
La sociedad política que forjaron Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa no es más que una foto del pasado. Lo que hay al día de hoy es una coalición fisurada en la que reina la desconfianza. Sus integrantes no son solo los tres fundadores, sino también los intendentes, gobernadores y legisladores. El micromundo peronista que aún intenta encontrar respuestas a la derrota en las PASO.
Con el foco de luz sobre su cara, Sergio Massa está tratando de hacer equilibrio en una gestión muy complicada. Cerró una nueva negociación con el FMI por la que recibió un desembolso de 7.500 millones de dólares. Ese acuerdo le dio aire para aumentar el nivel de reservas en un momento de sangría y de inestabilidad cambiaria.
El candidato a presidente decidió que las últimas dos semanas del mes estén dedicadas casi exclusivamente a la gestión. Fue, ante todo, ministro de Economía. Esa decisión choca con la postura que hay en algunos sectores de la coalición donde entienden, al igual que el diputado Eduardo Valdés, que para entrar al balotaje es necesario que Massa ocupe más tiempo en la campaña. Más presencia en el territorio, más recorridas.
En el peronismo hay una mezcla de pesimismo y esperanza que define la incertidumbre del momento. Algunos confían en que el ministro de Economía logrará meterse en el balotaje con Javier Milei y que la gente deberá elegir entre un candidato desconocido e impredecible, y uno que ha mostrado pericia para gestionar el barco económico de la Argentina en un momento de absoluta crisis. Lo proyectan de esa forma y están convencidos de que así se terminará dando la elección.
Otros visualizan un panorama demasiado complejo para enamorar al electorado. Quienes frecuentan al ministro dicen que está convencido de poder ingresar en la segunda vuelta y que confía en que las medidas para amortiguar el impacto de la devaluación podrán mantener a flote las expectativas de llegar a la presidencia a fin de este año.
Lo cierto es que Massa tiene centralidad absoluta en Unión por la Patria. Entre otras cosas porque, hasta el momento, son pocos los dirigentes de primera línea del kirchnerismo que se han expresado en público. Andrés “Cuervo” Larroque publicó en sus redes sociales un comunicado de La Patria es el Otro, la agrupación que conduce. El título fue contundente: “Massa o disolución nacional”. Ni Cristina Kirchner, ni Máximo Kirchner hablaron después de la derrota.
En el massismo se sienten tranquilos con la ausencia de la Vicepresidenta y de Alberto Fernández, aunque el Presidente ganó protagonismo en la gestión con la entrega de la casa 125.000 y el ingreso a los BRICS, una decisión que generó una fuerte ofensiva opositora y que la llevó a Patricia Bullrich a decir que si resulta electa, el gobierno argentino no será parte de la alianza regional.
No lo dirán nunca ni lo reconocerán, pero la ausencia de CFK le garantiza centralidad absoluta a Massa y lo despoja de una figura con altos niveles de rechazo, según marcan las encuestas desde hace largos meses, en la gran mayoría de la población. Lo mismo sucede con la figura de Fernández, completamente vaciada de poder y autoridad.

El Presidente reapareció en escena esta semana. En su entorno dicen que contribuye a la campaña revalorizando la gestión. “Va a seguir gestionando, recorriendo las provincias, haciendo visitas de cercanía y teniendo reuniones políticas. Ese será su rol en la campaña. Cada uno tiene el suyo y todos estamos detrás de Sergio”, aseguró un funcionario con el que tienen una estrecha relación.
En la Casa Rosada consideran que la “centralidad la debe tener el candidato” y que la voluntad de Fernández “siempre fue trabajar por la unidad del espacio”. El Jefe de Estado está completamente desdibujado. Casi no estuvo presente en el tramo final de la campaña previo a las PASO y su palabra ha perdido valor, devorada por la interna feroz que hubo en el peronismo hasta el cierre de listas.
Aún así, estuvo presente en la negociación final de las candidaturas y se mantuvo distante del conflicto interno. Asume con absoluta normalidad que la relación con Cristina Kirchner no fue la esperada y que el vínculo está congelado. No hay diálogo. El cuadro electoral del Gobierno es extraño. Ni el Presidente y ni la Vicepresidenta aparecen en acción. En el fondo reconocen que la ausencia de ambos colabora más que la presencia.
CFK participó de un puñado de actos antes de las PASO y después desapareció del escenario electoral. Sigue de cerca la campaña y mantiene contacto fluido con Massa, pero no está presente. Lo que tenía que decir, ya lo dijo, aseguran en el kirchnerismo. “Ya le dio el respaldo a Sergio y ya pidió que todos lo voten porque es la mejor opción. No hay dudas de su apoyo”, se encargaron de resaltar en el mundo K.

Cristina Kirchner acertó en la lectura del escenario electoral. En las PASO se cumplieron los tres tercios que vaticinó. “Hay que escucharla más”, dijo un funcionario kirchnerista. En en sector de la coalición le dan a la Vicepresidenta una entidad suprema. Nunca se equivoca, siempre acierta y tiene razón. El único reproche interno que ya se convirtió en parte de la historia es que lo haya elegido a Alberto Fernández para ser presidente.
A dos semanas de las elecciones primarias, la campaña está en reposo. Massa decidió que este tiempo es exclusivo para su función. Lo extraño es que ni gobernadores ni intendentes hayan salido al ruedo a militar su candidatura. Hay casos aislados, como el gobernador de Salta, Gustavo Saénz, quien días atrás dijo: “A mí y a los salteños nos conviene que el presidente sea Massa”.
Pero el resto no ha salido a la cancha para intentar dar la batalla dialéctica a Javier Milei, el ganador de las elecciones, que trata de capitalizar las críticas del peronismo y Juntos por el Cambio como parte de un sistema político que intenta golpear al cambio profundo que representa la idea libertaria. “Una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre”, repite en forma permanente. Y en las redes sociales esa idea repercute y se viraliza exponencialmente.
Lo que más preocupa en el peronismo por estas horas es cómo construir un relato que pueda cautivar a la gente pese a los altos niveles de inflación. “Es muy complicado”, repiten funcionarios y dirigentes que están dentro del sistema de la campaña. Sobre todo porque visualizan una inflación de dos dígitos en el corto plazo. La única salida es tratar de desarmar las ideas de Milei planteando a la sociedad el impacto que eventualmente tendrían.
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