido durante una consulta puede resultar normal, por lo que los profesionales suelen indicar monitores portátiles que graban la actividad del corazón a lo largo del tiempo para detectar las irregularidades.
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