Una nueva guerra por las plazas de prostitución en Lima: no es el Tren de Aragua, sino dos bandas peruanas

Un conflicto entre grupos criminales por la imposición de cobros ilegales y la vigilancia constante ha provocado que sectores claves de la capital peruana sean escenario de balaceras, explosiones y amenazas contra las trabajadoras sexuales

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Un conflicto interno por la imposición de cobros ilegales y la vigilancia constante ha provocado que sectores clave de la capital sean escenario de balaceras, explosiones y amenazas contra las trabajadoras sexuales.

La llamadas zonas rosas de Risso y el jirón Zepita, en el corazón de Lima, se han convertido en escenarios de una disputa violenta y sin precedentes protagonizada por mafias peruanas. Según reportó Buenos Días Perú, en los últimos meses se ha desatado una guerra por el control de las plazas de prostitución, marcada por amenazas de muerte, extorsión y salvajes ataques con armas de fuego en plena vía pública.

La escalada de violencia no tiene vínculos con organizaciones extranjeras, como el Tren de Aragua o alguna de sus violentas células criminales del pasado, sino que enfrenta abiertamente a bandas locales que buscan imponer nuevas reglas y cuotas a las mujeres que ejercen el trabajo sexual en la capital.

De acuerdo con Buenos Días Perú, la lucha actual por el control de las zonas de prostitución ha desplazado a grupos extranjeros y hoy es encabezada por delincuentes peruanos.

El Jirón Zepita y sus
El Jirón Zepita y sus inmediaciones es la 'zona rosa' del Centro Histórico de Lima.

Los enfrentamientos han cobrado fuerza en dos plazas clave: Lince y jirón Zepita, donde la imposición de cobros extorsivos ha generado un clima de miedo y sometimiento entre las trabajadoras sexuales.

En uno de los audios difundidos por el medio, una voz identificada como miembro de “la gente del hampa peruano” advierte: “Va a ser la primera y última vez que estamos hablando. Este es el mundo del hampa peruano. La que no copia, la que no se pone al día, la que no quiere copiar y participar con nosotros se muere”. El mensaje es claro: quienes no acepten pagar los cupos o desafíen la autoridad de la organización enfrentan represalias fatales.

Amenazas y agresiones

El temor se ha instalado entre las trabajadoras sexuales, quienes han recibido mensajes extorsivos y han sido víctimas de ataques armados. El medio relató el caso de una joven que, tras negarse a pagar la cuota exigida, fue atacada a balazos. “No me quiero morir...”, se escucha en un video grabado instantes después de que la víctima recibiera un disparo en el pecho, con el proyectil entrando por el tórax y saliendo por la espalda. La joven fue trasladada de urgencia a un hospital, donde permanece internada.

Dos meretrices de nacionalidad venezolana
Dos meretrices de nacionalidad venezolana esperan clientes en los alrededores de una calle cercana al jirón Risso, en el distrito de Lince.

Las bandas han dejado instrucciones estrictas sobre dónde pueden trabajar las mujeres. “Solo se trabajará en Alfonso Ugarte, en los tres hoteles. No queremos a nadie en el pasaje, en las transversales ni en la parte de atrás, solo en la avenida. Todas tienen que cooperar”, ordena uno de los mensajes obtenidos por el programa. Esta directriz busca evitar la dispersión y consolidar el control de las zonas más rentables.

Violencia en aumento

La confrontación por el control de las plazas ha ocasionado balaceras en espacios públicos y el uso de explosivos. Buenos Días Perú registró un episodio en el cruce de Pardo de Cela con el pasaje San Roberto, en Lince, donde sicarios en motocicleta dispararon contra un vehículo. Al menos ocho impactos de bala quedaron registrados en el automóvil, que presentaba pertenencias femeninas en su interior.

Minutos más tarde, una de las organizaciones detonó una granada de guerra en plena avenida Arequipa. Las imágenes muestran el estallido y el pánico entre los transeúntes, aunque no se reportaron víctimas fatales en este incidente. Según el reporte, “las calles aledañas al jirón Zepita lucen vacías tras el disparo en el pecho que casi mata a una de las mujeres”.

El Jirón Zepita se ha
El Jirón Zepita se ha convertido en los últimos tiempos en una de las llamadas 'zonas rosas' de Lima Metropolitana. (El Comercio)

Vigilancia permanente

Las organizaciones han sofisticado sus métodos de control y vigilancia. Las trabajadoras sexuales permanecen observadas “veinticuatro siete, de pie y en ruedas”, como advierten los extorsionadores. Los mensajes recibidos por las mujeres detallan que solo quienes se alineen y colaboren podrán seguir trabajando, mientras que la desobediencia se castiga con represalias letales.

El miedo a nuevas agresiones ha provocado que muchas calles frecuentadas por trabajadoras sexuales estén desiertas o tengan una presencia reducida. Buenos Días Perú confirmó que, tras los incidentes recientes, varias mujeres permanecen hospitalizadas. Otras han preferido no salir a trabajar para evitar ser blanco de los ataques.

El rol de la Policía

Según lo recogido por Buenos Días Perú, la Policía Nacional está al tanto de la disputa y de la dinámica criminal que afecta a las trabajadoras sexuales. Los testimonios apuntan a que las víctimas deben reunir el dinero suficiente para cumplir con las cuotas extorsivas, lo que las obliga a trabajar en horarios extendidos y bajo constante amenaza.

Un grupo de mujeres venezolanadas
Un grupo de mujeres venezolanadas se encuentran paradas en una esquina cerca al jirón Risso. Aparentemente están a la espera de clientes y siempre tienen la mirada amenazante de los integrantes de ls llamadas mafias del sexo.

En palabras de una reportera del medio: “Las mujeres se encuentran bastante atemorizadas y casualmente, como decíamos al inicio del informe, nos han pasado estos videos de manera que guardemos y mantengamos la reserva de sus identidades”. El temor a represalias impide que muchas de las víctimas denuncien abiertamente a los responsables, mientras las bandas buscan consolidar su hegemonía.

El fenómeno descrito revela un cambio en la dinámica delictiva en las plazas de prostitución de Lima. El control territorial ya no es disputado por organizaciones foráneas, sino por mafias locales que han impuesto un régimen de amenazas, agresiones y cobros extorsivos sobre las trabajadoras sexuales. Los ataques armados, las explosiones y la intimidación sistemática han dejado una huella visible en las calles de la ciudad y en la vida de quienes dependen de este trabajo para sobrevivir.

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