
Cuando la marca peruana Big Cola, perteneciente al Grupo AJE, ingresó al mercado mexicano en 2002, revolucionó la industria refresquera con una estrategia agresiva en precios y presentaciones de gran volumen. Esta audaz iniciativa permitió que rápidamente ganara terreno en uno de los mercados con mayor consumo de gaseosas a nivel mundial.
Durante sus primeros años, Big Cola logró capturar una considerable participación, alcanzando hasta un 25% en algunas áreas, con un enfoque inicial en pequeños comercios locales. Sin embargo, el crecimiento vertiginoso experimentado en los primeros tiempos se detuvo abruptamente debido a diversos factores estratégicos y comerciales.
Cambio en la estrategia de distribución y respuesta de las grandes marcas
El giro estratégico hacia supermercados y grandes cadenas comerciales hizo que la marca perdiera el contacto directo con las tiendas de barrio, que representan alrededor del 60% del mercado de refrescos en México. Esta decisión provocó una disminución significativa en su presencia diaria y afectó la fidelización del consumidor tradicional.
La reacción de Coca-Cola y Pepsi, líderes indiscutibles del mercado, intensificó la competencia. Además, conflictos legales con Coca-Cola por presuntas similitudes en diseño y empaque desgastaron recursos valiosos y afectaron la reputación de Big Cola, debilitando aún más su posición.

Caída drástica en participación de mercado
La combinación de estos factores resultó en una fuerte caída de la participación de mercado, descendiendo hasta un 5,6% en ciertas regiones a finales de la década del 2010. Esta situación obligó a la empresa a cerrar varias plantas y reconsiderar su estrategia en México.
Actualmente, aunque Big Cola continúa operando en México, su protagonismo es significativamente menor. La marca ha desplazado su atención hacia mercados emergentes en Asia y África, donde su fórmula de grandes formatos y precios competitivos sigue siendo atractiva, buscando nuevamente replicar el éxito inicial que vivió en territorio mexicano.
Big Cola lleva 37 años en el mercado peruano
La historia de Big Cola comienza en un entorno marcado por la adversidad. A fines de la década de 1970, en Ayacucho, la familia Añaños se enfrentaba a una difícil situación económica, intensificada por la violencia terrorista que limitaba el acceso de suministros. Con la intención de diversificar sus ingresos, comenzaron a producir refrescos caseros, aprovechando materiales básicos como botellas de cerveza recicladas para embotellar su propia bebida carbonatada.
Fue en 1988 cuando lanzaron su primer producto bajo el nombre “Kola Real”. Surgió como una bebida local, creada con herramientas rudimentarias y distribución inicial dentro del vecindario. La idea prosperó y, en pocos años, su consumo se expandió hacia otras regiones del Perú, llegando inclusive a Lima para mediados de los años noventa.

En 1999, la empresa inició su internacionalización al expandirse a Venezuela. Para adaptarse a los mercados foráneos, adoptaron el nombre de “Big Cola”, identidad con la que también ingresaron en México en 2002-2004. A partir de entonces, la marca se consolidó en diversos países de América Latina —Colombia, Ecuador, Panamá, Guatemala, Honduras, Nicaragua— y trascendió hacia Asia, instalándose en mentes de consumidores en India, Indonesia, Tailandia y Egipto.
Esta expansión global vino acompañada de una estrategia de bajo costo, que incluyó automatización en sus plantas, personal mínimo y una logística eficiente que reducía costos en distribución. Dicho modelo les permitió ofrecer precios hasta un 25 % más bajos que la competencia, lo que favoreció su posicionamiento frente a grandes transnacionales como Coca‑Cola y Pepsi.
Este año 2025, Big Cola se encuentra revitalizando su influencia en mercados clave, consolidándose como un competidor destacado dentro del sector de bebidas carbonatadas en Asia. En Tailandia e Indonesia, su alianza con el poderoso club Manchester City permite a la marca escalar posiciones rápidamente, con el objetivo de alcanzar un lugar entre las tres principales opciones en un mercado de alrededor de 62 mil millones de bahts.
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