Poco antes del estreno de Spider-Man: sin camino a casa (Spider-Man: No Way Home) se conocieron noticias sobre cómo colapsaban las páginas de venta de entradas. Cuando llegó el estreno las salas del mundo se llenaron como hacía más de un año no pasaba. Aunque Spider-Man no es ni Star Wars ni Harry Potter, el público gritaba en las salas y salía eufórico de cada función. Dos mensajes —no uno— se proyectaban antes de cada función: los actores pedían que no contaran las sorpresas de la trama. “No spoilers, por favor”, decía Tom Holland. Pero es el 2021 y ese mismo día las especulaciones que se habían hecho durante semanas terminaron en una lluvia de spoilers imposibles de controlar. La euforia podía ser un poco artificial, dado que todos sabían qué iba a pasar, pero la felicidad de la confirmación sí era genuina.
Las críticas fueron casi en su totalidad favorables. Sin llegar a considerarla una obra maestra, en general todos se sintieron a gusto con la generosa apuesta de la trama. En la alegría colectiva se pasó por alto que gran parte de la emoción y la simpatía del film pasaba por sus cruces con títulos anteriores y no con una película con vida propia. Pero en la industria del cine hay un solo amo y señor, el dinero, y la taquilla fue tan enorme que no quedó otra opción que adorar al nuevo Dios efímero en este 2021 que las salas de cine pasaron soñando con recuperar su esplendor.
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La cosa no terminó ahí. Todos empezaron a hablar de los premios Oscar. Los fans se codeaban unos a otros y pedían por un Tom Holland nominado, tal vez incluso candidato a mejor actor, a estrella del siglo y, por qué no, a presidente de la humanidad. Holland, feliz, cayó en una de esas declaraciones provocadoras y entró nuevamente en la discusión con Martin Scorsese y el rechazo del director por los films de Marvel. Holland afirmó que Scorsese no conoce el cine de Marvel, mientras que él sí conoce el cine cerca del Oscar. Tom Holland será el actor del momento durante estos meses y siempre le estarán buscando sacar estas declaraciones. Aunque al ver Spider-Man es mejor no recordar que existe Scorsese, porque la diferencia de calidad es más que evidente, no importa la locura de estas semanas.
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¿Pero es realmente tan buena Spider-Man: sin camino a casa? ¿Es solo un boom efímero con un club de fans sorprendentemente grande? La respuesta está en el multiverso, el nuevo recurso para que las secuelas, precuelas y demás trucos de explotación sean infinitos. En la excelente serie de Marvel What If… queda claro que sus posibilidades son genuinamente inagotables. Pero se trata, recordemos, de una serie de animación. También Spider-Man: un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse, 2018) era una largometraje animado con resultados magníficos. Estos dos ejemplos son notablemente superiores a la película que hoy enloquece al mundo, pero no tienen algo que sí tiene el film de Jon Watts: las caras de las estrellas.
Los fans son fans, no hay mucho que aclarar. Necesitan más de lo que conocen y aunque sueñan con ser sorprendidos, en el fondo solo quieren confirmar todo lo posible el mundo del cual se han hecho fans y les ha dado tanta felicidad. Los fans no quieren ser desafiados, quieren ser agasajados. Y Spider-Man: sin camino a casa es, como alguien ha dicho, una carta de amor a los fans. ¿Y quién se puede resistir a una carta de amor destinada a uno? El problema es que las cartas de amor parten de sobreentendidos, de códigos muy personales y de algo de indulgencia a la hora de ignorar sus limitaciones. La gran sorpresa es que sea el Hombre Araña el destinatario de tales multitudes. Alguien dijo que no son Tom Holland y Zendaya quienes hacen la diferencia en la taquilla, sino los otros rostros que aparecen. Son las sorpresas del multiverso las que han hecho que todo se multiplicara. Como si espectadores de diferentes universos se encontraran todos para un único film.
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Los espectadores declaran que es lo mejor que han visto en su vida, que lloraron como nunca y que la película es un arte superior. Si acaso el Oscar significa algo a la hora de la evaluación de un film, ser la película que salvó el año y motivó semejante retorno a las salas merece tener algún premio. Frente a la discusión acerca de si merece nominaciones, eso es relativo. A lo largo de más de cien años de historia el Oscar ha premiado títulos espantosos y obras maestras sin que parezca que hayan entendido la diferencia entre ambos extremos. Pero esa es otra historia. Mientras tanto recordemos que Andrew Garfield supo ser hombre araña y también actor de Martin Scorsese en la película Silencio (Silence, 2016). Tal vez en el próximo multiverso el protagonista de Taxi Driver se cruce con los personajes de Marvel. Por ahora nos conformamos con que ambos tengan salas donde estrenarse, para que los espectadores puedan elegir.
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