
Con el estreno de la película Intensamente 2, el debate sobre las emociones se puso en el centro de la escena desde hace unas semanas. El film de Disney y Pixar habla de las emociones en la adolescencia y el rol de la ansiedad, la envidia, aburrimiento y la vergüenza en el despertar de la pubertad.
Afortunadamente, hablar de salud mental dejó de ser tabú en muchos ámbitos, tanto en la Argentina como en el mundo, y los jóvenes y adultos se animan cada vez más a hablar de las cuestiones que perturban la estabilidad psíquica. Temas que ser verbalizan en voz alta porque cada vez son más prevalentes.
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Así lo muestran los datos: un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que uno de cada cuatro argentinos tiene sintomatología ansiosa y depresiva.
Según los datos de esa universidad, en 2023, marcado por un contexto nacional económico inflacionario y recesivo, el 26,7% de la sociedad sintió malestar psicológico. La cifra es la más alta desde que se realiza esta medición, hace 20 años. Y las proyecciones indican que seguirá en aumento, estimaron desde el organismo que publicó el relevamiento en diciembre.
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Como anticipó Infobae, otro informe divulgado en febrero -en este caso del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- mostró resultados que encienden las alarmas al revelar que el 45,5% de los argentinos está atravesando una crisis, ya sea vital o económica, y el 9,4% de las personas están en riesgo de sufrir un trastorno mental, entre otros datos relevantes de la muestra.
Cabe aclarar que la ansiedad en sí misma no es mala. “Es considerada una respuesta adaptativa para que todos los seres humanos puedan direccionar la atención a los estímulos amenazantes”, explicó en una nota reciente con Infobae la doctora en neurociencias, neuropsicóloga y presidenta de Fundación Ineco, Teresa Torralva (MN 20816).
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“Sentir ansiedad de modo ocasional forma parte de la vida -sostuvo-. Sin embargo, esto se vuelve un problema cuando aparecen preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes en situaciones de la vida diaria”.
¿Qué factores influyen en el aumento del malestar psicológico?

Consultada al respecto por Infobae, la investigadora y doctora en Psicología Solange Rodríguez Espínola, quien se desempeña como coordinadora del equipo Capital Humano y Bienestar del ODSA señaló que el informe “midió la sintomatología ansiosa y depresiva a través de una escala abreviada que calcula el malestar psicológico”.
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“Hemos estado evaluando a personas con puntuaciones altas en ansiedad y depresión como sintomatología, no como trastorno, desde hace muchos años”, sostuvo la experta, quien analizó: “Después de la pandemia, sumado a una situación crítica económica, ocupacional, inflacionaria y laboral, estas condiciones se ven aumentadas. Observamos a lo largo del tiempo que el malestar psicológico afecta a una de cada cuatro personas”.
Para el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), “en las últimas dos décadas, son varios los factores que contribuyeron al aumento del malestar psicológico en Argentina. Entre los que más se pueden destacar están las desigualdades económicas y laborales, que han generado una brecha creciente entre ricos y pobres, así como la precarización laboral y el desempleo”.
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“La inflación y las recurrentes crisis económicas, en este ciclo económico que la Argentina vive, provocan una sensación de incertidumbre y ansiedad en las personas -observó el especialista-. Además, las condiciones de trabajo, en particular el trabajo informal y el subempleo, deterioraron la calidad de vida y bienestar, aumentando el estrés y la ansiedad entre los trabajadores”.
Esta incertidumbre económica, laboral y social genera en las personas una sensación constante de inseguridad y falta de control sobre el futuro. Con la incertidumbre de no poder prever aspectos básicos de la vida como el trabajo y los ingresos como estandarte, para él “este estado interminable de preocupación y estrés puede llevar a las personas a tener más ansiedad y depresiones”.
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Quiénes sufren más la ansiedad

Según Rodríguez Espínola, “en el período post pandemia y en situación de crisis, el malestar psicológico vuelve a tener un impacto mayor, especialmente en los estratos socioeconómicos medios. La diferencia por condición socioeconómica está presente, aunque adquiere características distintivas que no eran las que se venían mostrando de manera diferencial a lo largo de toda la serie”.
En la misma línea, para Calvo, “los síntomas de ansiedad y depresiones cambian de acuerdo con el nivel socioeconómico. Las personas de niveles socioeconómicos bajos viven mayores niveles de ansiedad y depresiones, principalmente debido a la inseguridad financiera, el menor acceso a recursos y el limitado apoyo social”.
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La falta de dinero genera constante preocupación sobre la capacidad de satisfacer necesidades básicas como vivienda, alimentación y salud. “La falta de recursos económicos limita las posibilidades de planificar y afrontar imprevistos, lo que hace que el estrés aumente”, sostuvo el especialista, para quien “este entorno de inestabilidad y falta de control sobre el futuro es un detonante significativo para la ansiedad”.
En este punto, la especialista de la UCA remarcó que “las condiciones de ansiedad y depresión siempre son más altas en mujeres, según informes epidemiológicos sobre este tema. Siempre hay una tendencia de que las mujeres tienen mayor predisposición a experimentar síntomas ansiosos y depresivos en mayor medida que los hombres”.
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La investigadora de la UCA aclaró que esto no significa adoptar una mirada reduccionista ni implica que todas la población femenina de bajos recursos sea ansiosa y depresiva, sin embargo cabe destacar que “el relevamiento muestra la persistencia de un contexto que ayuda o interviene en que la ansiedad y la depresión se manifiesten en determinadas franjas poblacionales, como por ejemplo en el grupo etario entre 35 y 50 años, donde las personas están asumiendo responsabilidades familiares y laborales”.
Sobre el final, Calvo citó al psicólogo estadounidense Abraham Maslow, quien al referirse a las necesidades humanas, “puso como base para la estabilidad mental el tener resueltas las necesidades básicas de alimento, abrigo y techo, y luego las de seguridad de que eso se va a sostener el tiempo”.
“Cuando las necesidades básicas no están satisfechas es difícil poder tener la suficiente capacidad mental para afrontar otros desafíos -analizó-. En contraste, aunque las personas de niveles socioeconómicos altos también pueden sufrir de ansiedad y depresiones, tienen más recursos para afrontarlas, como, por ejemplo, un mejor acceso a servicios de salud y una red de apoyo social más fuerte”.
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