
Lejos de los reflectores que marcaron su vida pública, Monique Pardo volvió a aparecer ante cámaras con una confesión que expone el contraste entre su pasado mediático y su presente.
La artista reveló que ha comenzado a vender muebles, accesorios y recuerdos de su trayectoria desde la puerta de su vivienda, convertidos ahora en antigüedades. La decisión responde a una realidad marcada por problemas de salud y una vida cotidiana sin compañía permanente.
Diagnosticada con insuficiencia cardíaca tricúspidea, la exvedette enfrenta un deterioro físico evidente, aunque mantiene intacta la ironía que la convirtió en personaje central de la farándula peruana durante décadas. Entre memoria, necesidad y dignidad, su testimonio deja al descubierto una etapa silenciosa de resistencia personal.
Una casa convertida en vitrina de recuerdos

Monique Pardo describió su actual rutina como la de una “anticuaria” improvisada. Desde la entrada de su casa, ofrece a la venta muebles, cuadros y objetos acumulados durante años de actividad artística. No se trata de piezas comunes, sino de recuerdos ligados a su paso por escenarios, sets de televisión y espacios donde construyó un personaje reconocido por el público. La propia artista subrayó el valor simbólico de esos bienes, definidos por ella como reliquias cargadas de historias.
Fiel a su estilo provocador, resumió la situación con una frase que mezcla humor y conciencia del tiempo: “La antigüedad más preciada soy yo”. La afirmación, dicha con coquetería, no es solo una broma. Refleja la forma en que asume el paso de los años sin renunciar a la identidad que forjó frente a las cámaras. Aunque el brillo del espectáculo quedó atrás, su discurso conserva la seguridad de quien entiende el valor de su recorrido.
A los 69 años, vive sola y organiza su vida con apoyos puntuales. Contrata a una persona que limpia su vivienda una vez por semana y cubre sus necesidades como puede. Ante ese escenario, también decidió poner a la venta su clásico Volvo rojo, un objeto asociado a su imagen pública durante años. Cada venta representa un desprendimiento material y, al mismo tiempo, una forma de sostener su independencia.
La enfermedad y los días en emergencia

Durante la entrevista con ‘Día D’, Monique Pardo habló con franqueza sobre su estado de salud. Padece insuficiencia cardíaca tricúspidea, diagnóstico recibido en el Instituto Nacional Cardiovascular. Según explicó, esta condición estaría vinculada al accidente que sufrió tiempo atrás en un programa de televisión. Las consecuencias han sido severas: una pérdida de más de 15 kilos y constantes visitas a centros médicos.
“El otro día estuve toda la noche en emergencia en el Rebagliati”, relató al recordar uno de los episodios recientes que evidencian la fragilidad de su situación. En medio de ese panorama, expresó agradecimiento al personal médico que la atiende. “Mil veces ustedes me han devuelto la vida”, afirmó, reconociendo el rol de los galenos que la han asistido en los momentos más críticos.
La enfermedad no solo ha impactado en su cuerpo. Monique admitió que su estado la ha llevado a enfrentar pensamientos oscuros, una confesión que añade una dimensión íntima a su testimonio público. Pese a ello, su discurso no se instala en la queja permanente. Habla de la muerte con serenidad y sostiene que no le teme al final. La vida, asegura, ya le dio suficiente intensidad.
La historia detrás de “Caramelo”

Uno de los pasajes más reveladores de su relato estuvo ligado a su canción más conocida. “Caramelo”, tema asociado durante años a interpretaciones de doble sentido, nació en realidad de un momento de dolor familiar. Monique explicó que la letra fue escrita para su madre, Rosa, quien atravesaba un delicado cuadro de cáncer. La frase “No me quites mi caramelo” era, en ese contexto, una súplica dirigida a Dios para que no se la arrebatara.
Esa revelación resignifica una pieza central de su repertorio y muestra una faceta menos conocida de su proceso creativo. La canción que la acompañó durante décadas como emblema popular tuvo un origen íntimo, marcado por el miedo a la pérdida.
Hoy, la artista reflexiona sobre su propia despedida con la misma franqueza. Dice no temerle a la muerte y expresa un deseo que mantiene su tono provocador intacto: partir “haciendo el amor”, lo que considera un buen final para quien fue conocida como “La diva del Perú”. Entre la ironía, la memoria y la vulnerabilidad, Monique Pardo expone un presente austero que no borra la intensidad de una vida vivida sin concesiones.
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