
El cine catástrofe tiene un atractivo para los espectadores tan antiguo como el cine mismo. En los últimos años, los desastres naturales, el cambio climático y, como en este caso, las decisiones humanas con consecuencias graves, se han vuelto una amenaza mucho más concreta y preocupante. Ahora la idea de que el mundo puede desaparecer por calamidades incontrolables se ve de otra manera. Maremoto (Nordsjøen/The Burning Sea, Noruega, 2022) se suma a una lista de películas de cine catástrofe de ese país que han funcionado muy bien en la taquilla de los países nórdicos y que han extendido su éxito a muchos otros lugares del mundo.
Con los avances en efectos visuales digitales, países con presupuestos más modestos pueden crear escenas impactantes que rivalizan con las grandes producciones de Estados Unidos, y generen un efecto similar en la audiencia. Por eso a The Wave (2015) y The Quake (2018) se le suma ahora este largometraje que repite tanto las virtudes como limitaciones de estos otros dos exitosos films. La mayor diferencia que aparece aquí es el intento de poner el foco de la trama en un grupo pequeño de personajes así como también de locaciones. Eso le evita todo tipo de problemas, pero además compromete emocionalmente a los espectadores de una manera diferente.

En Maremoto el conflicto inicia cuando una plataforma petrolífera se hunde de forma inusual en la costa noruega. Cuando los investigadores intentan averiguar qué ha pasado, descubren que esto no es un incidente aislado, sino el comienzo de algo mucho más grave. Uno de los personajes dimensiona el desastre diciendo que se enfrentan a una catástrofe que puede convertirse en algo trescientas cincuenta veces peor que la del Deepwater Horizon ocurrida en el año 2010. Los que no conocen lo ocurrido en esa ocasión por las noticias, recordarán que sobre ese desastre ecológico se hizo una película en el año 2016. Rápidamente hay que aclarar que Maremoto no puede -ni quiere- superar la dimensión de aquella producción protagonizada por Mark Wahlberg.
Lo que sí identifica al filme es la exploración del costado humano, tratando con un poco más de sobriedad los lugares comunes del género. Sin caer en los excesos habituales que todos conocemos y muchas veces disfrutamos, la película intenta ser más elegante y no tan obvia, aunque por supuesto mantenga algunos detalles propios de su nicho. Está conminada a dedicarse a eso porque tiene una calidad de efectos que no puede llamarse sublime, aún cuando en varios momentos logra el impacto necesario. Tampoco el cierre de la historia es igual de fuerte que su inicio, pero tiene varios buenos momentos en la trama. No se plantea como un clásico del cine catástrofe, pero tampoco en ningún momento arruina sus planteos o desbarranca. Su dignidad y elegancia le dan al costado humano un punto a favor y nos hacen olvidar un poco sus limitaciones de producción.

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