
MARTES, 7 de enero de 2024 (HealthDay News) -- Durante mucho tiempo ha sido un misterio por qué las personas necesitan una vacuna contra la gripe cada año, aunque las vacunas que recibieron en la niñez siguen protegiéndolas del sarampión y las paperas.
Los investigadores ahora creen saber por qué varía la efectividad de la vacuna, e incluso han ideado un análisis de sangre para verificar la durabilidad de una vacuna.
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"Nuestro estudio define una firma molecular en la sangre, inducida a los pocos días de la vacunación, que predice la durabilidad de las respuestas a las vacunas y proporciona información sobre los mecanismos fundamentales que subyacen a la durabilidad de las vacunas", señaló en un comunicado de prensa de la universidad el investigador principal, Bali Pulendran, profesor de microbiología e inmunología de Stanford Medicine.
Esta prueba podría usarse para crear planes de vacunación individualizados para las personas, prediciendo cuándo algunas necesitarán un refuerzo antes que otras, dijeron los investigadores.
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Por qué algunas vacunas persuaden al cuerpo para que produzca anticuerpos durante décadas mientras que otras duran apenas meses "ha sido uno de los grandes misterios de la ciencia de las vacunas", dijo Pulendran.
Resulta que la durabilidad de la vacuna tiene mucho que ver con un tipo de célula sanguínea llamada megacariocitos, que normalmente están implicados en la coagulación de la sangre, según los resultados, que se publicaron el 2 de enero en la revista Nature Immunology.
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Para el estudio, los investigadores dieron seguimiento a 50 personas que recibieron una vacuna experimental contra la gripe aviar H5N1.
Los pacientes fueron asignados al azar para recibir la vacuna sola o en combinación con un adyuvante, una mezcla química que mejora la respuesta inmunitaria a una vacuna.
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Las muestras de sangre recogidas en una docena de puntos temporales durante los primeros 100 días después de la vacunación hicieron un balance de todos los genes, proteínas y anticuerpos que actúan durante la respuesta inmunitaria de cada persona.
Los investigadores encontraron un patrón en las muestras de sangre asociado con la fuerza de la respuesta de anticuerpos de una persona meses después de su vacunación.
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Este patrón se reflejó principalmente en el material genético contenido en sus plaquetas, las pequeñas células que forman coágulos en la sangre.
Las plaquetas se forman a partir de megacariocitos que se encuentran en la médula ósea, apuntaron los investigadores. Entran en el torrente sanguíneo desprendiéndose de los megacariocitos y, por lo tanto, transportan parte de la información genética contenida en las células más grandes.
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"Lo que aprendimos fue que las plaquetas son un indicador de lo que está sucediendo con los megacariocitos en la médula ósea", dijo Pulendran.
Para verificar que los megacariocitos tenían algo que ver con la durabilidad de la vacuna, los investigadores administraron a ratones de laboratorio la vacuna contra la gripe aviar junto con trombopoetina. Ese fármaco aumenta el número de megacariocitos activados en la médula ósea.
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Resultó que la trombopoetina condujo a un aumento de seis veces en los niveles de anticuerpos contra la gripe aviar en un plazo de dos meses, dijeron los investigadores.
Experimentos posteriores revelaron que los megacariocitos producen bioquímicos que aumentan la supervivencia de las células de la médula ósea responsables de producir anticuerpos.
"Nuestra hipótesis es que los megacariocitos proporcionan este entorno nutritivo y favorable a la supervivencia en la médula ósea para las células plasmáticas (inmunitarias)", dijo Pulendran.
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Para ver si esto era cierto para otros tipos de vacunas, los investigadores observaron datos recopilados previamente sobre casi 250 personas que recibieron siete vacunas diferentes, incluidas las de la gripe estacional, la fiebre amarilla, la malaria y la COVID-19.
Las mismas señales de activación de megacariocitos se asociaron con una producción de anticuerpos más duradera para las siete vacunas, encontraron los investigadores.
En esencia, la firma podría predecir qué vacunas duraron más, así como qué personas tendrían una respuesta más duradera.
"El poder predictivo de la firma asociada con las plaquetas pareció ser válido en una amplia gama de vacunas, lo que sugiere la existencia de un mecanismo conservado que subyace a la durabilidad de la vacuna", escribió en un editorial que acompañó al nuevo estudio el Dr. Petter Brodin, pediatra del Instituto Karolinska, en Suecia.
"Esto plantea la tentadora perspectiva de desarrollar una herramienta práctica para predecir la longevidad de las respuestas inmunitarias durante el desarrollo de vacunas y los ensayos clínicos", continuó Brodin.
El equipo de investigación planea realizar más estudios destinados a averiguar por qué algunas vacunas estimulan niveles más altos de activación de megacariocitos. Este conocimiento podría ayudar al desarrollo de vacunas más potentes y duraderas.
También quieren desarrollar pruebas sobre cuánto tiempo es probable que dure una vacuna, lo que podría conducir a planes de vacunación personalizados para cada persona.
"Podríamos desarrollar un ensayo de PCR simple (un chip de vacuna) que mide los niveles de expresión génica en la sangre solo unos días después de que alguien se vacune", dijo Pulendran. "Esto podría ayudarnos a identificar quién podría necesitar un refuerzo y cuándo".
Más información
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ofrecen más información sobre cómo funcionan las vacunas.
FUENTE: Universidad de Stanford, comunicado de prensa, 2 de enero de 2025
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