Un hombre llega a un hospital diciendo que quiere ver a su esposa que trabaja ahí. Luego de algunas respuestas esquivas por parte del personal, él saca un arma de fuego y cuando finalmente su mujer —de la cual está separado— aparece, él la toma de rehén diciéndole que sólo quiere volver a ver a su hija. La historia de ese secuestro y el trabajo del negociador por evitar una tragedia es el centro Un día y medio, largometraje sueco cargado de tensión y drama.
En poco más de noventa minutos, la película intenta contar un relato de acción y suspenso y, al mismo tiempo, reflexionar sobre una docena de temas distintos. El protagonista, Artan, es un inmigrante albanés que sufre los maltratos de una sociedad racista y la protagonista, Louise, es una mujer que ha pasado una fuerte depresión post parto, lo que había empeorado la situación de la pareja. Lukas, el negociador, intenta comprender ambos puntos de vista mientras busca postergar una intervención violenta de las unidades especiales de la propia fuerza policial.

Se podría decir que estamos frente a una propuesta que busca ser muy entretenida pero al mismo tiempo muy profunda. El director es Fares Fares, conocido actor nacido en el Líbano pero radicado en Suecia desde su adolescencia. Fares interpreta aquí a Lukas, el negociador de la policía. Su actuación, como las del resto del elenco, son correctas y le dan la tensión dramática que la historia requiere. El guión está inspirado —tan sólo la idea del conflicto inicial— en un evento real.
Ahora bien, sí la ficción funciona como largometraje de género, hay que decir que su mirada sobre el conflicto es por lo menos polémica. Si bien hay grandes obras que buscan entender y analizar la conducta de una persona que comete un delito y ponerlo en el rol casi de héroe, aquí las cosas son bastante delicadas. Un hombre que armado entra a un hospital, lastima a una empleada y le pone un revólver en la cabeza a su mujer difícilmente pueda tener la redención excesivamente complaciente que la película le otorga. Un caso indiscutible de violencia de género que Fares Fares parece considerar no tan grave.

Todo empeora cuando la hija de la pareja separada aparece en el relato. La inverosimilitud de toda esa parte puede ser perdonada en tanto hablemos de entretener por encima de cualquier otra cosa. Nada más hay que comentar de la trama para que cada espectador se sorprenda, y entienda el significado ideológico de una película que busca expresar opiniones políticas sobre varios temas mientras no se hace cargo para nada de otros. Exitosa en Netflix, pero no por eso exenta de elementos que generan polémica e idealizan a su modo las relaciones violentas y el uso de armas como mecanismo para resolver conflictos familiares y de pareja. Si Un día y medio no se tomara tan en serio a sí misma, podría pasar; pero al hacerlo, obliga a ser observada en todos sus aspectos.
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