
El HLB, también conocido como “dragón amarillo”, no se ve, pero está destruyendo cítricos en todo el mundo. En Argentina, donde los naranjales del NOA y el Litoral son sinónimo de trabajo y tradición, esta enfermedad representa una amenaza que puede cambiar el panorama productivo de forma drástica.
Pero, ¿qué es exactamente el HLB? Se trata de una bacteria que bloquea los canales de nutrientes de los árboles, generando frutos deformes y, finalmente, matando la planta. La bacteria se disemina a través de material vegetal infectado y mediante la acción del psílido asiático, un vector presente en distintas zonas del país. Lo más inquietante es que, a pesar de los esfuerzos globales, no existe un tratamiento efectivo.
Conscientes de esta realidad, científicos del INTA, SENASA y el grupo BioCiF han llevado adelante un ensayo controlado único en el país. Trabajaron con naranjas Valencia injertadas sobre Citrange troyer en invernaderos especialmente diseñados para evitar cualquier propagación.

Ciencia en acción
El investigador Rodrigo Machado, del INTA Concordia, no duda en calificar el ensayo como un “hito” para Argentina. “Este estudio representa un cambio de paradigma”, asegura. Por primera vez, se lograron infectar plantas de manera controlada para analizar los efectos del HLB a nivel anatómico, fisiológico y molecular.
El trabajo también contó con el respaldo del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO), que aportó tecnología y conocimientos de punta. Los resultados preliminares abren la puerta a nuevas estrategias de diagnóstico temprano, cruciales para prevenir la diseminación de la enfermedad.
Un gigante de la citricultura
Argentina ocupa un lugar destacado en la producción mundial de cítricos, con más de 300.000 hectáreas dedicadas a la actividad. Según datos del Ministerio de Agricultura, el país produce anualmente más de 600.000 toneladas de naranjas, principalmente en Entre Ríos, Misiones y Corrientes. Estas provincias no solo son clave para el consumo interno, sino que también sostienen exportaciones hacia mercados como Europa y Asia.
El HLB no es el único desafío para los citricultores. Cambios climáticos, costos elevados y la presión por cumplir estándares internacionales hacen que esta industria necesite innovación constante para mantenerse competitiva.
Estrategias para no bajar los brazos
Los científicos del INTA han dejado claro que este ensayo es solo el comienzo. A partir de los datos obtenidos, se busca desarrollar herramientas que permitan identificar la enfermedad antes de que los árboles muestren síntomas visibles. Esto es fundamental, ya que una vez que el HLB se establece, el daño es irreversible.
La cooperación entre instituciones también es clave. SENASA, como ente regulador, colabora activamente en la prevención, capacitando a productores para detectar a tiempo el psílido asiático, insecto transmisor de la enfermedad.
Además, los investigadores exploran el potencial de variedades de cítricos más resistentes, una apuesta a largo plazo para mantener la sostenibilidad de los cultivos.
El futuro de los cítricos argentinos
Mientras en los mercados locales y extranjeros los consumidores disfrutan de jugos y frutas frescas, en los campos argentinos se libra una batalla silenciosa pero decisiva. La lucha contra el HLB es mucho más que una cuestión técnica: es una apuesta por preservar el legado de generaciones de citricultores.
La ciencia, como tantas otras veces, se perfila como la mejor aliada para enfrentar esta amenaza. Y aunque el camino no será sencillo, con investigación, trabajo en equipo y compromiso, los cítricos argentinos seguirán siendo motivo de orgullo nacional.
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