
El hombro congelado es un síntoma cada vez más discutido entre mujeres de mediana edad en el contexto de la menopausia, a raíz de experiencias compartidas por figuras públicas como Amy Poehler y Teri Hatcher.
Esta afección, también conocida como capsulitis adhesiva, provoca dolor intenso y una marcada restricción en la movilidad, dificultando actividades cotidianas e incluso el descanso, según The New York Post, Medical News Today y Cleveland Clinic. El interés creciente está relacionado tanto con el impacto en la calidad de vida como con el debate médico sobre su origen y posible vínculo con el descenso de los estrógenos durante esta etapa.
Qué es el hombro congelado y cómo se manifiesta
El hombro congelado se considera una condición inflamatoria que afecta la cápsula articular del hombro, produciendo su engrosamiento y endurecimiento, lo que limita gravemente el movimiento. De acuerdo con Cleveland Clinic, los síntomas surgen de manera progresiva y pueden durar entre uno y tres años. Las molestias principales incluyen dolor persistente y rigidez, que suelen intensificarse durante la noche, impidiendo el descanso y las tareas diarias.

Estos síntomas iniciales a menudo se confunden con lesiones musculares menores o molestias propias del envejecimiento, lo que puede retrasar el diagnóstico adecuado. Según Medical News Today, tanto el dolor como la rigidez aumentan de forma paulatina y la pérdida de movilidad puede hacer que tareas simples, como abotonarse la ropa o alcanzar objetos altos, se vuelvan imposibles.
Influencia hormonal y factores de riesgo
Sobre el vínculo con la menopausia, la comunidad médica sostiene posturas diversas. The New York Post destaca la opinión de la Dra. Iman Saleh, quien señala que los receptores de estrógeno en el tejido conectivo del hombro mantienen su elasticidad, por lo que la reducción de esta hormona podría provocar mayor rigidez.
Saleh indica que el estrógeno ofrece un efecto antiinflamatorio, de modo que su descenso favorece la inflamación articular y la restricción de movimiento.

Por su parte, Medical News Today subraya que los estudios actuales no muestran una relación causal directa entre la menopausia y el hombro congelado. Si bien el dolor articular y otros problemas musculoesqueléticos aumentan en la peri y posmenopausia, el envejecimiento y factores como trastornos del sueño, fatiga y alteraciones emocionales también influyen.
Un análisis citado indica que aproximadamente el 71% de quienes atraviesan la perimenopausia padecen dolor musculoesquelético, dificultando separar la influencia hormonal del simple paso de la edad.
El hombro congelado afecta principalmente a mujeres de 40 a 60 años. Tanto Cleveland Clinic como The New York Post apuntan que enfermedades sistémicas como diabetes, trastornos tiroideos, enfermedad de Parkinson, patologías cardiovasculares y lupus incrementan el riesgo. La inmovilización prolongada del hombro tras una cirugía, lesión o ACV también es un factor contribuyente.

Los antecedentes familiares de hombro congelado o enfermedades autoinmunes aumentan el riesgo. Además, The New York Post menciona que un bajo índice de masa corporal y el estrés emocional crónico pueden favorecer la inflamación y la incidencia de la enfermedad.
Etapas, diagnóstico y tratamiento
El desarrollo clínico del hombro congelado suele dividirse en tres etapas: la fase de congelación (seis semanas a nueve meses), donde crecen el dolor y la pérdida de movilidad; la fase congelada (cuatro a doce meses), en la que el dolor disminuye pero la rigidez persiste; y la fase de descongelación (seis meses a dos años), donde la movilidad se recupera gradualmente.
El tratamiento estándar es la fisioterapia especializada orientada a ejercicios de estiramiento y fortalecimiento, siempre guiados por profesionales. Entre las opciones médicas se encuentran antiinflamatorios, paracetamol, inyecciones de corticoides y bloqueos nerviosos para aliviar dolor e inflamación.

En mujeres menopáusicas, la terapia hormonal sustitutiva podría ser beneficiosa, aunque la evidencia es preliminar. También se exploran terapias complementarias como la luz roja, aunque su eficacia a largo plazo no está establecida.
La cirugía se reserva para casos más resistentes y busca liberar la cápsula articular, aunque los resultados pueden ser similares a los métodos conservadores.
Prevención, visibilidad y recomendaciones
Para prevenir el hombro congelado, los expertos recomiendan mantener actividad física regular, evitar el sedentarismo y practicar ejercicios diarios de movilidad y estiramientos, especialmente tras lesiones o cirugías. Controlar enfermedades crónicas y adoptar una dieta antiinflamatoria pueden reducir el riesgo.
La mayor visibilidad de esta afección entre mujeres menopáusicas se debe en parte a los testimonios de celebridades y su difusión en redes sociales. Amy Poehler y Teri Hatcher han compartido sus experiencias, visibilizando el impacto en la vida cotidiana.
Ante dolor o rigidez persistente en el hombro, los especialistas de Medical News Today y Cleveland Clinic coinciden en la importancia de consultar con un profesional de la salud para acceder a un diagnóstico y tratamiento adecuados, lo que puede mejorar notablemente la calidad de vida.
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