
El clima de velorio fue real. No hay metáfora para describir el peso del aire en el bunker de Massa o en cualquier lugar donde domina la tristeza. El sentimiento de congoja colectivo en el peronismo se elevó como una nube que tomó todos los espacios en el C Art Media, base del peronismo cada domingo de elección desde 2019. Llantos, abrazos, ojos rojos, incertidumbre, estupor, algún chiste para salir del espanto y, también, miedo. Un miedo real al futuro. Y una promesa de no rendirse.
Pero el golpe fue demasiado fuerte como para pensar ya en la reorganización y la resistencia. Lo que muchos funcionarios y militantes comentaban pasadas las ocho de la noche en Chacarita era el shock que todos sentían en sus cuerpos. Las segundas y terceras líneas, los de las bases, se abrazaban. Los más jerárquicos trataron de llevar tranquilidad.
La noticia de un resultado irreversible comenzó a regar el bunker como agua contaminada pasadas las 18.30, cuando los datos de las mismas 2.002 mesas testigo que tiene Unión por la Patria en todo el país desde hace más de una década devolvieron la derrota traducida en números. En algunos casos era escandalosa. En Provincia de Buenos Aires la distancia módica que sacaba Massa en distritos donde el peronismo suele ganar de manera categórica no dejaba lugar a dudas.

“El esfuerzo no alcanzó. Dimos todo”, era un mensaje común que pasaba se oía entre militantes de base que ocuparon la parte baja cercana al escenario. Entre funcionarios y funcionarias de primera línea el sentimiento común fue la noción de que algo cambió, quizá nada menos que una época. “Ni Malvinas, ni los desaparecidos, ni la Thatcher, ni la dolarización, ni el medio ambiente”, tenemos que ver cómo se lee este mensaje, comentó una ex integrante del Gabinete de Alberto Fernández.
“¿Qué va a pasar con los recursos naturales? ¿Y con el empleo? No me imagino a Milei criterioso, hay que apuntalar a Sergio y estar preparados para hacer una buena oposición porque este tipo la va a chocar toda”, comentó un intendente de una ciudad del interior de la Provincia de Buenos Aires donde Milei le sacó diez puntos al candidato peronista.
Apenas pasadas las 20 Sergio Massa subió al escenario a reconocer la derrota. Abajo, donde no había ni banderas ni carteles, pero sí muchas camisetas de la Selección argentina de fútbol, aplaudieron su aparición. Los resultados oficiales todavía no se habían publicado pero el candidato habló, rodeado de su esposa, Malena Galmarini, de Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Wado de Pedro, Cecilia Moreau, Héctor Daer y algunos dirigentes más.

Massa habló de apostar a la convivencia. Fue en ese momento cuando un hombre del público empezó a gritar que no, que no se podía convivir con Milei. Al candidato se lo notó afectado por los gritos pero siguió su discurso, mientras otros militantes se acercaban a este hombre, que se agachó y comenzó a llorar desconsoladamente. Una fuente de la Secretaría de Derechos Humanos confirmó luego a este medio que se trataba de un hijo de desaparecidos, cuya identidad prefieren preservar. “La semana pasada le dieron los restos óseos de su padre, imaginate”, agregó.
“Hay que poner en marcha mecanismos de enlace y transición para que los argentinos no tengan dudas de lo que viene, en lo económico, lo político y lo institucional”, dijo Massa en relación a Milei. Y agregó que “desde mañana la responsabilidad de dar certezas sobre el funcionamiento económico es del nuevo presidente electo”.
También dejó cierta incertidumbre cuando anunció: “Desde lo personal, quiero contarles que hoy termina una etapa política en mi vida. Seguramente la vida me depare otras tareas y responsabilidades, pero sepan que siempre van a contar conmigo defendiendo los valores del trabajo, la educación pública, la industria nacional, el federalismo como valores centrales de la Argentina”. No quedó claro, al menos en el bunker, qué quiso decir pero el rumor era que se iba a pedir una licencia en su rol de ministro de Economía.

Un rato más tarde salió Massa a la terraza donde se habían juntado los dirigentes a compartir sus sentimientos. Lo escuchaban desde cerca su suegro Fernando Galmarini, Felipe Solá, Vilma Ibarra, intendentes, dirigentes sindicales, los que habían subido al escenario con él y varios más. El líder del Frente Renovador repitió conceptualmente el discurso público, no dijo nada de su eventual licencia, pero agregó, claramente que quien tenía que hacerse cargo de la transición era el presidente Fernández. “Les pido que ayuden al Presidente y se pongan a su disposición”, remarcó. Alrededor algunos lloraban. Alguien intentó cantar la marcha peronista pero no consiguió adhesiones.
Afuera, mientras tanto, la militancia abandonaba Chacarita. Varios grupos se retiraban con la clásica canción: “A pesar de las bombas de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido”. Una chica salía abrazada a su compañero. Acababa de vomitar a un costado. “El futuro me descompone”, dijo un rato después.

Ignacio Muria, militante de los Jóvenes del Frente Renovador en CABA, fue de los pocos que aceptó hablar sin ocultar su identidad: “Debería decirte que me siento mal. Pero estuvimos a la altura. Si la gente no piensa como nosotros y eligió otro proyecto, les deseamos suerte. Ojalá que con esas políticas puedan sacar al país adelante. Nosotros vamos a resistir. Veremos si esto que propone Milei es peligroso, tienen derecho a elegir a un loco”, comentó.
A su lado, otra militante, Rocío Garmendia, analizó que la victoria de Milei es “rupturista”: “La gente quiere cambios rápidos, los votantes apostaron por Milei pero en cuanto vean que no es una opción, habrá otro quiebre”.
En ese sentido, un integrante del Gabinete, comentó, mirando con esfuerzo hacia el futuro, cuando todavía nadie por aquí está en condiciones de imaginarse el país de Milei: “Se viene algo nuevo, hay que organizarse pero distinto para hacer algo nuevo también, pero hay que empezar mañana, con humildad. Acá no se rinde nadie”.
Fotos: Nicolás Stulberg, Adrián Escandar, AFP
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