
La mayoría de los niños comienza a perder los dientes de leche alrededor de los 6 años, aunque este proceso puede extenderse hasta los 12, con variaciones frecuentes en el tiempo de inicio, según Cleveland Clinic.
Cronología y señales normales del recambio dental
La edad en que inicia el recambio dental varía en cada niño. El odontopediatra Daniel Gindi, de Cleveland Clinic, explica que el momento en que se cae el primer diente suele coincidir con la cronología de la aparición inicial. Es decir, si un pequeño tuvo una dentición temprana, probablemente también experimentará una caída precoz. En contraste, si la dentición fue tardía, la pérdida de los dientes temporales suele retrasarse.
Durante este periodo, es normal que la caída de los dientes ocurra en oleadas. Algunos niños pueden perder varias piezas en poco tiempo y luego pasar meses sin cambios, detalló Gindi. Este cambio puede causar inquietudes, pero forma parte del ciclo habitual, según Cleveland Clinic.

El calendario típico se inicia con los incisivos centrales, entre los 6 y 7 años. Generalmente, primero se desprenden los inferiores y posteriormente los superiores. En este momento, también suelen aparecer los primeros molares permanentes, conocidos como “molares de los seis años”, que crecen detrás de los molares de leche y permanecen de forma definitiva.
Entre los 7 y 8 años, los incisivos laterales toman el relevo. Usualmente, la secuencia comienza por la arcada inferior y ocurre después en la superior.
Desde los 9 hasta los 10 años, los caninos inferiores empiezan a aflojarse, mientras que los superiores suelen esperar hasta una etapa más avanzada.

El turno de los primeros molares, tanto superiores como inferiores, llega entre los 10 y 11 años.
La etapa final se produce entre los 11 y 12 años, cuando caen los caninos superiores y los segundos molares. Estas piezas suelen ser las últimas temporales en desprenderse. Además, en este periodo afloran los molares definitivos denominados “de los doce años”, completando la dentadura adulta, a excepción de las muelas del juicio.
Qué observar y cuándo consultar al especialista
Un signo temprano de que un diente está por caerse es la percepción de movilidad o una sensación extraña al comer o cepillarse. Los niños manifiestan a menudo molestias o el desplazamiento leve del diente.
Cleveland Clinic indica que la mayoría de los dientes flojos se desprende sin dolor durante acciones cotidianas, como masticar o jugar. Sin embargo, Gindi sugiere que se puede alentar al niño a mover suavemente el diente con la lengua o un dedo limpio. “Los niños que no mueven sus dientes flojos pueden desarrollar inflamación o encías agrandadas”, advierte el especialista.

Si surge dolor intenso, inflamación persistente o dificultades para que el diente se desprenda, es recomendable acudir a un profesional. Normalmente, la intervención de un adulto solo debe considerarse si el diente está muy suelto, ya que forzar su caída prematura podría ocasionar lesiones en las encías o afectar las piezas definitivas.
Cuidados, higiene y señales de alerta
La higiene dental infantil adquiere especial importancia en esta etapa. Aunque los dientes de leche son temporales, cumplen la función de reservar espacio para los dientes permanentes y permiten el desarrollo adecuado de la mandíbula, destaca Gindi de Cleveland Clinic. La pérdida anticipada, ya sea por caries o traumatismos, puede provocar el desplazamiento de los dientes vecinos y, a largo plazo, apiñamiento dental (dientes amontonados o torcidos por falta de espacio)
El cepillado debe efectuarse cada mañana y noche, con el apoyo de hilo dental antes de dormir. Estas rutinas previenen infecciones y contribuyen a que los dientes definitivos se mantengan en buen estado durante toda la vida.

Cuando finalmente un diente se desprende, pueden presentarse molestias leves o hinchazón en la encía. Para aliviar el malestar, basta en la mayoría de los casos con paracetamol o ibuprofeno, respetando la pauta profesional y la edad del menor. Es fundamental vigilar signos como sangrado prolongado, enrojecimiento, hinchazón persistente o fiebre, ya que podrían ser indicadores de complicaciones.
Distinguir entre una caída natural y una pérdida accidental es clave. Si un diente se pierde antes de los 4 años, o si no hay signos de movilidad a los 8 o 9 años, es imprescindible consultar al odontopediatra. Situaciones asociadas a traumatismos, dolor sostenido o ausencia de dientes definitivos deben valorarse con pruebas como radiografías o análisis de sangre para descartar posibles alteraciones, de acuerdo con Cleveland Clinic.
El recambio dentario fuera del intervalo habitual, la pérdida traumática o síntomas persistentes justifican la intervención profesional. Aun así, en la mayor parte de los casos estas variaciones corresponden al desarrollo normal, asegura Cleveland Clinic.
Ante la frecuente preocupación de los padres por la cronología de la caída de dientes en niños, los especialistas enfatizan que el ritmo individual es parte del desarrollo infantil. El proceso puede iniciar antes o después de lo anticipado sin que esto signifique necesariamente un problema.
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