
En medio las tensiones políticas por la quita de la coparticipación a la ciudad de Buenos Aires, Alberto Fernández se reunió durante más de dos horas con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof en la Quinta de Olivos para definir el futuro de la cuarentena. La invitación al jefe de Gobierno porteño llegó a través de Julio Vitobello, secretario general de la Presidencia.
El Presidente quería que el encuentro fuera más temprano, pero Larreta le dijo a Vitobello que no podía porque tenía un Zoom de trabajo. A pesar de esto, el jefe de Estado está evaluando que, luego de la reunión tripartita, Kicillof se retire y el alcalde porteño se quede para hablar a solas de los roces que se acrecentaron la última semana entre ambas administraciones.
El nuevo de anuncio de la cuarentena será de mínimo dos semanas y no descartan que sean tres, como la última extensión. Tampoco habrá, al menos hoy, videoconferencia con los gobernadores, un rito que se repite siempre antes de definir el nuevo panorama. Hay una posibilidad de que se lleve a cabo mañana. Con respecto a la manera de comunicar, aún no lo definieron pero los tres coinciden en que no será televisado ni darán conferencia de prensa.
A pesar de los conflictos que se dispararon en los últimos días, en la Casa Rosada nunca habían descartado citar al jefe de Gobierno, que está sumamente molesto por cómo se desarrollaron los episodios. Y, desde el lado de Larreta, su intención siempre fue asistir si era convocado.

El último cruce entre ambas administraciones ocurrió hoy mismo, cuando el Gobierno dio a conocer un proyecto de ley a través del cual le sacará más fondos a CABA a través de la formalización del traspaso de la Policía a la Ciudad. La idea es que esa plata no se gire de manera automática con la coparticipación sino que todos los años funcionarios porteños y el Ministerio de Economía definan la partida necesaria para cubrir los gastos y sea incluida en el Presupuesto.
A través de Felipe Miguel, el gobierno porteño solicitó permiso para que los locales gastronómicos que tengan patios, jardines y terrazas puedan dar servicio, y que los locales que no tenían habilitada la atención en espacio público puedan hacerlo también, lo que en principio estaba otorgado en la última extensión de la cuarentena y, sorpresivamente, fue restringido.
También busca habilitar obras de más de 5.000 metros cuadrados o que les falten menos de 90 días para finalizar, asegurando que las empresas faciliten movilidad para evitar que los trabajadores de la construcción utilicen el transporte público. Ambas cosas serán permitidas.
Por último, y quizás lo más importante, es que buscarán la autorización de clases presenciales en parques y plazas para los 6.500 chicos que perdieron contacto con la escuela, clases de lectura para alumnos del primer grado y alumnos de quinto año del secundario. Ayer Miguel le planteó a Cafiero los argumentos para esas medidas y le dio información al respecto.
Los tres jefes de Gabinete analizaron ayer las cifras de contagio en el AMBA y hubo acuerdo en que la curva finalmente se está amesetando. La Provincia, sin embargo, está lejos de relajarse porque los casos se multiplican en la mayoría de las ciudades del interior, muchas de las cuales retrocedieron de fases en cuanto a aperturas de actividades. Por eso no tiene previsto dar más aperturas ni avala que la Ciudad lo haga.

Algo similar sucede en el resto del país, con ciudades, regiones y provincias donde los contagios avanzan a gran velocidad, como es el caso de Santa Fe, Mendoza y Jujuy, mientras otras ciudades, como Río Gallegos, Río Grande y Orán, están muy cerca del colapso del sistema sanitario.
Ayer, Kicillof mantuvo una reunión de dos horas con el comité de expertos que lo asesora en materia de pandemia, quienes advirtieron que “se está transitando una meseta en niveles muy altos” y que “la naturalización de la enfermedad no es positiva, porque lleva a disminuir los cuidados”, según se transmitió cerca del gobernador.
También mantuvo un encuentro con intendentes a quienes les expresó que “el sistema de fases que estamos llevando adelante está funcionando bien, en el marco de una enfermedad que no conocemos y todos los días nos obliga a afrontar situaciones nuevas”. Agregó que “podemos tener distintas visiones sobre algunas cuestiones, pero con paciencia y con prudencia, continuemos coordinando y trabajando juntos”.
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