José Jerí deja el poder, pero la economía peruana se mantiene firme: el rol del BCRP y las reservas

La destitución del cuestionado mandatario reabre un nuevo capítulo de incertidumbre política, pero el tipo de cambio, la inflación y las expectativas de los mercados siguen anclados en fundamentos macroeconómicos sólidos y en la capacidad de respuesta del banco central

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Uno de los principales pilares
Uno de los principales pilares es el BCRP. La autonomía que le reconoce la Constitución le permite actuar con criterios estrictamente técnicos y mantener independencia frente a las turbulencias políticas. Foto: composición Infobae Perú/BCRP

La salida de José Jerí de la Presidencia vuelve a poner a prueba la relación entre política y economía en el Perú. El Congreso aprobó su destitución tras apenas 130 días en el cargo, en medio de investigaciones por presunto tráfico de influencias, cuestionadas contrataciones en Palacio y el escándalo conocido como Chifagate. Con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones, el Parlamento selló una nueva transición en un país que ha tenido siete presidentes en los últimos 10 años.

Sin embargo, a diferencia de otras etapas de turbulencia política en la región, los indicadores macroeconómicos peruanos no muestran señales de pánico. El producto interno bruto (PIB) creció alrededor de 3,4% en 2025, uno de los mejores registros desde la pandemia, mientras la inflación se mantiene dentro del rango meta. El tipo de cambio, lejos de dispararse, ha conservado una tendencia relativamente estable, reflejando que los mercados distinguen entre el ruido político y los fundamentos económicos.

Una economía que se acostumbró a la incertidumbre

La salida de Jerí fue una “caída anunciada”. Su desaprobación escaló rápidamente: encuestas de Ipsos e Imasen registraron niveles de rechazo de 61% y 70,4%, respectivamente. Las reuniones no registradas con empresarios chinos y las indagaciones de la Contraloría y la Fiscalía aceleraron un desenlace que el mercado ya anticipaba.

Para Juan Acosta, docente de la Carrera de Administración y Negocios Internacionales de la UPC, la experiencia reciente es clave para entender la reacción cambiaria. “Un cambio de presidente en el Perú no constituye un hecho nuevo ni imprevisible; sino que por el contrario, el riesgo político se ha convertido en una variable ya incorporada y normalizada en el análisis del país”, señaló a Infobae Perú. En esa línea, consideró que el dólar “mantendrá la tendencia que viene mostrando desde inicios de año”.

La economía peruana ha desarrollado una suerte de resiliencia estructural. Desde 2018, ningún presidente ha completado su mandato sin enfrentar crisis severas, pero las instituciones técnicas han continuado operando. Si bien la incertidumbre limita el potencial de crecimiento —varios analistas coinciden en que el país pudo expandirse por encima de 5% de no mediar la inestabilidad—, no necesariamente deriva en recesión mientras los pilares macroeconómicos se mantengan sólidos.

La salida de Jerí era
La salida de Jerí era previsible: su desaprobación se disparó y encuestas de Ipsos e Imasen marcaron 61% y 70,4% de rechazo. Foto: difusión

El blindaje del BCRP

Uno de esos pilares es el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Su autonomía, consagrada en la Constitución, le permite tomar decisiones técnicas sin depender de la coyuntura política. Bajo la presidencia de Julio Velarde, la institución ha preservado la inflación dentro del rango meta de 1% a 3% y ha gestionado la tasa de referencia con prudencia.

Acosta subrayó que el BCRP ha acumulado reservas internacionales equivalentes a aproximadamente 30% del PBI, lo que le otorga margen para intervenir ante episodios de volatilidad. Esa capacidad de acción es clave para suavizar movimientos bruscos del tipo de cambio y anclar expectativas.

Jorge Luis Ojeda, docente de la Facultad de Negocios de la UPC, en conversación con Infobae Perú, coincide en que la autonomía monetaria es el factor determinante. A ello suma el nivel de Reservas Internacionales Netas, que ronda los USD 88.600 millones, uno de los más altos de la región. Este “colchón” permite al banco central comprar o vender dólares cuando es necesario y enviar una señal de solvencia externa a los mercados.

Además, el BCRP ha elevado su proyección de crecimiento para 2025 a alrededor de 3,2%, reforzando su papel como referente técnico. Las expectativas de inflación a 12 meses se ubican dentro del rango objetivo y cerca del punto medio, lo que evidencia credibilidad en su estrategia.

Dólar, cobre y factores externos

En el corto plazo, los especialistas coinciden en que el contexto internacional pesa más que la coyuntura local. Ojeda recuerda que el dólar ha rondado los S/ 3,34 – S/ 3,35 en las últimas semanas y que “los inversionistas ya separan la política de la economía”. El sol, explica, responde más a la tendencia global del dólar y a los precios de los metales que a los cambios de nombres en Palacio.

En el corto plazo, los
En el corto plazo, los analistas coinciden en que el escenario externo tiene mayor influencia que la situación interna. Foto: Reuters

Acosta también enfatiza que factores como las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos y las cotizaciones del cobre y el oro influyen más en la oferta de divisas que la crisis política doméstica. No obstante, advierte que el escenario podría cambiar si el proceso electoral otorga protagonismo a propuestas que alteren el modelo económico o la autonomía del BCRP.

Ambos economistas coinciden en que el mercado tenía descontada la salida de Jerí. Las mociones de censura y las investigaciones eran de conocimiento público, por lo que la vacancia no sorprendió a los inversionistas.

¿Cuándo podría cambiar el panorama?

El riesgo de una reacción más marcada del dólar surgiría ante escenarios que afecten el marco institucional. Ojeda plantea que el tipo de cambio podría superar los S/ 3,50 o incluso los S/ 3,60 si se amenaza la autonomía del banco central, se plantea un cambio constitucional abrupto o se genera una transición electoral caótica hacia abril de 2026.

También influiría una eventual paralización de proyectos mineros clave, considerando que el superávit comercial y los altos precios del cobre y el oro sostienen el ingreso de divisas. La minería actúa como un amortiguador en tiempos de crisis política.