
En el sudoeste bonaerense, donde las lluvias suelen ser escasas y variables, mantener la producción forrajera representa un desafío permanente. En esos ambientes, la capacidad de las pasturas para aprovechar cada milímetro de agua disponible resulta determinante.
Con ese objetivo, especialistas del INTA y de la Universidad Nacional del Sur estudiaron el comportamiento de las raíces del agropiro alargado, una de las especies más utilizadas en los sistemas ganaderos extensivos de la región.
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La investigación fue desarrollada por equipos del INTA Hilario Ascasubi, las Agencias de Extensión de Médanos y Patagones, el Instituto de Suelos de Castelar y la Universidad Nacional del Sur.

Un sistema subterráneo preparado para resistir
La investigación puso el foco en la biomasa y distribución de las raíces. Los resultados mostraron que el agropiro mantiene una biomasa radical estable, con un promedio de 14 toneladas por hectárea hasta la tosca, sin diferencias significativas entre establecimientos ni ambientes.
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Según explicó Ileana Frasier, investigadora del Instituto de Suelos del INTA, las raíces son el motor invisible del sistema productivo porque determinan la capacidad de captar agua, almacenar carbono y sostener la producción.
De acuerdo con el estudio, la especie destina una parte importante de su productividad anual al desarrollo y mantenimiento de su sistema radical como estrategia para asegurar el suministro hídrico.
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Esta característica le permite aprovechar con eficiencia las lluvias eventuales, especialmente en zonas donde las precipitaciones suelen ser limitadas.
La capacidad de adaptarse a cada ambiente
Uno de los hallazgos más destacados fue la plasticidad del sistema radicular. Los investigadores comprobaron que la especie modifica la distribución de sus raíces según las condiciones hídricas presentes en cada partido.
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En Patagones concentra más raíces cerca de la superficie, mientras que en Villarino explora capas más profundas del suelo.
El trabajo también mostró una importante diversidad de manejos entre establecimientos, tanto en implantación como en pastoreo, sin que exista un esquema único predominante.
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Un aliado para mejorar los suelos
Más allá de la producción de forraje, el sistema radical del agropiro realiza un aporte significativo a la calidad de los suelos. A partir de la biomasa medida, los investigadores estimaron un ingreso aproximado de seis toneladas de carbono por hectárea.
Ese carbono contribuye a mejorar la materia orgánica, fortalecer la estructura del suelo y aumentar la capacidad de retención de agua.
Los especialistas destacaron que prácticas como respetar las fechas de siembra, permitir una adecuada implantación y evitar el sobrepastoreo favorecen el desarrollo de sistemas radiculares más robustos.
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Fuente: Inta
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