Después de la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, Javier Milei moderó el discurso, reconoció errores, y se dedicó a dar explicaciones. Pero el fuerte revés en el Congreso, diez días después, provocó una reacción distinta en el Presidente y su equipo, con acusaciones de desestabilización hacia la oposición, y una nueva ola de insultos de parte de sus militantes virtuales -algunos de ellos funcionarios- a la dirigencia de las otras fuerzas políticas, inclusive las que hasta hace poco colaboraron estrechamente con el Gobierno.
El Gobierno oscila en sus reacciones conforme pasan los días y se profundiza la crisis económica. Pasa de la victimización, al contraataque, al reconocimiento de los errores, y viceversa.
Vociferando, gritando, exultante, el Presidente se mostró en modo belicoso en el acto de lanzamiento de la campaña nacional, en Córdoba. Cuando horas antes, en el discurso en la Bolsa de Comercio de Córdoba, había intentado dar un mensaje de calma y defensa de la gestión, aunque en un pasaje responsabilizó a la oposición por frenar los cambios estructurales que, cree, la Argentina necesita para salir de la decadencia.
Después, en sendas entrevistas con La Voz del Interior y Cadena 3, dos de los principales medios de comunicación cordobeses, directamente responsabilizó al kirchnerismo: “El partido del Estado nos está torpedeando desde febrero”, dijo primero. Luego usó la misma palabra: “Torpedean los fundamentos de la economía (...) Eso claramente genera una turbulencia en la economía y mucha volatilidad en el mercado”.
Poco después, Federico Sturzenegger dedicaba un largo mensaje en son de paz, donde reconocía que hubo “errores” y apelaba al apoyo y la comprensión del electorado de derecha desencantado: “Depende de vos” fue la suerte de eslogan que usó el funcionario para iniciar y para terminar el post que publicó en sus redes sociales.
“La elección de la provincia creo que fue un golpe que obligó a una autocrítica que nos dejó dolidos, confundidos y con la reacción natural de buscar culpables. Y sí..., somos humanos. Nos duele que las mejoras tarden en llegar a todos y también tenemos hijos que no queremos que se vayan”, dijo en tono sentido el titular de Desregulación.
“En definitiva, hay tanto por delante. Seguramente con errores, con falencias, con estilos que pueden gustar más o gustar menos. Pero con un gobierno que no tiene operadores judiciales”, escribió. Y relativizó el escándalo de los supuestos sobornos en la Agencia de Discapacidad: “No podemos permitir que un audio editado nos confunda y nos haga pensar que todos son lo mismo”, dijo.
Unas horas antes, en tono bastante más vehemente, Patricia Bullrich acusaba al Congreso de “poner bombas”, en una entrevista con la señal LN+. La ministra de Seguridad acaba de sumar protagonismo en la campaña y sobre todo, en la mesa política nacional, como suerte de mediadora de la interna prácticamente insalvable que atraviesa el Gobierno. Pero también se transformó en la voz cantante de la postura del oficialismo en las peores semanas desde que asumió Milei, con una serie de entrevistas en profundidad en las que intentó explicar largamente el mal momento que atraviesa La Libertad Avanza. “Hay un Congreso que dice: ‘Me importa tres pitos lo que vos lograste, lo que logró el presidente, el ministro de economía, lo que logró el Gobierno y lo que logró la gente (...) Me importa nada y te pongo bombas todos los días para hacerte explotar el plan económico y llevarte para atrás”.

Los mensajes del Gobierno están monitoreados por las oficinas del primer piso de la Casa Rosada donde manda Santiago Caputo, a quien el jefe de Estado decidió priorizar en el operativo de contención de la crisis política y económica desatada por las sucesivas derrotas legislativas y la debacle electoral. Pero en ese sector dijeron que no controlan cada alocución o cada detalle de lo que dicen los ministros y el Presidente.
Más allá de las dificultades obvias que representa centralizar la comunicación, la diversificación de tonos en los mensajes es incontrolable. “Todas las líneas tienen sentido”, señalan en el entorno del Presidente. La victimización, dicen, es útil a los fines de alertar al electorado propio y el que votaba a PRO sobre el riesgo de que regrese el kirchnerismo.
El ataque en modo belicoso, como el que adoptó Milei en el Parque Sarmiento de Córdoba, sirve para hablarles a los propios. Y las explicaciones y pedidos de disculpas, apelan a calmar a los mercados y mostrar racionalidad. “Acá no hay fórmulas mágicas, es una situación complicada y todos sumamos para ayudar”, dijeron en lo alto de un gobierno en crisis que apela al ensayo y error y recalcula paso a paso su discurso.
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