Desde los muelles de madera en Loreto, en plena Amazonía, la rutina escolar adopta una forma singular. No hay paraderos de buses ni rutas urbanas marcadas por semáforos, sino botes pequepeques amarrados a ganchos artesanales que flotan sobre las aguas del río. Son embarcaciones conducidas por padres y madres que acompañan a sus hijos, todos ciudadanos peruanos, a colegios públicos al otro lado de la frontera. El destino está en Tabatinga, ciudad brasileña ubicada a escasos minutos de navegación.
Cada mañana, grupos de niños se suben a estas embarcaciones con mochilas sobre los hombros y la insignia brasileña cosida en los uniformes. A pesar de haber nacido y vivido siempre en Perú, forman parte de un sistema educativo extranjero. La elección no es simbólica ni coyuntural. Los padres la justifican con una lógica clara: mayor acceso a servicios, más continuidad en los estudios y proyección hacia la universidad. “Para el estudio, porque osea... allá tienen más oportunidades. Allá hay la universidad”, respondió una madre ante la consulta de un reportero local.
El traslado es breve pero constante. Un recorrido de entre cinco y quince minutos separa las casas peruanas de las escuelas brasileñas. Los niños suben y bajan del bote con familiaridad. Viven en Perú, estudian en Brasil y, en ocasiones, también interactúan con el sistema colombiano. La educación se vuelve entonces un puente fluido entre nacionalidades, más allá de las delimitaciones legales o diplomáticas.
La dinámica cotidiana de esta zona se da en un contexto de tensión diplomática entre Perú y Colombia por la soberanía de la isla Santa Rosa. Sin embargo, para las familias locales, las decisiones más urgentes no pasan por los tratados, sino por las oportunidades inmediatas.

Un distrito rodeado por aguas y tratados
Santa Rosa fue creado oficialmente el 3 de julio, aunque su presencia como asentamiento data de mucho antes. En sus calles conviven pescadores, comerciantes, familias de escasos recursos y autoridades locales. La isla está ubicada en un punto estratégico del río Amazonas y constituye la única posesión insular que el Perú mantiene sobre esta vía fluvial, dentro del área conocida como la triple frontera.
Este espacio no solo une a Perú con Brasil y Colombia, también sintetiza una historia delimitada por acuerdos bilaterales. Según la diplomacia peruana, tratados como el Salomón-Lozano y su protocolo adicional definieron los límites actuales sin ambigüedades. Por eso, cualquier cuestionamiento moderno es considerado improcedente desde la perspectiva oficial.
No obstante, la disputa reavivada recientemente por declaraciones del presidente colombiano Gustavo Petro colocó a Santa Rosa en el centro del debate público. Aunque las autoridades peruanas rechazaron tajantemente cualquier intento de revisión, las miradas se dirigieron hacia las dinámicas cotidianas de la isla, donde los límites políticos conviven con la vida fronteriza.
Control militar y convivencia comunitaria
Santa Rosa alberga una población de cerca de 3.500 personas. Allí operan tanto puestos de control militar como oficinas civiles peruanas. La presencia del ejército y de la policía nacional forma parte del esfuerzo estatal por mantener el orden y garantizar la soberanía.
A pesar de estas estructuras formales, la vida diaria transcurre con una lógica distinta. La comunidad se encuentra inmersa en una convivencia continua con vecinos colombianos y brasileños. Las familias comercian en uno u otro lado del río según la temporada. Las lenguas se mezclan. El portugués y el español coexisten en el mercado, en los hogares y también en las escuelas.
Para los niños que cruzan el Amazonas cada mañana, el límite internacional no representa una barrera, sino parte de la ruta hacia las aulas. En palabras del diplomático Vidarte, “Santa Rosa es un punto de convivencia entre pobladores de ambos países y cualquier señal de disputa afecta directamente a las dinámicas cotidianas”. Su opinión coincide con otras voces que resaltan la necesidad de privilegiar el diálogo institucional por encima de cualquier tensión pasajera.
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