Una nueva controversia coloca a Samahara Lobatón en el centro del debate mediático. La influencer decidió enviar una carta notarial a Geraldine, conocida en el entorno digital como La Mana, luego de la difusión de una supuesta conversación privada que aludía a una presunta disputa con su madre, Melissa Klug.
El material circuló con rapidez en redes sociales y fue replicado por distintos espacios de entretenimiento. Según el entorno de Lobatón, la publicación carece de sustento y contiene información fabricada.
La situación escaló en pocos días, reactivó especulaciones sobre vínculos familiares y abrió un frente legal que ahora marca el tono del conflicto entre la figura pública y la creadora de contenido dedicada a temas de farándula.
La publicación que detonó la controversia

El episodio se originó cuando La Mana difundió en sus plataformas una captura de pantalla que atribuía a Samahara Lobatón una conversación privada. El contenido sugería un distanciamiento con Melissa Klug, situación que colocó nuevamente a madre e hija bajo el foco público. La imagen se propagó con rapidez y fue comentada en distintos espacios digitales, donde se asumió su autenticidad sin verificación previa.
El impacto fue inmediato. En cuestión de horas, la supuesta conversación rebotó en redes sociales y programas de espectáculos, donde se instaló la versión de una nueva fractura familiar. El contexto amplificó el alcance del material y generó reacciones divididas entre seguidores y detractores. Mientras algunos usuarios daban por válida la captura, otros cuestionaban la procedencia del contenido y pedían una aclaración directa.
La escena se desarrolló en medio de transmisiones en vivo y comentarios improvisados, con menciones reiteradas a la existencia de una conversación que, según la versión difundida, evidenciaba un conflicto personal. La ausencia de un respaldo verificable no impidió que la imagen se consolidara como tema central del debate digital durante varios días.
La respuesta legal de Samahara Lobatón

Frente a la difusión del material, Samahara Lobatón optó por una reacción formal. A través de su abogado, envió una carta notarial a La Mana, con la que exigió una retractación pública. De acuerdo con lo señalado por su entorno, el documento otorgaba un plazo de veinticuatro horas para corregir la información difundida.
La influencer negó de manera tajante la existencia de la conversación atribuida y cuestionó la autenticidad de las capturas publicadas. En una declaración directa, afirmó: “Esos screenshots que subió La Mana no existen y yo la reto a ella que muestre que realmente existen esas conversaciones, porque ella ya sabe que tenía veinticuatro horas para retractarse y aun así no lo hizo. Esas conversaciones no existen, ni siquiera existe el usuario con el cual se creó esas conversaciones ficticias de esta mujer”.
La postura de Lobatón endureció el escenario. La falta de una rectificación dentro del plazo señalado llevó a que el conflicto se trasladara del terreno mediático al legal. El mensaje buscó marcar un límite frente a lo que considera una afectación a su imagen pública y a su entorno familiar.
Redes sociales, espectáculo y reputación

El caso volvió a poner en discusión el rol de los creadores de contenido dedicados al comentario de la vida privada de figuras públicas. La difusión de capturas sin respaldo verificable reavivó el debate sobre los límites entre entretenimiento, información y responsabilidad digital. En este escenario, la viralización opera con una velocidad que supera cualquier proceso de contraste.
Para Samahara Lobatón, el episodio significó un nuevo ingreso al ciclo de exposición mediática que rodea su vida personal. La mención directa a Melissa Klug añadió un componente sensible, debido a la atención constante que recibe la relación entre ambas. La supuesta conversación se convirtió en un relato asumido por amplios sectores del público antes de que existiera una respuesta formal.
El envío de la carta notarial marca un punto de inflexión en la forma en que la influencer decide enfrentar este tipo de situaciones. La vía legal aparece como un intento de frenar la circulación de contenidos que, según su versión, carecen de existencia real. El conflicto permanece abierto, con un escenario donde la reputación, la credibilidad y el alcance de las redes sociales vuelven a cruzarse sin tregua.
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