
Axel Kicillof puede terminar siendo el próximo presidente del PJ Bonaerense, tal como lo propuso Máximo Kirchner el último jueves por la noche, durante una reunión con dirigentes cercanos. En el entorno más próximo del Gobernador nadie lo niega tajantemente, como lo hacían un puñado de meses atrás, cuando eran los intendentes kicillofistas los que pedían que fuera el mandatario el que se hiciera cargo del partido.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) conviven diferentes posturas sobre lo que debería hacer Kicillof. Es así desde hace tiempo, solo que ahora el líder de La Cámpora salió a desplegar su estrategia en el tablero político y ejerció presión para que el Gobernador tome su posta. Lo que no había hecho nunca desde que el mandatario asumió la conducción de la provincia en el 2019. “La política es dinámica”, dicen en el cristinismo para justificar la propuesta de Kirchner.
En el peronismo se estila, históricamente, que los intendentes y los gobernadores sean los presidentes de los partidos de las localidades que gobiernan. Ricardo Quintela gobierna La Rioja y también el PJ riojano. Lo mismo sucede con Sergio Ziliotto en La Pampa o Gildo Insfrán en Formosa. En Avellaneda lo preside Jorge Ferraresi y en La Matanza Fernando Espinoza. Es una regla con pocas excepciones.
Hubo dos casos puntuales que rompieron esa dinámica: Catamarca y Tucumán. Dos provincias donde gobiernan peronistas que decidieron ser aliados estratégicos de Javier Milei, pero que mantienen ordenada la fuerza política en sus distritos gracias a acuerdos con socios históricos. En Catamarca gobierna Raúl Jalil, pero preside el PJ Lucía Corpacci, cercana a Cristina Kirchner. En Tucumán manda Osvaldo Jaldo y el partido lo conduce Juan Manzur, un enemigo íntimo de su ex compañero de fórmula.

En Buenos Aires la situación fue distinta. La relación entre Kicillof y Kirchner se empezó a deteriorar vertiginosamente a partir del 2021, hasta el punto de no hablarse y evitarse todo lo posible. No hubo un acuerdo interno para que uno gobernara la provincia y otro el PJ. Por eso, este nuevo escenario es un encuentro de contradicciones con el pasado.
“Si Axel acepta ser, la sensación que va a quedar es que terminó haciendo lo que Cristina quería”, reflexionó un intendente que está en el ala dura del MDF, y que espera con ansias, que Kicillof dé muestras más contundentes de que quiere ser jefe, candidato a presidente y terminar, de una vez por todas, la interna con el camporismo. Hay muchos intendentes que le reclaman decisiones más terminantes. Un golpe seco y corto a la realidad actual. El Gobernador tiene otro estilo y otras formas de gestionar el poder. Cada uno con su librito.
Esa es solo una posición interna del kicillofismo. Hay otros dirigentes que, desde hace tiempo, creen que Kicillof debe ser el presidente del PJ Bonarense. Incluso, desde antes de que comience a discutirse la sucesión de Kirchner en el sillón principal del partido. Kicillof nunca quiso ser él mismo el nombre propio que lo suceda. No quería meterse en el barro de la disputa peronista por el control del partido. Tal es así que siempre fueron sus delegados de la primera línea los que negociaron las condiciones del proceso electoral.
El argumento central para que el Gobernador no asuma en el partido es que no quede encerrado en la lógica bonaerense, teniendo en cuenta su decisión de edificar una candidatura presidencial. “Axel tiene que dedicarse a federalizar su construcción política. Su camino es nacional”, fue el argumento que compartieron algunos de los principales dirigentes de su entorno con intendentes que forman parte del MDF. Estrategias, movidas de ajedrez y rencores personales. Todo se mezcla en la licuadora del poder.
Kicillof tiene un dilema por delante. Debe definir si cambia su postura inicial de no ser presidente del PJ, sostiene a Verónica Magario como la principal candidata de su espacio y se dispone a ir a una elección interna, si el cristinismo no avala sus condiciones; o si acepta la propuesta de Máximo Kirchner, asume el poder del partido y trata, por esa vía, de cerrar la interna partidaria.
El problema, en todo caso, es cómo comunica su cambio de postura para que no sea interpretada como una derrota pequeña en la interna de la interna peronista. Un paso hacia atrás en una puja de intereses permanente que el peronismo bonaerense tiene, sin pausa, desde que comenzó el último mandato de Kicillof. Ceder no siempre es una derrota, pero se debe encontrar la forma de expresarla correctamente para que esa no sea la interpretación.
Por estas horas, en el círculo más chico del Gobernador nadie descarta la posibilidad de que termine siendo el presidente del partido. “Quien presida el PJ tiene que apoyar abierta y explícitamente a Axel y las políticas públicas de su gestión. Quien asegura eso es alguien del MDF. Después se discute el nombre”, explicó a Infobae uno de los ministros de su máxima confianza.
Otro funcionario de relación estrecha con el Gobernador se mostró en la misma sintonía. “Conceptualmente el PJ se tiene que ordenar con el gobierno provincial, más allá de los nombres”, sostuvo ante la consulta de este medio. La línea es similar en el primer anillo kicillofista. Como suele suceder. Siempre hay un orden claro en los mensajes que expresan el camino de Kicillof.

Máximo Kirchner jugó una carta importante al pregonar la asunción del Gobernador al PJ Bonaerense. Acepta su ascendencia como principal candidato de la fuerza política para la elección presidencial pero, al mismo tiempo, lo obliga a cambiar su postura inicial para evitar la confrontación interna en el partido y cerrar un nuevo capítulo de la pelea a cielo abierto. En paralelo, y si acepta, Kicillof lograría que sea alguien del MDF el que conduzca el partido y que el partido esté alineado a su gestión completamente. Nadie gana ni pierde definitivamente. Esa es la verdad de la milanesa, como suele decir la ex presidenta de la Nación.
En el cristinismo advierten que Kicillof se enteró de la intención de Kirchner antes de que saliera en los medios. De esa forma, buscan desarticular la queja del kicillofismo sobre que la propuesta nunca llegó por vías formales a La Plata. “La idea de que Magario sea presidenta del PJ no la transmitieron vía fax. Hace tiempo que nos hablamos por los medios”, ironizaron cerca del líder camporista. Rispidices de una familia disfuncional y la aceptación ímplicita de que los canales de diálogo no son fluidos.
“Si Axel acepta presidir el PJ, clausuramos la interna partidaria y empezamos a cicatrizar algunas heridas. Sería sano que eso suceda. Así después abrimos el juego para discutir qué quiere el peronismo como proyecto nacional”, aseguró un dirigente importante de La Cámpora. Esa es la propuesta que le dejaron sobre la mesa al mandatario provincial.
Kicillof y Kirchner juegan, en forma constante, una partida de poder sobre el tablero bonaerense. Como punto de acuerdo el cristinismo solo acepta que sea el Gobernador el presidente del partido. Magario no es prenda de unidad. Si Kicillof sostiene a su compañera de fórmula y el sector de los Kirchner no acepta esa postura, no quedará otro camino que no sea el de ir a una interna partidaria en marzo. Todo puede pasar.
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