
Mauricio Macri y Jair Bolsonaro se encontrarán en Brasilia para acordar una agenda de trabajo que implica rediseñar el Mercosur y encontrar una estrategia común para abordar la crisis institucional en Venezuela. Macri y Bolsonaro comparten haber derrotado al modelo populista en Argentina y Brasil, pero también tienen profundas diferencias sobre el cambio climático, el papel de la religión en los asuntos de estado, la relación bilateral con China, la política de igualdad de género y la manera de resolver la crisis inmigratoria. En este contexto, Macri llegará a Brasil con un complejo desafío geopolítico: evitar que Bolsonaro ponga en peligro al equilibrio regional, como Donald Trump hizo cuando llegó a la Casa Blanca. No será tarea fácil: "USA está con usted", escribió Trump en su afilada cuenta de Twitter.
Macri debe a Trump el éxito del G20 y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el presidente argentino logró una valorable equidistancia con la agresiva agenda de la Casa Blanca. Macri mantuvo su posición sobre el acuerdo del Cambio Climático, preservó la relación bilateral con China y rechazó la invasión a Caracas como método político para terminar con el régimen de Nicolás Maduro. Trump piensa exactamente al revés, y aún no había encontrado un socio regional de peso para ajustar cuentas con Emmanuel Macron, Xi Jinping y Maduro.
La asunción de Bolsonaro satisface las aspiraciones geopolíticas de Washington y revalorizará la agenda multilateral de Macri, que enfrenta una compleja campaña electoral condicionada por la crisis económica de la Argentina. Bolsonaro canceló la Conferencia del Clima en Brasil (será organizada por Chile), anunció que se retirará de un acuerdo de inmigración avalado por la ONU, cree que hay que achicar los niveles de inversión local de China y ya exhibió una posición rampante respecto al gobierno venezolano: suspendió la invitación que se había cursado a Maduro para que participara de sus asunción presidencial.

Ante la debilidad institucional de Michel Temer –que ayer entregó el poder a Bolsonaro-, Macri podía ejecutar una agenda multilateral que era aceptada por todos los socios del Mercosur. Sólo Uruguay exhibía ciertas diferencias –vinculadas a la negociación técnica con la Unión Europea y a la posición del bloque respecto a Venezuela-, pero el presidente argentino en términos conceptuales tenía consenso para presentar políticas comunes en todos los foros internacionales. Así ocurrió en el G20 de Hamburgo y Buenos Aires, en la cumbre de los BRICS, en la UE y en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
La asunción de Bolsonaro terminará con este protagonismo internacional. Brasil es la potencia regional, Macri estará muy concentrado en su posible reelección y Trump inclinará el peso de DC a las decisiones que se asuman en el Palacio del Planalto. Esto no significa que el presidente argentino pierda el respaldo de Trump, sino que ese respaldo quedará menguado en comparación al empuje que recibirá Bolsonaro desde la Casa Blanca. Trump es amigo de Macri y no lo va a soltar, pero en términos de poder mundial y geopolítica, Bolsonaro es un socio estratégico para el nuevo orden global que pretende construir el magnate inmobiliario.
En este contexto, Macri viajará a Brasilia el próximo 16 de enero. Llegará al aeropuerto Juscelino Kubitschek acompañado por la mayoría de su gabinete para demostrar que apuesta a la integración regional y a profundizar la relación bilateral. Brasil es el principal socio de la Argentina, y su crisis institucional afectó los niveles de empleo, producción y exportación de la economía nacional. Es fácil de explicar: si Brasil crece, Argentina también.
Macri batalló durante tres años para lograr un acuerdo entre el Mercosur y la UE. Faltó muy poco, pero ahora todo se ha complicado. Hay elecciones para el Parlamento Europeo y Bolsonaro quiere revisar todo lo que se ha negociado hasta su llegada a la Presidencia. Entonces, la suma de estos dos datos de la coyuntura regional y europea implicarán una nueva postergación en la búsqueda de una formula común –política y técnica—que permita anunciar el acuerdo histórico entre el Mercosur y la UE.

Asimismo, Bolsonaro pretende que el Mercosur sea más flexible y que permita que cada uno de los socios –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—pueda acordar tratados bilaterales sin que sea necesaria la participación de los otros integrantes del bloque regional. Macri no descarta la posibilidad de rediseñar la arquitectura legal del Mercosur, si ello sirve para vincular a la región con todos los protagonistas del sistema internacional.
"Vamos a escuchar, no creemos que haya una solución a corto plazo", explicó un miembro clave del gobierno cuando Infobae preguntó cómo se prepara Macri para abordar con Bolsonaro la crisis en Venezuela. El presidente argentino siempre abogó por una salida institucional y pacífica, y siempre rechazó los planes cocinados en el Pentágono y en el Ala Oeste de la Casa Blanca que especulaban con un desembarco de los marines americanos.
Bolsonaro es un ex militar nacionalista que defiende a la última dictadura brasileña y que comparte la mirada geopolítica de los halcones de Trump. Cree ya que se perdió mucho tiempo en la táctica diplomática y que es necesario diseñar otros mecanismos –más agresivos—para desplazar a Maduro. Macri comparte que Maduro debe abandonar el poder, pero sólo respaldará una transición democrática que evite la posibilidad de una guerra civil en Venezuela.
Macri y Bolsonaro se encontraran en Brasilia para analizar la integración bilateral, la arquitectura del Mercosur, el acuerdo con la Unión Europea y la estabilidad de Maduro, entre otros temas claves para la región. Es una agenda compleja que encuentra a los presidentes de Argentina y Brasil frente a destinos disímiles. Macri busca su reelección en noviembre; Bolsonaro aprender a gobernar una potencia en retroceso. Habrá sonrisas y abrazos. Diplomacia y realpolitik en estado puro.
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