
Alberto Fernández quedó aislado de la comunidad internacional que empuja la transición democrática en Venezuela por su peculiar manera de interpretar el principio de no intervención en los asuntos internos de los países. El Presidente considera que ningún estado debe recomendar la forma del proceso electoral en Venezuela, y esa posición intransigente lo dejó afuera de un escenario diplomático que ayudó a construir desde su llegada a la Casa Rosada.
Donald Trump -cuando ocupaba el Salón Oval- se apalancó sobre el Grupo de Lima para explorar la posibilidad de una salida abrupta de Nicolás Maduro y su reemplazo inmediato por Juan Guaidó, por entonces líder de la oposición venezolana. Eran tiempos de Mauricio Macri como presidente de la Argentina.
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Alberto Fernández rechazó esa hipótesis de conflicto y desde Balcarce 50 empezó a operar para restar poder al Grupo de Lima y a Guaidó. Al final, el jefe de Estado abandonó de hecho el Grupo de Lima y se unió al Grupo Internacional del Contacto (GIC), que integran la Unión Europea, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Reino Unido, España, Portugal y Uruguay, entre otros países.
La decisión diplomática del Presidente fue avalada por Francisco y Joseph Biden, preocupados por encontrar una salida institucional a la crisis política y económica causada por el régimen populista de Maduro.
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En este contexto, el Grupo Internacional de Contacto logró que representantes de Maduro y de la oposición de Venezuela acordaran abrir una mesa de negociación en la Ciudad de México. Esa negociación comenzará hoy -hasta el 6 de septiembre- y fueron jugadores claves Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el Reino de Noruega.

Horas antes del comienzo de las negociaciones, el Grupo Internacional de Contacto (GIC) comenzó a redactar un comunicado oficial para respaldar esta inédita instancia de diálogo en la historia reciente de Venezuela. El borrador de cinco párrafos llegó a la Cancillería, y a partir de ese momento la perspectiva diplomática del Gobierno se nubló ante la sorpresa e incomprensión de los representantes del GIC que consideraban a Alberto Fernández un aliado inequívoco.
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Felipe Sola interpretó que un párrafo del borrador del comunicado del GIC violaba la perspectiva que el Presidente tiene sobre el principio de no intervención en los asuntos internos de los países.
Ese párrafo -que finalmente está en el texto final- dice lo siguiente: “La única salida de la crisis que atraviesa Venezuela es la negociación política y la organización de elecciones creíbles, libres y transparentes de conformidad con las disposiciones constitucionales y legales de Venezuela”.
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El canciller, apoyado por Alberto Fernández, rechazó ese párrafo. Solá alegó que abría la puerta a la intervención de los asuntos internos de Venezuela, y sacó la firma de la Argentina del comunicado oficial avalado por Alemania, Chile, Costa Rica, Ecuador, España, Francia, Italia, Países Bajos, Panamá, Portugal, la República Dominicana, Suecia, la Unión Europea y Uruguay.
“Este proceso de diálogo incluyente puede sentar las bases para una solución consensuada a la crisis venezolana”, manifestaron los miembros del Grupo para explicitar su apoyo a una movimiento diplomático que el Presidente avaló desde su llegada a Balcarce 50.
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Respecto a la mirada del Gobierno ante el comunicado de la GIC, en la Cancillería explicaron a Infobae que “en esta etapa preferimos acompañar en silencio los esfuerzos de Noruega y los venezolanos para llegar a un acuerdo sin hacer recomendaciones de cómo debería ser ese acuerdo”.
La inesperada posición de la Argentina frente al proceso de transición democrática de Venezuela desnuda las contradicciones que Alberto Fernández tiene en su agenda de política exterior.
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El Presidente exhibe una posición maximalista sobre el principio de no intervención en los asuntos internos de los países, y olvida -o no tiene en cuenta- que protagonizó actos públicos que podrían contradecir su propia interpretación de ese derecho clave en las relaciones internacionales.

Desde su perspectiva, Alberto Fernández habría intervenido en los siguientes asuntos internos de otros países:
1. Felicitó a Joseph Biden como vencedor en los comicios de Estados Unidos cuando aún estaban pendientes los recursos judiciales presentados por Donald Trump.
2. Reconoció a Pedro Castillo como presidente del Perú cuando aún no se había expedido la junta electoral.
3. Apoyó a Luis Arce como candidato a la Presidencia de Bolivia cuando faltaban nueve días para los comicios.
4. Respaldó a Andrés Arauz como candidato a presidente del Ecuador antes del balotaje que ganó Guillermo Lasso.
Alberto Fernández ahora aparece distanciado del Grupo Internacional de Contacto, pese a sus esfuerzos previos para asegurar la transición democrática en Venezuela. Una paradoja geopolítica que se consumó en Ciudad de México cuando visitaba Puerto Tirol en el Chaco.
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